Ronda

Murallas de la medina andalusí.La Ruta aborda uno de sus hitos fundamentales, Ronda, «la ciudad soñada», inagotable fuente de inspiración de artistas e imán irresistible para viajeros. Su mero nombre desata ya sensaciones que dejan un recuerdo imborrable en cualquiera que experimente el placer de visitarla. La fascinación que ejerce la soberbia capital de la Serranía no es casual. A su condición de encrucijada natural entre la costa y el interior, Ronda suma un emplazamiento majestuoso al filo de un tajo vertical, un casco urbano delicioso y una historia y tradiciones de densidad poco común. Este despliegue la convierte en meta obligada del viaje por Andalucía.

La semilla de tan sólido enclave se plantó en el V milenio a. C., relacionándose con el poblado ibérico de Arunda, donde los romanos levantarían el «castillo del Laurel», dependiente de Acinipo, «Ronda la Vieja». Su estratégica posición en las rutas del Estrecho impulsarían su desarrollo en época musulmana, cuando aparece como centro de la cora de Takurunna, provincia conocida por el elevado número de bereberes que se asentaron en ella, junto a la población indígena de muladíes –hispanos islamizados– y mozárabes –los cristianos de al-Andalus–. Durante siglos, la agreste geografía de la comarca acompañó al carácter levantisco de sus habitantes. Su historia es un continuo relato de sucesos en los que se manifiesta su celo exacerbado por mantener la independencia. Así, hacia el año 756 Ibn Awsaya, «señor de la cora de Takurunna» fue de los primeros en reconocer el emirato del príncipe omeya Abd al-Rahman. A finales del siglo IX la región alimentaría además la rebelión de Umar Ibn Hafsun, que estuvo a punto de dar al traste con la organización estatal de al-Andalus.

Puerta Almocábar.Las noticias de la época citan a Ronda como una plaza «muy fuerte y muy antigua», identificada por algunos con el castillo de Onda –hisn Unda–. Su entidad se incrementaría en el siglo XI al servir de cabecera del reino de los bereberes Banu Ifran, integrado luego en el reino de Sevilla. En el año 1091 caería en poder de los almorávides. Al desmoronarse el gobierno almorávide, Ronda volvió de nuevo por sus fueros y disfrutó de una breve autonomía hasta someterse a los almohades. Su definitiva consolidación como medina de un extenso territorio aconteció a partir del siglo XIII al convertirse en el principal núcleo militar del flanco oeste del reino de Granada. Durante décadas, Ronda fue cedida para su defensa a los meriníes. De esos años data la asociación entre Ronda y el legendario Abomelic –Abd al-Malik, hijo del sultán de Fez–, quien lanzó devastadoras incursiones desde el baluarte rondeño. En la primavera de 1485, el tronar de la artillería de los Reyes Católicos presagió su caída. Tras un rápido asedio, el 22 de mayo Ronda capitulaba. Se cerraba así un periodo que dejaría una honda huella en la ciudad, repoblada por nobles y colonos cristianos. En adelante ensancharía su caserío por el arrabal del Mercadillo, convertida en capital de la serranía y modelo ideal de la Andalucía romántica.

Visitas

 Murallas y puertas

Murallas de la medina andalusí.El casco antiguo fortificado, la Ciudad, aprovecha un peñón con la defensa natural de la topografía reforzada por líneas de murallas levantadas en su mayoría en los siglos XIII y XIV por nazaríes y meriníes. Del dispositivo que custodiaba la medina andalusí queda el lienzo del sector oriental, con la puerta de la Azijara, y la puerta de Almocábar, ante el barrio de San Francisco, con entrada de arco de herradura entre torreones junto al arco con relieves renacentistas que se le añadió en el XVI. Otros fragmentos del perímetro amurallado se aprecian al pie del Tajo, con la puerta de los Molinos o arco del Cristo y el arco del Viento.

Iglesia de Santa María de la Encarnación

Iglesia de Santa María la Mayor.La iglesia mayor de Ronda señala el corazón de la Ciudad. Ocupa el lugar de la mezquita aljama, de la que aún se observan restos incorporados al templo cristiano que se construyó al poco de la conquista. Se distinguen el frente del mihrab o nicho hacia el que se orientaban las plegarias, con yeserías del siglo XIII o XIV, y una qubba o espacio de planta cuadrada de similar fecha. Al exterior destaca la torre mudéjar, mientras el interior se ordena en tres naves.

Baños árabes

Baños árabes.A los pies de la Ciudad se hallan unos baños que se cuentan entre los mejor conservados de la Península. Construidos entre mediados del XIII y los inicios del XIV, presentan una planta rectangular dividida en las tres salas características de los hamman o baños públicos –sala fría, o al-maslaj, templada, al-wastani, y de calor, al-sajuni–. La fina obra de ladrillo luce bóvedas de cañón y arquerías de herradura sobre pilares.


Alminar de San Sebastián

Alminar de San Sebastián.Ante una placeta de la Ciudad se alza el alminar de una mezquita de barrio, uno de los más de veinte oratorios que llegó a tener Ronda. De mediados del XIV, ofrece un primer cuerpo de sillares con acceso bajo arco de herradura sobre el que monta un fuste de ladrillo trabajado con primorosa maestría.




Casa del Rey Moro, la Mina.

Casa del Rey Moro.Al borde de la garganta del Guadalevín destaca esta noble casona regionalista con jardines de aire andaluz. En sus entrañas se abre un monumento único: la Mina, una tortuosa escalinata excavada en la roca en época nazarí para el abastecimiento de agua, que se tomaba del lecho del río.

