Grazalema

En esta etapa el aire cobra la pureza ligera y fresca de las alturas: Grazalema, la capital y foco central de la serranía de Cádiz, marca el techo de la ruta, su cota más alta, enclavada en la sierra del Endrinal bajo una corona de picachos, con las cimas del Reloj y Simancón, que rebasan los 1.500 m, a sus espaldas.

Vista panorámica del municipio.Aunque los primeros indicios de poblamiento por la zona son de una antigüedad milenaria, correspondientes tanto a una cierta presencia humana desde el Paleolítico como al poblado céltico de Alexia, convertido por los romanos en la ciudad de Lacilbula –cuya ubicación se sitúa una decena de kilómetros al norte del pueblo–, lo cierto es que Grazalema como tal, con la raíz de la denominación que ha perdurado, surge en época andalusí. Su origen se relaciona con el asentamiento por los contornos de pobladores de la tribu bereber de los Saddina. Así, las fuentes árabes de los siglos iniciales de al-Andalus citan a Saddina como una ciudad y distrito de la parte oriental montañosa de la cora de Sidonia habitado por magrebíes de dicha etnia, limítrofe con la región rondeña de Takurunna, donde también fue muy considerable la población berebere. Avanzada la Edad Media, la localidad aparece mencionada en las crónicas cristianas como Çagrazalema, aportándose asimismo una visión más legendaria del sentido de su nombre, que derivaría, a decir de la creencia popular, de una princesa llamada Zulema, primogénita de un notable próximo al califato a quien su padre daría la villa como regalo, pasando a denominarse la «villa de Zulema», y, de ahí, Grazalema.

A partir del siglo XIII, Grazalema forma parte del reino nazarí de Granada, ocupando una estratégica posición en el baluarte fronterizo en que se convierte la sierra de Cádiz. En estas circunstancias, se ve sometida a las incursiones de los cristianos hasta su definitiva toma en 1485. Poco después es cedida en señorío por los Reyes Católicos al linaje de los Ponce de León, marqueses de Cádiz y duques de Arcos, junto con las villas vecinas de la sierra. Entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX experimentaría su periodo de máximo esplendor debido al florecimiento de la industria textil, llegando a sumar 9.000 habitantes. En la actualidad, el turismo representa uno de sus principales recursos.

Visitas

Iglesia de San Juan

Torre de la iglesia de San Juan.La obra de esta pequeña iglesia, cercana a la parroquia de la Encarnación, se relaciona con una antigua mezquita consagrada tras la conquista al culto cristiano. Aunque su aspecto general obedece a su reconstrucción a principios del siglo XVIII, se considera que se ha mantenido tanto la disposición interior del oratorio islámico como el fuste del alminar transformado en campanario.

Iglesia de la Encarnación

El principal templo parroquial de Grazalema es una obra de origen mudéjar reedificada a comienzos del XVII, siglo en el que adquirió su fisonomía básica, Más tarde, las destrucciones causadas por la guerra de Independencia y la Guerra Civil acarrearon la realización de sucesivas reconstrucciones y reformas.

Iglesia de la Aurora

Iglesia de la Aurora.Es, sin duda, el edificio monumental más representativo, original y destacado del conjunto histórico de Grazalema. Tras la sencilla fachada de piedra rematada por espadañas que preside la plaza mayor se desarrolla el recinto de la iglesia de planta central, poligonal, cerrado por cúpula sobre tambor. Fue construida en el siglo XVIII.

Paseos y alrededores

Vista del caserío con la iglesia de San José.El conjunto urbano de Grazalema es uno de los más bellos y atractivos de Andalucía, y también una magnífica muestra de la arquitectura popular de la sierra gaditana. Las casas son de dos o tres plantas, con descansos, altillos y fachadas siempre encaladas, de las que sobresalen rejas de forja, con tejadillos y poyetes, y los pronunciados aleros de los tejados a dos aguas. Tendido en una vaguada alargada, en el extremo meridional del casco se abre la plaza de España, un apacible espacio para el paseo y la conversación a la sombra de árboles copudos bajo la fachada de sillares de la iglesia de la Aurora. Más de una docena de fuentes de aguas cristalinas animan con su borboteo rincones y plazoletas, como la que mana en un lateral de la plaza mayor, con rústicos mascarones labrados. Tan sólo a unos pasos destaca el voluminoso edificio de la parroquia de la Encarnación, a cuya espalda se extiende la plaza de los Asomaderos, un mirador espléndido orientado hacia la inmensa panorámica de la serranía de Ronda. Desde la iglesia de San Juan y sus aledaños las pintorescas calles de Mateos Gago, las Piedras y otras paralelas remontan las pendientes en dilatadas perspectivas empedradas hacia el otro extremo del pueblo, donde se eleva la iglesia de San José, obra del siglo XVII que fue capilla de un antiguo convento de carmelitas.

