Ruta del Califato

De Córdoba a Granada.
Gran itinerario Cultural del Consejo de Europa

Esta Ruta es toda una aventura del espíritu: de Córdoba a Granada, dos vuelcos de la historia, dos momentos irrepetibles, dos siglos de oro. Entre ambos polos bascula el fabuloso legado cultural, religioso, político y social que supuso la estancia de los musulmanes en la Península. Córdoba, el apogeo, el brillo cegador que hizo palidecer a las demás ciudades de Occidente. Granada, el refinado manierismo terminal de toda una civilización puesta en jaque.

Y entre medias, los castillos, las ciudades que primero fueron postas o jalones de un intercambio más o menos accidentado, y después campamento y base para asediar Granada. Esta Ruta no es sólo una lección de historia. Es además un disfrute estético,un goce de los sentidos. No sólo de la mirada: también el paladar ilustrado encontrará productos y sabores de antiguos ecos.

Esos mismos ecos perdidos parecen palpitar también en muchas fiestas y tradiciones de estos pueblos. Una Ruta, en definitiva,que nos hará, sin duda, un poco más sabios.

 

Historia

Los territorios de la Ruta del Califato se integraron con rapidez en el naciente estado de al-Andalus tras la llegada de los musulmanes a la Península. Sus poblaciones, herederas de un rico pasado romano y visigodo, crecieron y se ampliaron, doptando una auténtica configuración urbana. Cabra, Luque, Baena, Alcaudete y otras tantas villas aparecen citadas en las fuentes más tempranas. Su presencia es notable ya en el siglo IX, cuando la región se vio sacudida por la agitación que provocó el  rebelde Umar Ibn Hafsun, el caudillo muladí, que estableció un señorío autónomo frente al poder de los emires de Córdoba.

Interior de la Mezquita de CordobaCon la proclamación del Califato por Abd al-Rahman III, Córdoba y su área de influencia vivieron su edad dorada y alcanzaron proyección universal. Al disgregarse el estado andalusí en una multitud de reinos de taifa en el siglo XI, Córdoba y Granada encabezaron sendos principados, mientras otros lugares, como Alcalá la Real, fluctuaban entre la independencia y el vasallaje a alguno de los sultanes más poderosos. La unidad impuesta por los almorávides y almohades entre finales del siglo XI y mediados del XII dio nuevo impulso a las localidades de estas comarcas, que empezaron a jugar un destacado papel militar.

Mezcla cultural. Barrio del Albayzín en GranadaEl avance cristiano después de la batalla de las Navas de Tolosa, las conquistas de Córdoba y Jaén, situaron la frontera entre cristianos y nazaríes en el corazón de esta Ruta, creando una ancha franja jalonada de castillos y en gran parte despoblada donde castellanos y granadinos jugaron sus últimas lides antes de la definitiva caída de Granada.

Esta Ruta, que parece marcada por el trajín de los ejércitos era, sin embargo, un camino conocido y utilizado a lo largo de siglos, descrito a menudo en las obras de geografía y viajes de la época musulmana. Apagado el estruendo de las armas, ya en pleno siglo XVI, el embajador veneciano Andrea Navagiero utiliza de nuevo el mismo itinerario, anunciando su vigencia hasta hoy.

Villas y fortalezas

Vista de la Alhambra de GranadaLa continua presencia de villas amuralladas y castillos situados sobre estratégicas alturas es un rasgo sobresaliente de esta Ruta, que le da un marcado cariz histórico y romántico. La mayoría de estas fortalezas y poblaciones surgieron precisamente durante la existencia de al-Andalus. Su aspecto castrense se acentuó, incluso, a partir del siglo XI, al estabilizarse en esta zona la frontera entre cristianos y nazaríes e intensificarse los conflictos. Se configuró entonces un auténtico rosario de villas-fortaleza. La alcazaba o castillo constituía el principal baluarte defensivo, una ciudadela con la residencia de los gobernantes, alojamientos, mezquitas y servicios. De aquí partían los muros que circundaban la villa, la medina, solar de viviendas, mezquitas, baños y mercados. Extramuros quedaban los arrabales, cementerios y otros espacios públicos.

