Arcos de la Frontera

Vista general de Arcos de la Frontera.Entre las verdeantes ondulaciones de la campiña, con el horizonte azulado de la sierra a su espalda, Arcos emerge como una peña de cal. En su cara más brillante, encendida por el sol poniente, el caserío cuelga al borde de un tajo que se precipita sobre el río Guadalete en una caída libre de más de cien metros. A su prodigioso emplazamiento, Arcos suma un juego de matices que la convierten en el arquetipo ideal de pueblo andaluz: peñas y riscos, huertas y montes, un encantador urbanismo de tono morisco y medieval, de callejas caprichosas entre murallas, iglesias descomunales, conventos, palacios, y sencillas viviendas de muros blanqueados que destilan una elegante nobleza natural…

Dicen los cronistas que el pasado de esta maravilla urbana se hunde en los oscuros tiempos cuando Brigo, nieto de Noé, plantó aquí el germen de un poblado. Hallazgos de época libio-fenicia y romana confirman ya la existencia de un asentamiento histórico en el I milenio a. C., que pudo tomar el nombre latino de arx –fortaleza– por las expresivas condiciones de su topografía. En época andalusí, Arkus aparece con plena identidad, como importante fortaleza vinculada a los principales sucesos políticos de la cora de Siduna, o provincia de Sidonia, en la que estaba encuadrada y a la que llegó a servir de cabecera en algún momento. El geógrafo al-Himyari relata que era una «fortaleza sobre el Guadalete. Es una ciudad que data de la antigüedad que ha sido destruida varias veces y después repoblada. Su territorio encierra numerosos olivares…». Su agitado carácter se pone de manifiesto al contarse entre las plazas sublevadas contra la autoridad de Córdoba a fines del siglo IX, rebeldía que acarreó su asalto y demolición de sus fortificaciones por el emir Abd Allah. Al disgregarse el Califato en el siglo XI, Arkus se erigió en corte del reino de taifas de los Banu Jizrun, bereberes marroquíes del tronco zanata, o cenetes, traídos para integrar uno de los cuerpos más aguerridos del ejército califal. Su emir Muhammad Ibn Jizrun «estableció en ella su soberanía, consolidando sus defensas e incrementándola en riquezas», aunque en el año 1068 el rey de Sevilla al-Mutadid se apoderó de la ciudad y la incorporó a su reino.

Castillo y Ayuntamiento.En 1086 Arcos une su destino a la presencia almorávide, al servir de escala a las tropas del gran emir Yusuf Ibn Tasufin en su marcha hacia los campos de Zallaqa donde obtendría una aplastante victoria sobre los cristianos, papel de guarnición que repite un siglo después, en 1190, al ser punto de concentración de los contingentes del califa almohade Yaqub al-Mansur antes de su campaña contra Portugal. El declive de la ciudad andalusí acontecería a mediados del siglo XIII, al someterse a los castellanos tras la caída de Jerez. Vana fue la revuelta de sus pobladores musulmanes durante la sublevación de los mudéjares que se propagó por toda Andalucía, pues en 1264 fue tomada definitivamente por Alfonso X y expulsados sus habitantes. Desde entonces, constituyó una de las principales bases de operaciones cristianas de la frontera con el reino de Granada. Desde ella sus señores, los Ponce de León, marqueses de Cádiz y duques de Arcos, extendieron un vasto estado nobiliario. A estos siglos de leyenda debe buena parte de su ambiente y de su cautivadora fisonomía.

