Jerez de la Frontera

Largas hileras de viñedos sobre colinas claras dibujan el paisaje circundante de esta gran población con porte de capital, Jerez, famosa por sus vinos, el caballo y el flamenco, que hoy destaca como importante centro moderno.

Vista aérea con la Catedral.Los antecedentes lejanos de Jerez se reparten entre diversos asentamientos protohistóricos y romanos que salpicaban el territorio en un radio inmediato a su emplazamiento actual. Junto a la legendaria Xera o Ceret, de identificación imprecisa, se señalaba en particular el núcleo de Mesas de Asta, a una docena de kilómetros de Jerez, vetusta población donde se ha descubierto una completa secuencia de hallazgos, sobresaliendo sobre todo los de época romana. Perteneciente a la cora de Siduna o Sidonia, cuya capital osciló entre Medina Sidonia y otros puntos como Calsena hasta el siglo XI, la población musulmana de Sharish, o Xaris, apenas es citada hasta entonces, cuando se menciona entre los dominios del reino de taifas de los bereberes Banu Jizrun, señores de Arcos y, probablemente, de Cádiz. Al igual que otros principados de la zona, su territorio acabaría incorporado al reino de los abbadíes de Sevilla y, desde el año 1091, al imperio de los almorávides.

Altar de la mezquita.Según los testimonios de la época y los indicios arqueológicos, Sharish no alcanzó verdadera significación urbana sobre el solar que ocupa en el presente hasta el periodo de los imperios norteafricanos, hacia el siglo XII, hasta el punto de considerarse ciudad «construida en tiempos del Islam», con las características de una nueva fundación frente a otras ciudades que se desarrollaron a partir de las ya existentes. Así, al sobrevenir la crisis de los almorávides y la fragmentación de al-Andalus en los efímeros principados de las «segundas taifas», Jerez se convirtió en baluarte de un personaje, Ibn Azzun, que llegó a controlar la campiña y la sierra de Ronda en 1145, aunque tan sólo un año más tarde prestaría obediencia a los almohades.  Fue, por cierto, el mandato de esta dinastía el que daría el impulso decisivo a Sharish, al dotarla de un alcázar y alcazaba para los gobernadores y la guarnición y de un perímetro amurallado que encerraba una superficie de 50 hectáreas y una población de 16.000 habitantes, circunstancias que la situaban entre las primeras ciudades de al-Andalus.

Muy similar en su aspecto a otras grandes urbes andalusíes como Sevilla o Badajoz, en los siglos XII y XIII Sharish desempeñó la función de centro de poder de las tierras del Guadalete, semillero de guerreros y hombres de letras. En 1248, sin embargo, la conquista de Sevilla por Fernando III la puso a merced de los cristianos. Su reyezuelo Aben Abit rindió vasallaje a los castellanos, pero la rebelión de los mudéjares en 1264, que tuvo uno de sus principales apoyos en Jerez, precipitó la conquista definitiva de la ciudad por Alfonso X y la expulsión de sus pobladores musulmanes. Después de cinco meses de asedio, el 9 de octube, día de San Dionisio, las tropas cristianas entraban en la población.

Baños árabes.Desde ese momento hasta la caída del reino nazarí de Granada en 1492, Jerez fue la más importante guarnición avanzada cristiana de la frontera occidental, base de operaciones en la que se concentraban ejércitos y se preparaban expediciones. Hasta que la batalla del Salado (1340) decidió la lucha por el Estrecho en favor de los castellanos, sufrió numerosos embates por parte de los nazaríes y de sus aliados los meriníes de Fez, que de cuando en cuando hacían pasar a la Península grandes ejércitos y devastaban a su antojo las campiñas jerezanas. Luego quedó ya más a cubierto, defendida por plazas de primera línea como Olvera, Arcos, Alcalá de los Gazules y Algeciras. El final de la reconquista permitió la notable expansión demográfica y económica de esta ciudad con uno de los términos más extensos de Andalucía, rico sobre todo en cereales, viña y ganadería. A partir del siglo XVIII, la producción y exportación de vinos conocieron un extraordinario crecimiento, hasta convertirse en la principal fuente de su prosperidad.

Visitas

Alcázar, murallas

Mezquita y patio de armas.Sobre probables fortificaciones almorávides, los almohades trazaron en la segunda mitad del siglo XII un amplio recinto con murallas, antemuro y torres hechos de tapial del que se conservan algunos tramos, como el que se observa hacia la calle Porvera. En el vértice meridional del perímetro se construyó la ciudadela o alcazaba, en la que se situaba el alcázar propiamente dicho o residencia del gobernador, con nueve torreones cuadrados y una llamativa torre octogonal. De este sector, circundado por la Alameda Vieja en la actualidad, permanecen apreciables fragmentos de época andalusí. El acceso desde el exterior del recinto se abre en un bastión rectangular que defiende el pasaje de ingreso en doble recodo, fórmula típica de la arquitectura militar almohade. En sus inmediaciones se hallan los restos de unos baños, con las tres estancias clásicas de este tipo de construcciones, con arcos de herradura y bóvedas. Sobresale asimismo la mezquita del alcázar, consagrada al culto católico por Alfonso X tras la conquista bajo el nombre de Santa María la Real. Es una fina obra de ladrillo, con oratorio de planta cuadrada con bóveda de ocho paños, mihrab con arco de herradura, un pequeño patio de abluciones y alminar. En la torre del palacio barroco de Villavicencio, levantado en el solar del alcázar, se han instalado una exposición temática sobre Jerez y una «cámara oscura» que ofrece una espectacular visión panorámica de la ciudad en vivo y de sus monumentos.