Paisajes

La Ruta del Califato une dos grandes llanadas, dos depresiones geográficas: la depresión del Guadalquivir y la granadina, a través de los retorcidos eslabones de las sierras Subbéticas abiertas por cuencas y valles fluviales. Al mismo tiempo, ambas depresiones s e hallan cercadas, en la lontananza de Córdoba o Granada, por sendos collares de sierras: Sierra Morena, algo amansada en torno a Córdoba; Sierra Nevada, súbitamente embravecida, respaldando Granada. Un cuadro de contrastes sutiles, armonizados por toda una trama de matices.

Campos cubiertos de Olivos, paisaje típico en la Ruta del Califato

Los estribos de Sierra Morena que arropan a Córdoba son suaves y acogedores, como un jardín asilvestrado. Córdoba fue levantada en el fondo mismo del Valle del Guadalquivir, aprovechando un meandro del río: precisamente en el lugar donde más fácilmente se puede salvar su cauce y cruzar de orilla, siguiendo el camino que, desde Despeñaperros, se venía ciñendo a la margen derecha.

Cruzando el río, se dejan atrás, las vegas asentadas en las terrazas fluviales que envuelven a la capital cordobesa. Y se sube un fuerte repecho, como para contemplar resumida la ciudad antes de perderla de vista. El camino entonces se bifurca: por el norte, enseguida se interna en los aledaños de la sierra; al sur, todavía discurre un buen trecho por terreno ondulado. La resplandeciente superficie de varias lagunas, refugio de aves acuáticas, se distingue entre los cultivos. Junto con algunos manchones del monte mediterráneo original que cubría este área, las lagunas constituyen la más valiosa muestra del paisaje primitivo del sur cordobés. A partir de aquí, la campiña no es ya plana ni monótona, sino un hervidero de colinas entrelazadas que se enriscan, de manera creciente, hasta hacerse montañas.

Tierras preparadas para el cultivo de cerealEl primer ramal de la Ruta sigue, en realidad, la cuenca de un río: el Guadajoz. Espejo, y sobre todo Castro del Río, lo recuerdan. La carretera se ciñe el cauce y no lo deja hasta Baena. Por allí las colinas han ido perdiendo el amarillo vivo de los cereales para someterse al puntillismo ordenado y geométrico de los olivos. Es el paisaje de la campiña alta, con su alternancia de cerros y valles hasta las estribaciones de las Sierras Subbéticas, que obligan a ascender hacia Luque y Zuheros.

Se hallan al borde del macizo calcáreo, declarado parque natural, que se extiende hacia Cabra y Priego, una formación de ásperos relieves rocosos, muy erosionados por la acción del agua, con suelos de relleno en los que prosperan pastos, bosque y matorral. Sus parajes son un reducto apenas alterado de la vegetación y fauna autóctonas: piornos, en las alturas, quejigos, encinas, chaparros, acebuches, majuelos, en el monte, álamos blancos en las riberas; de sus animales, numerosas aves y mamíferos, como el azor y la musaraña.

Campo de olivos y viñedos en las cercanias de MontillaEl ramal meridional de la Ruta del Califato pasa de los vastos campos de trigo y girasol de los alrededores de Córdoba al paisaje, más sinuoso, de los viñedos y olivares que predominan en los términos de Fernán Núñez y Montemayor. Montilla, Aguilar de la Frontera, Lucena y Cabra se suceden hasta que de nuevo surgen los riscos calizos de las Subbéticas. En su interior, en medio de un circo montañoso que sombrea su huerta, se halla Priego.

Rebasado el núcleo de las sierras del sur de Córdoba, el camino prosigue por las tierras meridionales de Jaén, a lo largo de un paso natural entre elevaciones. Alcaudete, Castillo de Locubín y luego, Alcalá la Real, jalonan el trayecto, encaramadas en sus correspondientes cerros. A lo lejos remontan las primeras estribaciones penibéticas. La entrada en Granada se hace por los puertos de Moclín. En un rápido descenso, por Colomera hasta Pinos Puente, se llega a la Vega de Granada, regada por el Genil. Una fértil planicie que se abre ante las últimas estaciones de la ruta: Güevéjar, Cogollos Vega, Alfacar, Víznar. Sus caseríos blancos se esparcen bajo un horizonte de montañas, bosques y pastos, manantiales y regatos, pertenecientes al parque natural de la Sierra de Huétor.

