El Barrio de las Cruces de Alcalá la Real

img_01Situada en la frontera entre las provincias de Jaén, Córdoba y Granada, la ciudad de Alcalá la Real se encuentra en un punto intermedio de la Ruta del Califato, a algo más de 100 kilómetros de la capital cordobesa y a 50 kilómetros de la ciudad de la Alhambra.

Aunque existen vestigios de asentamientos neolíticos en la zona, la población cobró mayor importancia con la ubicación definitiva sobre el cerro de la Mota, en la época visigoda. Tras la invasión árabe de la península en el siglo VIII, se levantó la ciudadela amurallada en la que irá prosperando la villa medieval, primero islámica y a mediados del s. XIV pasando a manos de Castilla.

Tras la conquista de Granada a finales del siglo XV, la condición amurallada de la ciudad perdió la importancia que había tenido hasta ese momento y permitió el desarrollo urbano extramuros, descendiendo las construcciones hacia el valle y la ladera de enfrente, en dirección sureste.

El barrio de las Cruces, situado en la vertiente inmediatamente enfrentada al cerro de la Mota tiene su origen en el vía crucis que discurría por la ladera conectando catorce estaciones señaladas con cruces de piedra. Como la topografía no facilitaba trazados rectilíneos, el camino se realizó buscando reducir el esfuerzo para llegar a cada una de ellas, apareciendo por ello tramos cortos y con numerosos cambios de dirección para salvar así los importantes desniveles que presenta esta pendiente de la meseta.

Durante los años 40, en torno a estas veredas, los habitantes más cercanos de la zona comenzaron a apropiarse de pequeñas parcelas de terreno en las que comenzaron a cultivar huertos para el consumo familiar. Del cierre de estas parcelas con muros de mampostería y la construcción de pequeños cobertizos para guardar aperos de labranza surgieron las primeras edificaciones que irían configurando la imagen de barriada residencial.

En los años 60, ante la consecuente demanda de servicios urbanos por la cantidad de viviendas que se habían levantado en la zona, el Ayuntamiento comenzó a urbanizar las todavía veredas y las dotó de pavimentación, alumbrado, saneamiento y abastecimiento de agua. Estas intervenciones se realizaron con presupuestos de pequeña cuantía, lo que no permitió el uso de materiales de gran coste, sino el uso de soluciones muy básicas como el aglomerado en el suelo o una farola sencilla. Todo esto, unido a las cercas de piedra, los muros encalados o las cubiertas de teja árabe cerámica, le confirió al conjunto una imagen de pueblo mediterráneo clásico, sin grandes aspiraciones estéticas, con formas y materiales propios de los vecinos humildes que allí habitaban.

Tanto la presencia permanente de la topografía, como la irregularidad en la red de callejuelas, con numerosas cuestas, estrechuras, o callejones en algún caso sin salida, le otorgan un carácter orgánico al espacio urbano a la manera de los barrios islámicos. La escala doméstica es la predominante, no existen construcciones en altura, son calles donde el vehículo cede su espacio al peatón y todas las edificaciones son viviendas unifamiliares.

Desde el punto de vista paisajístico, el Barrio de las Cruces tiene una posición territorial muy atractiva: situado en la ladera noreste de Alcalá la Real, con una altura casi análoga al cerro de la Mota, tiene una amplia perspectiva visual de casi 180 grados, hacia el Norte y Suroeste, permitiendo divisar desde las sierras de Castillo de Locubín, pasando por el extremo Sur de las sierras cordobesas y llegando a la Parapanda y Sierra Nevada, en la provincia de Granada; y, por descontado, la vista más conocida de la Fortaleza de la Mota. Esta posición enfrentada al castillo medieval, evoca inmediatamente la configuración del barrio granadino del Albaicín frente a la Alhambra, aunque lógicamente a una escala menor.

El pasado junio en el barrio se organizaron las II Jornadas Andalusíes fruto de la colaboración entre el Ayuntamiento y El legado andalusí  © Pepe HidalgoDesde el año 2007, el programa Iniciativa Urbana, promovido y financiado por el Ayuntamiento de Alcalá la Real y los fondos FEDER, viene realizando intervenciones de distinto ámbito para fomentar el desarrollo socioeconómico de determinados puntos degradados de la ciudad, entre ellos el barrio de las Cruces. Por ello, a principios de 2009 comenzamos el estudio de este sector con la intención de realizar unas obras de rehabilitación urbana que fueran el germen de un proceso de recuperación general de la barriada.