Catedral

Catedral y antigua Colegiata de Jerez.En las cercanías del Alcázar se alza la iglesia mayor y antigua Colegiata de Jerez. La monumental edificación se erigió entre fines del siglo XVII y del XVIII sobre la mezquita aljama, que había sido adaptada al culto cristiano. Presenta una estructura gótica, tratada con elementos clásicos de corte barroco. Su planta es de salón dividida en cinco naves, con una airosa cúpula de 40 metros de altura. Como vestigio del templo medieval se distingue la torre, separada del cuerpo de la iglesia, con la parte inferior del fuste de traza mudéjar. En su interior guarda valiosas obras de arte, como la pintura de la Virgen Niña de Francisco de Zurbarán que se exhibe en el Museo o sala del tesoro.

Iglesia de San Dionisio, Cabildo Viejo

Interior de la iglesia de San Dionisio.El foco neurálgico de la vieja ciudad amurallada gravitaba en torno a las plazas de la Asunción y de Plateros, en cuya intersección se encuentra San Dionisio, una de las seis parroquias que se establecieron poco después de la conquista cristiana, con toda probabilidad sobre una mezquita. Su obra inicial es del siglo XIII, representativa del gótico alfonsí, según denota su fachada principal con óculos y recia portada abocinada.
En el XV fue objeto de una profunda reforma que le imprimió un carácter predominantemente mudéjar.  También mudéjar es la torre adyacente de la Atalaya, de principios del siglo XV. Fachada Cabildo Viejo.

 

La plaza de la Asunción está además flanqueada por el antiguo Cabildo, labrado en 1575, con una hermosa fachada recubierta de relieves y una esbelta galería porticada sobre columnas.

 

Museo Arqueológico

En pleno casco antiguo, en la plaza del Mercado, se localiza este museo dedicado a la historia de la comarca. Sobresalen los ídolos cilíndricos de la Edad del Cobre, un elegante casco griego del siglo VII a. C. y hallazgos del período andalusí.

Iglesia de San Miguel

Torre de la iglesia de San Miguel.Espléndido templo por la importancia de su obra y del patrimonio artístico que alberga. El edificio, surgido como parroquia al servicio de un arrabal extramuros, es fruto de un largo proceso constructivo acometido entre los siglos XV y XVIII en el que se armonizaron elementos góticos, renacentistas y barrocos. Captan la atención las portadas góticas, la fastuosa torre fachada cuajada de motivos ornamentales, el espacioso interior y el magnífico retablo mayor, en el que se reconoce la mano del magistral escultor Martínez Montañés.

Paseos y alrededores

Espadaña de la iglesia de San Marcos.La sólida categoría urbana de Jerez brinda incontables referencias para la visita y el paseo. Su corazón histórico palpita hacia la Alameda Vieja, en torno al Alcázar y la Catedral, y por calles y plazuelas que discurren hacia las populares plazas de la Asunción y de Plateros y a lo largo del antiguo recinto amurallado, al paso de las primitivas parroquias góticas de San Dionisio, San Marcos, San Juan de los Caballeros, San Lucas y San Mateo, ya en la plaza del Mercado, junto con un nutrido repertorio de conventos y palacios de gran empaque, como el del marqués de Bertemati, que despliega una impresionante fachada en la plaza del Arroyo.


Escudo del palacio de Casa Domecq.El núcleo principal de la actividad cotidiana discurre por la plaza del Arenal y las calles Lancería y Larga, un hervidero de animación que lleva hacia el ensanche de la Alameda de Cristina y la plaza del Mamelón, adornadas por otras piezas monumentales como Santo Domingo o el palacio de Casa Domecq. En las cercanías se halla también la iglesia de San Miguel y, hacia el norte, por la calle Ancha, la de Santiago, que da nombre a uno de los barrios populares y gitanos donde se asienta el flamenco más puro. Los atractivos de Jerez se prolongan en el Zoo, que garantiza el entretenimiento de los visitantes de todas las edades, así como en su fascinante Museo de Relojes y en la Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, cuyo espectáculo pone de manifiesto la vibrante belleza del caballo andaluz. Otro capítulo digno de especial atención de la capital jerezana son sus imponentes bodegas, visitables en muchos casos, como las de Domecq, González Byass o Williams & Humbert. En las afueras, además, se cuentan otros puntos de interés, como el Circuito Permanente de Velocidad y el monasterio de la Cartuja de la Defensión, un majestuoso conjunto monumental fundado a fines del siglo XV con elementos del mejor arte gótico, renacentista y barroco de Andalucía.

