Algodonales

La ruta cambia ahora de vertiente en el valle alto del Guadalete, cruza el cauce fluvial por el embalse de Zahara y toma las carreteras CA-5312 y CA-339 para alcanzar las fragosidades de su margen derecha donde se encuentra Algodonales, recostada a los pies de la sierra de Líjar. Enfrente de la villa se contempla un cuadro paisajístico de la mejor factura: la espléndida visión de conjunto de la sierra de Grazalema, con el destello blanco de Zahara en primer término y el trasfondo azulado de la descomunal mole montañosa que remata el pico del Pinar.

Vista general del municipio.Entre tantas poblaciones circundantes preñadas de antigüedades milenarias, el nacimiento de Algodonales puede calificarse de relativamente moderno, aunque no se trate de un suceso, ni mucho menos, de anteayer, ya que son casi cinco siglos los que ya acumula su historia. El germen de la villa se remonta a una de las alquerías musulmanas que salpicaban el territorio dependiente de Zahara, en una zona en la que no faltaron asentamientos humanos desde tiempos remotos, según se ha podido detectar en los abrigos naturales de Cueva Santa, Chamusquina y Castillejo, donde se han descubierto útiles de cronología neolítica, o en el cerro de la Botinera, con restos de un poblado fortificado ibérico habitado hasta época romana.

Algodonales comenzó a tomar cuerpo como núcleo urbano tras la conquista cristiana, a raíz de los repartos de tierra entre colonos efectuados desde 1520 por los señores de estos términos, los duques de Arcos. Hacia 1566 el lugar obtiene ya el rango de aldea, con autorización de la Iglesia para construir un templo bajo la advocación de Santa Ana. La incipiente localidad  recibió la denominación del paraje donde se emplazó, llamado Los Algodonales por la probable existencia de campos de este cultivo que requería un caudaloso suministro de agua, condición que satisface, con creces, este enclave. Conviene aquí indicar que el algodón –de árabe al-qutun– fue una de las plantas orientales introducidas en Occidente por los musulmanes en el curso de la prolija y valiosa aportación de especies agrícolas que éstos realizaron durante la Edad Media, y que incluye, entre otras dignas de mención, el naranjo o la caña de azúcar.

La trayectoria de Algodonales en la Edad Moderna fue de un crecimiento ascendente, como prueba la magna iglesia parroquial que se construyó a fines del siglo XVIII. El título de villa, en definitiva, le fue otorgado a comienzos del XIX, en reconocimiento a la valerosa resistencia que opuso su población a la invasión de tropas francesas en los primeros días de mayo de 1810.

Visitas

Iglesia de Santa Ana

Iglesia de Santa Ana.El monumental templo de Algodonales se distingue como una de las obras más destacadas y vistosas del Barroco de la provincia de Cádiz. Levantado sobre la anterior iglesia parroquial, su edificación se inició en 1773 y fue inaugurado en 1784. Básicamente, la planta y alzados exteriores fueron proyectados por el arquitecto José Álvarez, mientras que las portadas y torre fueron delineadas por Antonio Matías de Figueroa, uno de los más activos artífices del Barroco tardío andaluz. La ejecución de las obras corrió a cargo del alarife José Durán. En 1790, no obstante, el cuerpo de campanas de la torre amenazaba ya ruina, por lo que tuvo que desmantelarse y reconstruirse, labor que remató José Echamorro en 1798. El edificio presenta planta de salón con tres naves, crucero y testero plano, albergando en su interior un hermoso repertorio de retablos, entre los que sobresale el de la capilla mayor, de corte neoclásico. Los elementos más llamativos de la obra, sin embargo, se muestran al exterior: la fastuosa portada principal, de formas mixtilíneas y labrada en piedra, que encuadra una hornacina con un grupo escultórico de Santa Ana y la Virgen niña, y la torre, de unos 40 m de altura, decorada, como todo el buque del templo, por una exuberante policromía de motivos geométricos que enfatiza sus esbeltas líneas constructivas.

Paseos y alrededores

Ermita de la Virgencita.El urbanismo de Algodonales ofrece un aire regular y abierto en sintonía con la época moderna de su trazado, adaptándose a las sinuosidades de las curvas de nivel de su emplazamiento. El eje maestro del casco urbano está formado por la avenida de la Constitución, que avanza desde la zona de las ermitas de la «Virgencita» y de la Concepción –sencillo oratorio del siglo XVIII de tono popular– y desde la fuente del Algarrobo y los Lavaderos –con sus caños relucientes de metal– hasta el prodigioso retablo arquitectónico que configura la fachada de la iglesia, adyacente al Ayuntamiento.

Fuente del Algarrobo.A lo largo del paseo se saborea la agradable tranquilidad de unas calles luminosas y animadas por detalles como la ermita de Jesús Nazareno o el borboteante murmullo de la Fuente Alta, en la vía que bordea el pueblo en su parte superior, uno de los manantiales que enriquecen esta villa agraciada por la abundancia de agua.

El término de Algodonales, que marca la transición entre la campiña y la sierra gaditana, conjuga los atractivos de ambos paisajes: huertas, campos de cultivo y olivares que ceden el paso, según aumenta la altitud, a las encinas, quejigos y algarrobos de las laderas al pie de los roquedales calizos que coronan las cumbres, por encima de los 1.000 m, de la sierra de Líjar, la poderosa formación geológica que sobrevuela el municipio. En su vertiente septentrional se ubica la pedanía de La Muela, accesible por las carreteras C-339 y CA-4541, un reducto de sosiego donde se respira el saludable vigor de la atmósfera serrana. De aquí arrancan los caminos hacia las pistas de despegue de los deportes aéreos que han dado a Algodonales una inusitada proyección en el ámbito deportivo: hoy por hoy, la sierra de Líjar, gracias a sus excepcionales condiciones para el vuelo en parapente y ala delta, sobresale como un punto de encuentro privilegiado para los aficionados a estas prácticas, un lugar de cita obligado para su ejercicio y para la celebración de ligas y campeonatos.

Los Pueblos Blancos

Casas encaladas típicas de los Pueblos Blancos.Además de constituir una etapa de este itinerario dedicado a los Almorávides y a la evocación de al-Andalus, Algodonales se inscribe en uno de los circuítos turísticos más conocidos y frecuentados de Andalucía: la Ruta de los Pueblos Blancos, que recorre una veintena de municipios situados en las áreas serranas de las provincias de Cádiz y Málaga que se extienden entre Arcos de la Frontera y Ronda.

Aunque el encalado de los caseríos sea un rasgo compartido por la mayoría de las poblaciones de la región andaluza y por muchas otras de la Península, la denominación de Pueblos Blancos se justifica aquí quizás mejor que en ningún otro lugar: forman un extraordinario conjunto donde la blancura cegadora de la cal reina como un emblema distintivo, realzando el carácter autóctono y pintoresco, típicamente andaluz, de unos cascos urbanos de trazado laberíntico donde se hace patente la herencia medieval hispanomusulmana, con una deliciosa arquitectura popular que preserva todo su encanto: muros de cal y ladrillo, fachadas de armoniosa sencillez, ventanas y balcones con rejas de forja, portadas, zaguanes y patios recoletos, inclinadas cubiertas de teja árabe, chimeneas humeantes…

Distancias: 180 km a Algeciras, 218 km a Granada
Altitud:
370 metros
Provincia:
Cádiz
Población: 5.650 habitantes

Puntos de Información:

  • Casa de la Juventud: Setenil de la Bodega, s/n, Tel. 956 138 534
  • Ayuntamiento: Avda. de Andalucía, 2, Tel. 956 137 003

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