Olivar y al fondo, Sierra NevadaLa complejidad es la nota dominante de su relieve, un laberinto de barrancos, tajos, calares y arroyos, en cuyo gradiente crece una vegetación autóctona muy variada, con encinares, rebollares, sabinares y pinares béticos. Desde sus laderas se contempla, cara a cara, la imponente mole de Sierra Nevada. A poco más de una legua, a la cabeza de la vega aparece Granada, ante las cimas más altas de la Península Ibérica.

 

Clima

 

El área que atraviesa la ruta presenta un clima de tipo mediterráneo seco, es decir, de temperaturas suaves y precipitaciones moderadas, con lluvias en invierno y un prolongado estío. Las temperaturas medias oscilan entre los 10° C en invierno y los 27° C del verano, con hasta 25° de oscilación térmica diaria. Las mínimas apenas descienden bajo 0° C, excepto en las zonas más altas y frías, mientras las máximas pueden tocar los 40°. Las precipitaciones medias anuales suelen situarse entre 400 y 600 mm.

 

Cultivos

 

El olivo, presente en todo el caminoLa faja que se extiende entre Córdoba y las Sierras Subbéticas es una amplia superficie cultivada desde tiempos remotos. La campiña baja está ocupada sobre todo por tierras de sembradura, con cereales y girasol. En la campiña alta predomina el olivar, que llega a constituirse en monocultivo. En la campiña del sur cordobés la viña alcanza también una presencia notable, combinada con el olivar. Las huertas proliferan en valles y vegas. La agricultura extensiva de Córdoba y Jaén contrasta con las explotaciones intensivas de Granada, basadas en el regadío y orientadas a los cultivos comerciales, como frutales, productos hortícolas, tabaco, remolacha, chopos. 

 

Parques y reservas naturales

 

Parque Natural de Sierra NevadaLa ruta atraviesa un territorio plagado de parajes y rincones de gran valor natural y ecológico. En primer lugar, la serie de lagunas dispersas por la campiña del sur de Córdoba, interesante conjunto de reservas protegidas que dan refugio a una multitud de aves acuáticas. En el centro de la ruta destaca el parque natural de las Sierras Subbéticas, más de 30.000 has. con espectaculares formaciones geológicas y una valiosa cubierta vegetal. Otra reserva lacustre, el Salobral, se localiza a las puertas de Jaén, ante las sierras que conducen a la Vega de Granada. En uno de sus costados se encuentra el parque natural de la Sierra de Huétor, de unas 12.000 has., un bloque calcáreo de compleja orografía. Más allá de la meta de la ruta se eleva Sierra Nevada, parque natural cuya riqueza ecológica le llevó a ser declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO.

Altitud de la ruta

En los aproximadamente 180 km. que dista Córdoba de Granada, la ruta pasa de los apenas 100 m. de altitud de la capital cordobesa a la cota de 689 m. en que se sitúa Granada. Su tramo más elevado se encuentra entre Zuheros y Moclín, a lo largo de varias poblaciones que se acercan a los 1.000 m. de altura. La ruta cruza asimismo varios puertos de similar altitud, como el Puerto del Mojón en Cabra, a 980 m. de altitud, y Puerto Lope, en Moclín, a 990 m. En cuanto a las cumbres montañosas que jalonan el itinerario, hay que destacar, de oeste a este los picos Lobatejo, de 1.380 m., Albuchite, de 1.243 m. y el Picacho, 1.217 m., en la sierra de Cabra, y el pico de la Tiñosa de 1.570 m., en sierra Horconera, el punto más elevado del parque natural de las Sierras Subbéticas.

 

Vegetación y fauna

Entre la Sierra Morena cordobesa y la Sierra Nevada granadina, el paisaje natural está caracterizado por la presencia predominante del monte mediterráneo.