Vinos y caballos de Jerez

Caballo andaluz.El nombre de la ciudad es sinónimo del más universal de los vinos andaluces,apreciado desde hace siglos más allá de las fronteras españolas.
Así mismo, su mención también evoca de inmediato la presencia del caballo español o de pura raza andaluza, el animal de noble estampa que tan importante papel desempeñó en la cultura andalusí.

 

Jerez, Xérès, Sherry

Desde época romana consta ya la fama de los vinos «ceretenses», elogiados por el poeta Marcial. Durante el período andalusí los viñedos de la zona mantuvieron su importancia, acrecentándose de manera notable la producción vinícola desde comienzos de la Edad Moderna, cuando la mención del «sheris» –o «sherry»– en la obra de Shakespeare atestigua la difusión y estima de que disfrutaban los caldos jerezanos.
Desde entonces, la producción del jerez ha seguido una línea ascendente,impulsada sobre todo a partir del siglo XVIII con la expansión del viñedo y la construcción de grandes bodegas, auténticas «catedrales del vino».

Vinos de crianza

La personalidad distintiva de estos vinos se debe a su particular proceso de elaboración, la «crianza» o proceso de mezcla y envejecimiento de los mostos obtenidos de la uva. En las hileras de botas superpuestas, de madera de roble americano, los mostos se clasifican, se les deja evolucionar mediante la aparición de una capa de levaduras,o «flor», y se mezclan con vinos de diversas edades hasta conseguir vinos con características constantes a lo largo de los años. En cuanto a los tipos de vinos, se distinguen:

Fino. Ligero, seco, de color oro pajizo, pálido, de aroma punzante y delicado, con una graduación entre 15,5 y 17º.
Manzanilla. Vino fino muy pálido y ligero, seco, entre 15,5 y 17º, resultado de la especial crianza que se da en su específica zona de producción, Sanlúcar de Barrameda.
Amontillado. De color ámbar, de aroma punzante, suave y lleno al paladar, seco y con graduación entre 16 y 18º.
Oloroso. De color oro oscuro, muy aromático y con mucho cuerpo, seco o ligeramente abocado, entre 18 y 20º.
Palo cortado. Tipo intermedio entre los anteriores, con aroma de amontillado y paladar, color y graduación de oloroso.
Cream. Resultado de mezclar olorosos y dulces para envejecer juntos. Suave, dulce y con cuerpo de oloroso.
Pedro Ximénez y Moscatel. Vinos muy dulces elaborados con las variedades de uva de dichos nombres, de color cereza que oscurece con el tiempo y baja graduación alcohólica.

El Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla Sanlúcar de Barrameda es un marchamo que garantiza la
calidad de una zona de producción de uva que comprende los términos municipales de Jerez, Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Rota,Trebujena, Chiclana, Puerto Real y Lebrija. Por su parte,las bodegas de crianza de los vinos recogidos bajo estas denominaciones han de estar necesariamente en Jerez, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda.

Caballos de pura raza

El término caballo «andaluz» es equivalente a la denominación oficial de caballo «español», por tratarse de la raza más genuina y representativa de España. Su notable antigüedad se ha cifrado en más de 2.500 años, a raíz de la consolidación del caballo ibérico y el aporte, sobre todo, del caballo berberisco, muy cercano al andaluz geógrafica y genéticamente.
Dócil, de un temperamento excelente que lo hace idóneo para el paseo y las más variadas faenas del campo, noble y hermoso, es de tipo equilibrado y armónico, de aires brillantes, enérgicos y cadenciosos, con cabeza de longitud media, cuello ligeramente arqueado, crin fuerte y abundante, tronco robusto, lomo corto y cola poblada, de capas dominantes torda y castaña.
Desde hace siglos Jerez ha destacado con especial protagonismo en la historia del caballo español. En su término criaron los frailes del monasterio de la Cartuja la más depurada estirpe, el caballo «cartujano», tarea que prosiguen en la actualidad prestigiosas ganaderías como la de la Yeguada de la Cartuja. A su vez, la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre ofrece un soberbio espectáculo en el que se aprecia en toda su belleza el animal que la ciudad ostenta como símbolo y emblema.

Al-Andalus y el caballo

La cría y selección del caballo autóctono fue practicada con gran esmero y acierto por los musulmanes hispanos. Se atenían a la pauta habitual en el mundo islámico, donde el caballo gozaba de una consideración privilegiada, avalada por la tradición religiosa.
Innumerables son los elogios del caballo de trasfondo coránico, como el que afirma: «el mejor ser humano es un hombre empuñando la brida de su caballo…». La importancia del animal quedaba reforzada además por su papel bélico, al constituir un elemento insustituible de los ejércitos medievales, tanto andalusíes como magrebíes o cristianos.

Distancias: 101 km a Algeciras, 295 km a Granada
Altitud: 56 metros
Provincia: Cádiz
Población: 192.648 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo: Larga, s/n, Tel. 956 341 711-956 338 874

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