 

Palacio de Mondragón, Museo de la Ciudad

Palacio de Mondragón.Una fachada con portada clásica y dos miradores enmarca el acceso a este espléndido palacio colgado sobre el Tajo donde tuvieron su residencia, según la leyenda, los príncipes musulmanes y donde se alojaron los Reyes Católicos. Exquisitos resultan sus patios porticados, con azulejería mudéjar, y sus jardines asomados al vacío, y de gran interés las salas del museo que alberga con colecciones de hallazgos que aportan una completa visión de la historia de Ronda. 

Puente Nuevo

Puente Nuevo.El símbolo de Ronda es esta atrevida obra de ingeniería de 98 m. de altura, trazada por José Martín de Aldehuela y terminada en 1795, con la que se logró, tras no pocos intentos, enlazar el núcleo de la Ciudad con el Mercadillo en su punto más cercano y elevado. Es de rigor dejar vagar la vista desde sus parapetos hacia las profundidades donde se despeña el Guadalevín –de Wadi l-Laban, río de la leche– acompañado por viejos molinos de origen andalusí. En la estancia que contiene el puente se ha habilitado un Centro de Interpretación que facilita el conocimiento de Ronda.

Plaza de toros, Museo Taurino

Plaza de Toros de la Real Maestranza.Entre la Alameda del Tajo y el Puente Nuevo se dispone el emblemático coso rondeño, trazado, como el puente, por José Martín de Aldehuela e inaugurado en 1785. Con un armonioso ruedo de doble galería en piedra con arcos y columnas, es una de las plazas de toros más antiguas de España y una referencia primordial en la historia de la tauromaquia. Aquí sentó cátedra la dinastía de los Romero, cuyo máximo representante, Pedro Romero (1754-1839), fijó los cánones del toreo actual y dio origen a una escuela basada en la sobriedad y el dominio. Estas vicisitudes se muestran de modo sugerente en el interesante museo instalado en los corredores de la plaza.

 

Paseos y alrededores

Arco de Felipe V.Deambular por Ronda sumerge al paseante en un mundo de ensueño: primero, el Tajo y el puente, tendido hacia la Ciudad, el núcleo medieval centrado por la plaza Duquesa de Parcent, con Santa María, el Ayuntamiento y artísticos conventos; por sus aledaños se desenvuelven calles llenas de sabor tachonadas de monumentos, como los ya mencionados y otros de gran empaque como el palacio de Salvatierra, el arco de Felipe V o la iglesia gótica del Espíritu Santo, frente al acogedor barrio de San Francisco. Al otro lado del Guadalevín crece el Mercadillo, con una prolija cara monumental –iglesia del Padre Jesús, convento de Madre de Dios, templete de los Dolores…– y la animación del ajetreo cotidiano que hierve en su arteria de la calle de la Bola o carrera de Espinel, plazas de España y del Socorro hasta el delicioso paseo de la Alameda del Tajo, mirador privilegiado entre el hotel Reina Victoria, donde residió el poeta Rilke, y la plaza de toros.  

Balcón del Palacio de Salvatierra.Ronda es una plataforma idónea para emprender un sinfín de excursiones por el variado territorio que la rodea. Hacia Montejaque y Benaoján se encuentran las sorprendentes cavidades de la cueva del Gato, una fantástica formación que da salida a un laberinto de cauces subterráneos, y la cueva de la Pileta, uno de los más importantes santuarios del arte rupestre peninsular, con magníficas pinturas esquemáticas y de animales datadas desde hace más de 25.000 años. La fuerza del paisaje y el pasado se combinan también en las ruinas de Acinipo, Ronda la Vieja, a 16 km de la ciudad por las carreteras A-376 y MA-449. Batidos por el viento a casi mil metros de altitud yacen los vestigios de este vetusto poblado que alcanzó su esplendor en época romana, según atestiguan los restos de su imponente teatro del siglo I. El saludable vigor de la serranía se respira además en otros parajes escogidos, como la Sierra de las Nieves.

Sierra de las Nieves

Sierra de las Nieves.Al este de Ronda se encuentra este fabuloso espacio protegido de casi 19.000 hectáreas de superficie, declarado Parque Natural y Reserva de la Biosfera, donde se eleva la cumbre de la serranía, el pico Torrecilla, de 1.918 m. Pocos se esperarían contemplar un paisaje tan alpino por estas latitudes, con cimas nevadas y bosques de coníferas a un paso de la Costa del Sol. La explicación radica en la combinación de altitud y precipitaciones que permite la presencia de nieve y del singular abeto andaluz, el pinsapo, que tiene aquí uno de sus principales refugios. La vegetación del parque incluye asimismo tejos, quejigos –el roble meridional–, enebros, castaños, encinas, alcornoques y varias especies de pinos. En cuanto a fauna, destacan la cabra montés, el corzo, la nutria y el meloncillo, que se mueven bajo la mirada del águila real y otras rapaces. El parque se alcanza tomando la carretera A-376 hacia San Pedro de Alcántara. La desviación de Rajete conduce al área de los Quejigales, punto de partida para itinerarios. También se accede desde los pueblos de El Burgo, Yunquera o Tolox.

Distancias: 215 km a Algeciras,  198 km a Granada
Altitud:
640 metros
Provincia:
Cádiz
Población:
3.015 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo: Villa, 2, Tel.: 956 134 261

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