De este análisis tomamos como referencia aquellos elementos que nos parecieron más propios del barrio con la intención de recuperarlos en el diseño de los nuevos espacios públicos que íbamos a crear: el muro encalado, la cerca de mampostería, la pavimentación de adoquín de hormigón, los afloramientos rocosos o las cruces antiguas que aún quedaban diseminadas en algunos rincones.

Como primera intervención, dimos continuidad a la pavimentación que en los años 90 se había realizado dentro de programas de inserción y que había quedado sin finalizar en algunas calles; pero además contábamos con solares adyacentes a estas calles donde habíamos demolido edificaciones ruinosas o abandonadas. Estos vacíos nos daban la oportunidad de ampliar el espacio urbano con rincones nuevos donde plantar un jardín, hacer una pequeña plaza con vistas o simplemente un descanso en el ascenso hasta la parte más alta del barrio. Con esta serie de posibilidades, ocupamos estos lugares con muros de mampostería, jardineras elevadas, levantando tapias encaladas con los vecinos o poniendo una cruz donde antiguamente existió otra.

Y para conectar los distintos puntos donde habíamos actuado, introdujimos un camino zigzagueante que pasara por todos ellos y cruzara las calles existentes, subiendo desde la Corredera hacia el futuro parque periurbano. Un camino realizado con un material intermedio entre la pieza de hormigón ordenada y la grava lavada de las veredas: la calzada portuguesa. Un empedrado de adoquín de granito de pequeñas dimensiones que aporta resistencia, durabilidad, sujeción en la pendiente y además se integra perfectamente con el entorno.

Para complementar estas obras, dispusimos algunos elementos de mobiliario urbano. No se buscó el orden o la repetición, más bien la matización de los rincones, de los miradores, con una farola, un banco mirando al paisaje, una fuente, una cruz de piedra o una baranda donde la pendiente fuera más dura.

Y como elemento final, usamos la vegetación para dar frescura, sombra, color y aroma, recordando los huertos de los primeros vecinos del barrio de las Cruces. Como especies arbóreas, hemos plantado cipreses, por su imagen estilizada, hoja perenne, referencia a las casas jardín de Granada, donde son el símbolo del hogar; naranjos, como recuerdo de los antiguos huertos y por su floración perfumada de primavera; abies, una especie más propia de montaña que nos va a anunciar la cercanía del parque que ubicaremos en la parte superior; y el ginkgo, un árbol procedente de China que como elemento singular situado en uno solo de los parterres, aportará una nota de color diferenciada del resto de especies y quedará como un guiño vegetal que recuerde nuestra intervención. También hemos puesto arbustos en las jardineras en forma de lavandas, salvias, durillos, enredaderas sobre los muros de piedra y setos de caña para cerrar algunas vistas a los espacios privados.

Al trabajar cada día en este barrio, hemos encontrado personas que nos agradecían y felicitaban por pavimentar su calle, por ponerles una farola o una baranda en la cuesta. Y animados por estas obras, han encalado su fachada, han repintado las rejas y han colocado en su ventana los geranios que les hemos regalado y otras flores que guardaban en el patio trasero. Y así, con su pequeña aportación y la nuestra, se va embelleciendo cada día el espacio urbano del barrio.

img_02Una vez finalizada esta rehabilitación a principios de junio, la Fundación el Legado Andalusí, en colaboración con el Ayuntamiento de la ciudad, celebró las jornadas Aires de Al-Andalus en el barrio de las Cruces como acto inaugural. Un acontecimiento cultural que durante tres días alteró la vida de los vecinos con la música, el colorido, los personajes y los antiguos oficios heredados de la tradición andalusí de nuestra tierra, en un barrio con un renovado carácter mediterráneo.

 

Juan Emilio Murcia. Arquitecto
Programa Iniciativa Urbana Ayuntamiento Alcalá la Real

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