En las áreas de cierta altitud y pendiente,con importantes afloramientos rocosos, por lo general calcáreos, la cubierta vegetal primitiva está constituida por especies arbustivas y arbóreas entre las que se cuentan la encina (Quercus ilex), árbol emblemático, y su pariente menor la coscoja, el acebuche, variedad silvestre del olivo, el quejigo, que crece en las áreas más elevadas y húmedas de las Sierras Subbéticas, tojos, majuelos, matagallos y lentiscos, así como jaras,jaguarzos, brezos, palmitos y otras variedades de matorral que incluyen una amplia gama de plantas aromáticas. En las zonas más orientales de la Ruta, hacia la Sierra de Huétor, se aprecia, además, la existencia de una vegetación autóctona muy variada, en la que destacan los encinares de rico material espinoso, los rebollares, los sabinares y los pinares béticos, localizados en en las cotas superiores.

Olivos y encinas al fondoLos márgenes de ríos, arroyos y cursos de agua, formando bosquetes y galerías, están pobladas de chopos, sauces, álamos, tarays y otras especies ribereñas. En las lagunas que salpican el sur cordobés, aparece, a su vez, la vegetación palustre propia de las zonas húmedas: castañuela, que crece en suelos salinos encharcados temporalmente, carrizos, salicores, brezos de mar, tamariscos o atarfes y algunas especies subacuáticas.

Este amplio y rico despliegue de la naturaleza no ha permanecido, sin embargo, ajeno a la intervención humana. Dada la fertilidad del terreno, ha sido roturado y puesto en cultivo en su mayoría a lo largo de la historia, destinándose básicamente a la explotación de la tríada mediterránea: vid, olivo y cereales, cultivos que a menudo se yuxtaponen y alternan en los campos de secano de las provincias de Córdoba, Jaén y Granada. En los predios de valles y vegas en los que abunda el agua, se encuentran las huertas plantadas de frutales y de productos hortícolas y comerciales que perpetúan la tradición andalusí de una práctica agrícola intensiva y esmerada. Queda, por último, hacer mención de la especialísima vegetación doméstica de los patios y jardines de las localidades visitadas por la Ruta. En estos sosegados espacios íntimos, inherentes al modo de vida andaluz, se multiplican las plantas de flor, como el geranio o el clavel, y de hoja, como la aspidistra y el helecho, los arbustos aromáticos como el jazmín, y árboles ornamentales, como la palmera y el ciprés. 

En el tapiz vegetal, natural o humanizado, que envuelve la Ruta habita una fauna adaptada a sus variados ambientes. En las sierras, reducto por lo regular de las manchas de monte mediterráneo mejor conservado, se refugian poblaciones de aves  rapaces como el halcón peregrino, el águila real y el buitre leonado, de mamíferos como la cabra montés, el jabalí y el gato montés, y de reptiles como la culebra de escalera y la víbora hocicuda. A caballo entre el monte y los cultivos se desenvuelve un considerable número de especies: perdices, zorzales, búhos, mochuelos, pájaros como el mirlo, el petirrojo, el mosquitero o el arrendajo, entre las aves; zorros, jinetas, garduñas, entre los mamíferos. En el singular nicho ecológico de las lagunas, en fin, las especies habituales son por completo distintas, con una presencia mayoritaria de avifauna acuática: pato colorado, focha común, ánade real, calamón, garzas, flamencos y el insólito pato malvasía.

Gastronomía

Salmorejo cordobés

El atractivo del entorno paisajístico, del patrimonio monumental e histórico, de las tradiciones de los pueblos que atraviesa la Ruta, se prolonga en un sustancioso panorama gastronómico, en el que, una y otra vez, salta a la vista la herencia de al-Andalus. La tríada mediterránea de cultivos proporciona el telón de fondo de la alimentación tradicional –pan, aceite, vino–; a esta base se añade la producción de la huerta –inmejorables verduras, frutas–, de la cabaña ganadera –carnes, chacinas, leche, quesos– y del monte –caza, frutos, miel, hierbas aromáticas–. Estos productos cimentan una gastronomía variadísima y llena de sabor.

El vino de Montilla-Moriles, fino, amontillado, oloroso o joven, sirve de prólogo y aperitivo y, más tarde, de acompañante de la comida; para los postres, el dulce vino Pedro Ximénez.                    
El aceite virgen extra de Baena y de Priego de Córdoba, y de otras muchas poblaciones a lo largo del camino, es un ngrediente fundamental empleado con profusión en platos y dulces. Puede catarse solo o con uno de los afamados panes salidos de las tahonas que jalonan el viaje.