 

Visitas

 Castillo

Castillo.Se eleva en el punto más alto del casco urbano, junto a la plaza del Cabildo. La construcción que hoy se contempla es resultado, en su mayor parte, de las obras y reformas realizadas por los cristianos, a principios del siglo XV, sobre el anterior recinto fortificado de época musulmana, de planta cuadrada con torres en los ángulos. Un breve callejón en recodo que arranca bajo un arco en el costado de la plaza conduce a la entrada del castillo, una pequeña portada de piedra con arco apuntado. De sus torres sobresale la del Secreto, con una cámara de bóveda de ladrillo que permite oir hasta el menor susurro que se diga en su interior. Infinidad de leyendas medievales se asocian a los muros y pasadizos de la fortaleza, como aquella, referente a la conquista de Arcos por Alfonso X, que narra cómo los cristianos se sirvieron para tomarla de un conducto oculto que conectaba el castillo con el Guadalete, utilizado por las noches por una bella musulmana, señora de la villa, para bañarse en sus aguas, y por eso llamado «el baño de la reina». Otra historia legendaria relata el suceso de la favorita del reyezuelo musulmán de Arcos, quien, tras partir en una expedición, la había dejado encerrada en la fortaleza con provisiones para que aguardara su regreso, que nunca se produjo. Quedaría ya para siempre prisionera en la denominada «alcoba del amor», contándose que el espíritu de la infortunada toma en las noches de luna llena la forma de un buitre que vaga entre las almenas y los tajos.

Puerta de Matrera

Puerta de Matrera.Situada en el lado oriental del casco antiguo, constituye el principal vestigio del perímetro amurallado que defendía la villa medieval. El hueco de paso se hallaba flanqueado por dos torres, de las que aún se mantienen los restos de torre la Traición, nombre que se le dio porque desde ella facilitaron los habitantes mudéjares de Arcos la entrada de tropas nazaríes para apoyarles en su rebelión contra Alfonso X en 1264.

 

Iglesia de Santa María de la Asunción

Iglesia de Santa María de la Asunción.Emplazada sobre el solar de la mezquita aljama de la villa andalusí, constituye el principal monumento de Arcos. El templo responde a diversas labores efectuadas en los siglos XVI y XVIII sobre una primitiva iglesia mudéjar del XIV. Una inscripción señala el inicio de la obra: 1519, labrándose fundamentalmente entre 1520 y 1530, con la probable intervención del maestro cantero Diego de Riaño y la posterior participación de Martín de Gaínza, quien remodeló la capilla mayor en 1553. La edificación, de rasgos góticos, presenta una impresionante portada en la fachada de los pies, con una profusa decoración de motivos vegetales y heráldicos tallada en piedra en el más puro estilo flamígero. El interior se distribuye en planta de salón con tres naves separadas por pilares circulares bajo complejas bóvedas de nervaduras y una profunda cabecera poligonal. Contiene magníficas obras de arte, como la espléndida serie de pinturas al fresco sobre el tema central de la Coronación de la Virgen, de líneas góticas de influencia italiana y con fondos ornamentales de inspiración mudéjar, así como un admirable retablo clasicista concluido en 1608, una sillería de coro barroca de 1744 y un suntuoso tesoro parroquial con valiosas piezas de orfebrería. En el lateral de la iglesia que da a la plaza resalta la fornida torre campanario barroca que se construyó en 1758, de casi 40 m de altura, cuyo perfil dibuja un hito emblemático en la inolvidable silueta de Arcos.

Iglesia de San Pedro

Iglesia de San Pedro.La imponente mole de este templo señala la transición de la Peña Nueva a la Peña Vieja, donde la anchura de la base geológica de Arcos se reduce a apenas 50 m. El pasado de esta parroquia y de su edificación estuvo marcado por la rivalidad con la de Santa María, pues ambas se disputaban el honor de ser la principal y más antigua iglesia de la población, título que, en definitiva,logró Santa María. San Pedro, sin embargo, no le va a la zaga en empaque y monumentalidad. Su obra se inició en el siglo xiv aprovechando cimientos y materiales de la antigua muralla; entre 1510 y 1530 se construyó el cuerpo fundamental del templo, de trazas góticas y hecho de cantería, y hacia 1727 el arquitecto Diego Antonio Díaz remató el conjunto con la erección de su torre-fachada, un majestuoso frontal de piedra barroco con portada de columnas salomónicas y relieves escultóricos al pie del campanario. Desde su altura se obtiene una original visión de Arcos y del paisaje circundante. En el interior, de una nave, se admira el retablo mayor gótico que se cuenta entre las obras más primitivas de este estilo en Andalucía, con pinturas sobre tabla dedicadas a San Pedro y San Pablo. Particular atención requiere también la capilla del Quitapesares, Niño Jesús que se pedía prestado para sanar enfermedades, y las urnas con las reliquias de San Fructuoso y San Víctor, traídas de Roma para compensar a las de San Félix expuestas en Santa María.