Fachada de casa señorial.Las curiosidades y alicientes no se agotan en este delicioso entramado urbano, sino que, por el contrario, se prolongan por los alrededores inmediatos, y, en realidad, por todo el término de Grazalema, apto como ninguno para todo tipo de excursiones y paseos. Desde la puerta de la Villa, al borde mismo del pueblo, una vieja calzada de origen romano desciende por el valle encajado a lo largo de un agradable y corto trayecto ideal para caminantes que prefieran tomárselo con calma. Igualmente al filo del casco urbano, un poco más abajo, se encuentra el interesante museo de la fábrica de mantas. En sentido opuesto, monte arriba, el ascenso a las peñas del Calvario permite dominar una privilegiada vista de la población, recogida en medio de un impresionante marco de montañas.

Detalle de caños de fuente pública.Camino adelante, por la carretera que conduce a El Bosque y Zahara, se penetra ya en la plenitud del parque de la sierra de Grazalema, uno de los espacios más atractivos y vigorosos de la naturaleza andaluza. En la cima de la ladera que sobrevuela el pueblo, el puerto del Boyar cobija el nacimiento del Guadalete y señala el cambio de vertiente, descubriendo al viajero el corazón de la sierra con la línea de cumbres y un majestuoso paisaje de frondosa vegetación. Las posibilidades de itinerarios, senderos y actividades al aire libre son aquí innumerables, requiriéndose autorización para la visita de las áreas más restringidas, como los bosques de pinsapos de la cara norte de la sierra del Pinar. Al cabo de unos kilómetros en dirección a El Bosque se alcanza la preciosa aldea de Benamahoma, cuyo mero nombre no deja lugar a dudas sobre su raíz andalusí. Sus casas enjalbegadas trazan una estrecha franja ceñida a las curvas de nivel en un paraje de particular hermosura gracias a una proverbial abundancia de aguas. Merece la pena acercarse al manantial del Nacimiento, del que brotan 450 litros por segundo, y al Museo del Agua, instalado en un antiguo molino harinero, en el que se muestran artefactos, objetos y maquetas relacionados con la cultura hidráulica y la vida cotidiana tradicional de la comarca. Benamahoma es, además, la única localidad gaditana donde se celebran fiestas de Moros y Cristianos, que giran en torno a la disputa ritual por la imagen del patrón San Antonio, en la que ambos bandos se ensarzan en un cruce de tiros de pólvora y de versos como éstos: «Benamahoma tierra mora / y se puede justificar / tiene cabilas profundas / de siglos de antigüedad…».

El macizo más occidental de las sierras béticas, que ocupa la porción septentrional de la provincia de Cádiz, configura un extraordinario ámbito natural y humano. Por los valores ecológicos y antropológicos que atesora conviene demorarse en su visita, que, a no dudarlo, resultará de lo más gratificante.
El Parque Natural.
Vista de la Sierra.El área serrana cuya capitalidad ostenta la villa de Grazalema mereció ya en 1977 la calificación de Reserva de la Biosfera por parte de la Unesco, seguida en 1984 por su declaración como parque natural, abarcando éste una superficie de 51.695 has. sobre trece términos municipales, en su mayoría de la provincia de Cádiz junto con algunos colindantes de Málaga.
La extensión del parque cubre un territorio cuya altitud oscila entre los 250 y los 1.654 m, en la sierra del Pinar, entre Grazalema y Benamahoma. El terreno de naturaleza caliza condiciona la existencia de un relieve abrupto y accidentado que actúa como una barrera provocando las descargas de las masas nubosas procedentes del Atlántico, fenómeno que convierte este enclave en el de más altas precipitaciones medias de toda la Península, entre los 2.000 y 4.000 litros anuales. El área septentrional del macizo está formada por la sierra del Pinar y el corredor del Boyar, y la meridional por las sierras del Endrinal y de Líbar, donde se despliega una excepcional riqueza botánica de tipo mediterráneo que incluye acebuches, algarrobos, encinas, alcornoques, quejigos y el llamado roble andaluz, además de pinsapos. Este paraíso natural cobija especies como la cabra montés, corzo o meloncillo, entre otros mamíferos, y una comunidad de rapaces en la que se cuentan águilas reales y perdiceras, halcones y, sobre todo, buitres leonados.
Las posibilidades de excursiones en este espacio protegido son inagotables, destacando los puertos del Boyar y las Palomas, el bosque de pinsapos y la Garganta Verde, las cañadas del Salto del Cabrero, cerca de Benaocaz, la manga y simas de Villaluenga del Rosario, y las cuevas de la Pileta, Hundidero y del Gato, hacia Benaoján y Montejaque.

