Fernán Núñez

El segundo ramal de la Ruta del Califato discurre más al sur, paralelo al eje principal. Sale de Córdoba por la autovía N-IV, trepando por la cuesta del Espino hasta el cruce con la carretera N-331. Desde aquí, en dirección Málaga, se encuentra en primer lugar con Fernán Núñez, cuyo caserío se esparce a un lado del camino. El paisaje alrededor, el propio de la campiña baja cordobesa: formas abstractas, lomas onduladas e infinitas que sostienen un mar de trigo y cereales, con algunos manchones de olivar.

Palacio DucalEl pueblo se acomoda en una suave colina con la ancha panorámica de la campiña ante sí. Aunque los hallazgos prehistóricos y los restos de villas romanas abundan en el territorio circundante, los orígenes de Fernán Núñez arrancan de tiempos medievales. En época musulmana, esta zona formaba parte del distrito de Uliyat Qanbaniya, es decir, de la Campiña de Ulía, la vieja ciudad romana ubicada en los contornos. Hacia 1240, sus tierras y las torres y alquerías que las poblaban serían conquistadas por Fernando III y repartidas entre los cristianos, recibiendo el magnate Fernán Núñez posesiones en torno a una torre que en adelante llevaría su nombre. Durante más de un siglo rigió aquí la vida de frontera, sujeta a las incursiones y escaramuzas de los nazaríes. A fines del siglo XIV, al despoblarse la vecina Aben Calez, al norte, que tenía torre, iglesia y poblado, sus habitantes se acogieron al refugio más seguro de Fernán Núñez, que a partir de entonces empezó su andadura como centro urbano.

La expansión de la villa vino de la mano de los señores del lugar, los Gutiérrez de los Ríos, condes y, desde 1815, duques de Fernán Núñez, una saga de activos militares, diplomáticos e ilustrados que a menudo residieron en la localidad, fomentando notablemente su desarrollo. Su fisonomía tomó cuerpo, básicamente, en el siglo XVIII, cuando se trazaron largas calles de casas encaladas partiendo del altozano de la Plaza de Armas, solar de la primitiva torre de Fernán Núñez. Aquí, las fachadas coloristas del Palacio Ducal y de los edificios que encuadran la plaza componen el conjunto más emblemático del pueblo, una nota de refinamiento y originalidad puesta en 1783 por el conde don Carlos Gutiérrez de los Ríos que realizó su construcción inspirándose en modelos de Lisboa, donde era embajador.

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Palacio Ducal

Detalle del Palacio DucalEl monumento por antonomasia de Fernán Núñez es uno de los edificios más singulares de la arquitectura civil cordobesa. Al haberse arruinado por completo la vieja torre y castillo medieval, debido al pavoroso terremoto de 1755, don Carlos Gutiérrez de los Ríos levantó en su lugar, a partir de 1783, el palacio y edificios anejos que definen el magnífico recinto urbano de la Plaza de Armas de Fernán Núñez. El mismo conde dio las líneas maestras del proyecto, tomando como modelo los palacios de Lisboa donde desempeñaba el cargo de embajador, de ahí su original fisonomía de aire clasicista, con un cromatismo poco corriente que evoca las construcciones de la Ciudad Blanca. La amplia fachada está flanqueada por dos torres, pudiéndose apreciar en una de ellas materiales de la obra medieval y una inesperada línea de cañones embutida en el muro que conmemora la derrota del almirante inglés Blake por uno de los señores de la villa en el siglo XVII. En el interior, hay que señalar el patio de columnas, la soberbia escalera y la capilla. En la parte posterior del palacio se abren las terrazas escalonadas de los jardines, un excelente y agradable mirador para contemplar la campiña circundante.

Iglesia de Santa Marina

La parroquia de Santa Marina de Aguas Santas, al borde de la calle Feria, está dedicada a la patrona, la virgen de raigambre gallega que, según la leyenda, se apareció en 1382 a una pastora para avisarle de una incursión de los musulmanes por estas tierras. Como prueba de su intercesión, hizo brotar un manantial de la piedra en que se posó. El templo, una espléndida obra barroca diseñada por el maestro Tomás de Pedrajas, se edificó entre 1725 y 1740 en el solar de la antigua iglesia medieval, fundada a fines del siglo XIV, que amenazaba ruina. En su interior cuajado de yeserías y murales, se señalan varios retablos con meritorias pinturas del setecientos y una vitrina en la que se exhibe una valiosa colección de orfebrería litúrgica.

Paseos y alrededores 

La plaza de Armas presidida por el palacio, el paseo de Santa Marina, los callejones que rodean la iglesia parroquial, las calles Feria y Ángel Espejo, jalonada de casas encaladas con rejas, zaguán y patio, deparan un atractivo recorrido por el casco urbano.

A los pies del palacio se extienden los hermosos jardines del Llano de las Fuentes, amenizados por tres surtidores entre los que sobresale, por su antigüedad, el de los Caños Dorados. En el parque se observa un curioso monumento dedicado a Moro, el perro de los entierros, el animal que, al parecer y de manera inexplicable, barruntaba el fallecimiento de los vecinos, convirtiéndose en una respetada, y temida, figura del imaginario popular.

En sendos cerros al norte de la población, a los lados de la carretera de la estación de ferrocarril, quedan, para los forofos del pasado, los maltratados vestigios de las torres de Aben Calez y de la Atalaya, testimonio, con la propia torre de Fernán Núñez, del poblamiento de estas tierras en época andalusí.

Distancias: 31 km a Córdoba, 169 a Granada
Provincia: Cordoba
Altitud: 323 metros
Población: 9.502 habitantes

Punto de Información:

  • Centro de Participación Ciudadana: Miguel Hernández, 9, Tel. 957 382 124

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