 

Paseos y alrededores

Pasear por Arcos es sumergirse y verse envuelto por el pueblo andaluz soñado, un placer que aquieta el ritmo del tiempo y que introduce al viajero por un universo propio íntimo, hecho a escala humana. En el barrio Alto que corre por encima de las peñas a lo largo de casi 1 km –la Nueva a poniente y la Vieja, más angosta, a levante– se concentran los edificios y rincones más notables del fascinante conjunto histórico de Arcos. Un eje central lo atraviesa estrechándose paso a paso, primero con el nombre de calle Corredera y luego, al coger pendiente, con el de cuesta de Belén, donde ya salta a la vista la riqueza señorial del caserío.

Palacio del Águila.A un costado se ofrece la noble fachada gótico-mudéjar, del siglo XV, del palacio del conde del Águila, y más adelante se atisban los característicos arquillos que vuelan de lado a lado arriostrando los muros blanqueados de los callejones. En la cumbre se abre la plaza del Cabildo, escoltada por el Castillo, la iglesia de Santa María, el Ayuntamiento, que alberga un meritorio artesonado mudéjar, y la antigua casa del Corregidor, hoy parador, mientras que en el lateral libre de la plaza avanza el sobrecogedor balcón panorámico colgado en el precipicio atajado por el Guadalete, un mirador espectacular por su atrevida posición y por la inmensa perspectiva que brinda de la campiña con la sierra al fondo. Buena ocasión para recapitular sobre el curso de la ruta: atrás quedan las llanuras y costas de la fachada atlántica de Cádiz, a partir de ahora el viajero se encara con los aires serranos.

Palacio del Mayorazgo.Desde la plaza, el paseo retorna al laberinto de calles y casas blancas en dirección a San Pedro, por vías zigzagueantes que evocan el urbanismo islámico y la atmósfera de la vieja medina andalusí. Por aquí se descubre el encanto secreto de Arcos, por callejas como la de las Bóvedas, Cuna, por donde estuvo la judería, Piedra de Molino y tantas otras, un complejo y subyugante entramado a varios niveles de cuestas, casas y patios donde reina el sosiego. Junto a las viviendas populares no faltan tampoco los palacios, como los de Mayorazgo, Virués o Torresoto, y edificios religiosos como la iglesia conventual de San Agustín, del siglo XVI, en la calle San Juan, hasta descender por la puerta de Matrera y el arrabal que surgió extramuros, adornado por las delicadas líneas del hospital de la Caridad, terminado en 1779.

Ya en las afueras se extiende un paraje de huertas y molinos al compás de los meandros del Guadalete hasta el embalse, el lago de Arcos, acompañado por la altiva vista de la ciudad, un enclave inmejorable para disfrutar del aire libre, hacer ejercicio, practicar deportes náuticos, o dar un paseo a caballo por las inmediaciones.

 

Distancias: 130 km a Algeciras, 267 km a Granada
Altitud:
185 metros
Provincia:
Cádiz
Población:
29.079 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo: Plaza del Cabildo, s/n, Tel.: 956 702 264

{mosgmap mapid=97}

Establecimientos colaboradores en la Ruta de los Almorávides y Almohades

Hotel Spa al-Medina Golf
Medina Sidonia
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel Dos Mares
Tarifa
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel Jerez & Spa
Jerez de la Frontera
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel Los Olivos
Arcos de la Frontera
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel Puerto Sherry
El Puerto de Santa María
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel Husa Reina Victoria
Ronda
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel Molino
Ronda
Ruta de los Almorávides y Almohades
La Casa Amarilla
Tarifa
Ruta de los Almorávides y Almohades
Viaja por: Ruta de los Almorávides y Almohades Ruta de los Almorávides y Almohades Arcos de la Frontera