El pinsapo (Abies pinsapo)

Pinzapo.La umbrías de la sierra del Pinar, entre Grazalema y Zahara, están cubiertas por los espesos bosques de este árbol considerado emblema del parque natural. Su porte, de copa cónica, ramas horizontales y una altura que puede alcanzar los 30 m, le da una elegancia característica y una apariencia que hace pensar a más de uno que se encuentra en una región alpina. Se trata de un abeto de distribución muy restringida, que sólo se localiza en este macizo, en la vecina sierra de las Nieves malagueña y en el norte de África, una auténtica rareza botánica de la Era Terciaria que sobrevivió las glaciaciones y que hoy se refugia en los enclaves más altos, fríos y húmedos.

Los pueblos de la sierra.

Carretera de la sierra.El interés de los aspectos naturales de la sierra se equipara con el de las villas y pueblos que salpican sus laderas y valles. Grazalema sirve de excelente punto de apoyo para emprender un circuito viajero a través de estas localidades que sobresalen entre las de mayor encanto de la región andaluza.
La carretera A-374 lleva desde Grazalema a la población más alta de la sierra –por encima de 870 m–, Villaluenga del Rosario, tranquila, apacible y todavía no muy transitada, con un denso pasado como uno de los últimos bastiones de los musulmanes en la comarca. Su casco urbano, fino y blanco, se tiende como una línea a lo largo de «la manga», un fabuloso corredor geológico a la sombra de montañas. En dirección sur, sobre un lomo imponente, surgen a continuación los destellos del caserío encalado de Benaocaz, cuyo poblamiento andalusí se remonta al siglo VIII, según evocan la deliciosa madeja de calles y cuestas de este conjunto histórico-artístico y el campanario de la iglesia de San Pedro, que antes fue alminar.
Ubrique se sitúa más abajo, en el regazo de un circo de crestones rocosos. La villa más populosa y de mayor significación económica de la sierra se relaciona, primero, con el asentamiento romano de Ocurris, y en la Edad Media, con un pujante núcleo habitado por bereberes. El sector conocido como Ubrique el Alto, pegado al monte y presidido por la iglesia de San Antonio, conserva la sugerente atmósfera de la villa medieval, mientras que a sus pies se abren los ensanches de su posterior expansión urbana.
Desde Ubrique, la carretera A-373 retorna hacia el norte, bordeando las ruinas del castillo árabe de Tavizna antes de alcanzar otra villa caracterizada por la pulcritud de su arquitectura popular, El Bosque, nacida hacia el siglo XVI alrededor del palacio de Marchenilla, un pabellón de caza de sus señores los duques de Arcos. En El Bosque, además de un exuberante jardín botánico y el coto truchero más meridional de Europa, se hallan las oficinas y centro de visitantes del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.

Cuero y piel
Contraviniendo una norma con frecuencia habitual, la tradicional artesanía de Ubrique, basada en el cuero y la piel, en lugar de decaer, ha experimentado un crecimiento sostenido en las últimas décadas, hasta situarse a la cabeza del ramo en España. Sus raíces datan de época romana y, sobre todo, musulmana, cuando el oficio se elevó a la categoría de arte con las manufacturas de repujados. Sustentada por la riqueza ganadera de la comarca, la producción siguió un ritmo ascendente en la Edad Moderna que se ha prolongado en la actualidad con la fabricación de todo tipo de artículos de calidad, mediante sistemas modernizados avalados por una tradición de siglos.

 

Distancias: 80 km a Algeciras, 212 km a Granada
Altitud: 812 metros
Provincia: Cádiz
Población: 2.178 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina de Turismo: Plaza de España, 11, Tel.: 956 132 376

{mosgmap mapid=98}

 

 

Establecimientos colaboradores en la Ruta de los Almorávides y Almohades

Hotel Jándalos Jerez
Jerez de la Frontera
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel The Riad
Tarifa
Ruta de los Almorávides y Almohades
Cortijo Barranco
Arcos de la Frontera
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel Villa Jerez
Jerez de la Frontera
Ruta de los Almorávides y Almohades
La Casa Amarilla
Tarifa
Ruta de los Almorávides y Almohades
AC Algeciras
Algeciras
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel AC Jerez
Jerez de la Frontera
Ruta de los Almorávides y Almohades
Hotel La Torre
Tarifa
Ruta de los Almorávides y Almohades
Viaja por: Ruta de los Almorávides y Almohades Ruta de los Almorávides y Almohades Grazalema