Fiestas

Los ecos de al-Andalus resuenan en el universo tradicional de las poblaciones de la Ruta del Califato, fundidos con los rasgos de las culturas que le precedieron y le siguieron. Su presencia se manifiesta tanto en sus modos de vida como en sus fiestas, oficios tradicionales y gastronomía.

Típica imagen de feriaEn el ciclo festivo anual de estas tierras, las primeras celebraciones acontecen en enero y febrero, con motivo de la cabalgata de Reyes, San Antón, protector del ganado, o el carnaval. El paso a la primavera lo marca la Semana Santa, una festividad de especial relieve en todo el ámbito de la Ruta. Con el ingrediente común de las procesiones, ofrece variantes de interés como la escenificación de autos pasionales y el singular redoble de tambores de los judíos coliblancos y colinegros de Baena. El mes de mayo está también plagado de celebraciones muy populares y difundidas: la fiesta de la Cruz, celebrada especialmente en Granada y Córdoba, donde junto a las propias cruces, se engalanan con flores y cacharrería popular, patios, calles y plazas; las romerías campestres, como las muy concurridas de la Virgen de Araceli de Lucena o las de la Virgen de la Sierra de Cabra, y el Corpus Christi, de particular importancia en Granada, también celebrado en Carcabuey.

Cabezudos del Corpus de GranadaDespués de otras fiestas de junio y las hogueras de San Juan, que anuncian la entrada del verano, se suceden, hasta septiembre, las ferias, de origen agrícola y ganadero, casi siempre dedicadas al patrón o patrona del lugar. El flamenco, en sus vertientes locales honda y festiva, goza de un protagonismo señalado en recintos y festivales.

Al final del estío tienen lugar las festividades ligadas a la vendimia, que constituyeron uno de los principales festejos de los hispano musulmanes.

Calendario básico

Una síntesis general de la temporada festiva de las ciudades y villas de esta Ruta tiene los siguientes hitos cronológicos, cuya celebracion suele revestir especial significado: Carnaval, Semana Santa, Cruces de Mayo, Romerías y ferias de primavera, Corpus Chisti y Ferias de verano.

Artesanía

AlfareríaUna extensa nómina de artesanos se desgrana a lo largo de las etapas de Ruta, abarcando un rango de oficios que va desde la joyería, la orfebrería y la forja al cuero, la cerámica, los textiles y un sinnúmero de otras labores. Córdoba es tierra de joyeros, un oficio que cuenta aquí con una tradición de siglos, de artesanos del cuero, que trabajan los cordobanes que ya eran famosos en la Edad Media, de alfareros, que se inspiran en las creaciones andalusíes, de otros maestros de diversas especialidades. A lo largo del camino, se presenta un rico repertorio de productos artesanos: trabajos con fibras vegetales de Espejo o Carcabuey; tallas y muebles en madera de olivo de Castro del Río; forja y albardonería de Baena; bordados y miniaturas de Fernán Núñez; tonelería y hojalatería de Montilla; talla de piedra y forja artística de Aguilar; cerámicas, orfebrería y labores en cobre, bronce y latón de Lucena; piedra, cerería y guarnicionería
de Cabra; ebanistería, imaginería, forja y textiles de Priego; bordados y talabartería de Alcalá la Real; labores de esparto de Moclín y herrería de Víznar.

Labor de la mimbreEl destino final, Granada, como el inicio, es también un centro artesano de primera magnitud que ofrece el más completo muestrario, impregnado en formas y motivos, por sus raíces nazaríes. De sus labores, destaca la alfarería y cerámica de Fajalauza, metales, piedra, vidrio, textiles y las piezas de taracea, con maderas e incrustaciones o la realización de instrumentos de cuerda (guitarras, laúdes y bandurrias) que tienen en Granada uno de sus centros más afamados.

Oficios de antaño

La huella de al-Andalus se percibe en muchos de los oficios tradicionales de las localidades que jalonan la Ruta del Califato. En la cerámica, por ejemplo, aún se detectan los ecos de época califal, tanto en los diseños como en el color, heredero en ocasines de los esmaltes del denominado estilo verde manganeso. También las labores de cuero, orfebrería y joyería, forja y metales, fibras vegetales y madera, entre otras, ponen de manifiesto la pervivencia de la ancestral tradición andalusí.

 

 

Recomendaciones para el viaje

La suavidad del clima permite disfrutar el viaje en cualquier época del año. Cada estación, sin embargo, tiene sus peculiaridades. La primavera, quizás la época más recomendable, se anuncia con una explosión de naturaleza. Permite conocer el territorio en todo su esplendor y los pueblos animados por las fiestas. En verano, continúan los festejos, y se puede gozar del apacible retiro estival. El otoño ofrece la singularidad de su colorido y su luz, junto con unas temperaturas templadas. En invierno, el recorrido, que se vuelve más íntimo y acogedor, ofrece la posibilidad de ejercitarse en la estación de esquí más meridional de Europa, Sierra Nevada.

La totalidad del trayecto de la Ruta está señalizado sobre el terreno con un sistema de indicadores que sirven de guía para el desplazamiento por carretera y para las visitas de villas y ciudades. En postes de clara lectura se especifican direcciones, distancias, planos urbanos, lugares y circuitos de interés, Oficinas de Información y otros detalles de utilidad para facilitar la comodidad del viaje. Esta señalización especial, complemento de los indicadores convencionales de carretera, vertebra el área recorrida, resalta los diversos hitos del camino y conecta sus etapas.

Una red de Puntos de Información de la propia Ruta se distribuye a lo largo de las poblaciones que jalonan el camino. Su dirección, teléfono de contacto y otras referencias útiles se detallan en la Guía práctica que puedes descargar registrándote como “Amigo de la Ruta”. En estas oficinas puede obtenerse así mismo información y facilidades acerca de alojamientos, servicios o actividades.

Numerosos alojamientos de todo tipo se encuentran a disposición del viajero en las ciudades y pueblos de la Ruta. Córdoba y Granada concentran el mayor número de plazas, con instalaciones que abarcan todas las categorías. En las localidades esparcidas entre ambas capitales, son numerosos los hoteles, pensiones, albergues, alojamientos rurales y villas turísticas que proporcionan alojamiento tanto en un entorno urbano como en pleno campo. Muchos de estos establecimientos tienen un encanto especial, por su situación de excepcional belleza, por las características de los edificios en que se hallan ubicados o por la calidez excepcional de sus gestores o propietarios, auténticos anfitriones del viajero.

En Tren

En trenPara llegar a Córdoba, capital del Califato desde otros lugares de España o extranjero, probablemente el mejor medio sea el tren con la opción de la alta velocidad desde Madrid o Sevilla.

En Avion

En aviónSi se llega en avión a España, los aeropuertos internacionales de Málaga o Granada serán el punto para tomar bus o coche alquilado a Córdoba. E igualmente con el retorno desde Granada.

En bus

En busA lo largo de la Ruta, el autobús constituye el principal medio de transporte público, enlazando todas las localidades del trayecto con frecuente periodicidad diaria.

En automovil

En automovilEl automóvil es el medio de locomoción que ofrece mayor facilidad y flexibilidad para visitar el conjunto de la Ruta. El trazado de la misma se apoya sobre los ejes de sendas carreteras nacionales, renovadas y en magnífico estado. Una malla de carreteras de diversa categoría completa la red de  comunicaciones locales. En ellas abundan los tramos de notable interés paisajístico.


Toda la información a tu disposición

Rutas por andalucia Datos, contactos, y toda la información relativa a transportes puede obtenerse en los Puntos de Información y en las estaciones de ferrocarril y autobús reseñadas en las poblaciones del itinerario.

 

Establecimientos colaboradores en la Ruta del Califato

Villa Turística de Priego
Priego de Córdoba
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AC Córdoba Palacio
Córdoba
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Hotel Lola
Córdoba
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Hotel Torrepalma
Alcalá la Real
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Hotel Huerta de las Palomas
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Aceites Vizcántar
Priego de Córdoba
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Hospedería El Churrasco
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Restaurante Taberna Casa Pepe de la Judería
Córdoba
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