Tarifa

La segunda etapa lleva al extremo meridional de Europa, una punta privilegiada que avanza en medio del Atlántico hasta situarse a sólo unos 14 kilómetros de África. En los albores del I milenio los navegantes fenicios frecuentaban ya la isla de las Palomas, frente a la costa tarifeña, como una de sus escalas en la estratégica zona de las Columnas de Hércules. Púnicos y romanos fueron sus continuadores, organizando estos últimos el asentamiento en tierra firme, relacionado con las ciudades de Iulia Traducta y Mellaria, vecinas de Baelo Claudia, localidades dedicadas al tráfico y la pesca, con una activa industria de salazones.

Vista nocturna del castillo de Guzmán el Bueno.En el año 710 ocurre un hecho decisivo: el bereber Tarif Ibn Malluk desembarca con cuatrocientos hombres en una misión de reconocimiento por mandato de las autoridades musulmanas del Norte de África. Su nombre queda unido desde entonces al de la población, denominada Tarifa en su recuerdo. Al año siguiente le sigue el ejército de Tariq Ibn Ziyad, quien inicia la conquista de la Península. En adelante, Tarifa aparece como puerto y plaza fuerte dependiente de Algeciras, a cuya cora pertenece. Durante el califato, en el siglo X, la importancia de su papel aumenta al construirse una formidable fortaleza para controlar el Estrecho. Un siglo más tarde, los almorávides se apoderan de Tarifa –en 1090– como paso inicial para lanzarse a la conquista del reino de Sevilla. Sus nuevos señores fortalecen las defensas y trazan un nuevo arrabal, la Aljaranda. A mediados del siglo XII los almohades le confieren aún más protagonismo: el primer gran ejército almohade se concentra en 1146 en Tarifa, que en adelante sirve como una de las principales bases de los marroquíes, función que se renueva en el siglo XIII al ocuparla los meriníes. En el curso de estas décadas, la superficie urbana se amplía con otro arrabal amurallado.

Monumento a San Sancho IV, El Bravo.El período andalusí de la ciudad toca a su fin en 1292, cuando Sancho IV desaloja a los meriníes. El suceso señala el comienzo de la «batalla del Estrecho», la disputa por esta zona vital que no se salda hasta la definitiva conquista castellana de Gibraltar en 1462. De los hechos célebres que jalonaron este enfrentamiento sobresale la gesta de Guzmán el Bueno, quien en 1294 prefirió perder a su hijo tomado como rehén antes que rendir la plaza. Igualmente sonada fue la victoria de Alfonso XI en la batalla del Salado, cerca de Tarifa, en 1340, que marcó el punto de inflexión de la guerra. Alejada ya de la primera línea, la ciudad pasó al señorío de la familia Enríquez de Ribera, marqueses de Tarifa, afianzándose al compás del crecimiento demográfico y una vida volcada en la agricultura, la ganadería y la pesca.

Visitas

Castillo

Está considerado una de las principales muestras de la arquitectura militar hispanomusulmana. Según la inscripción arábiga situada encima del acceso, fue construido en el año 960 por un visir del califa omeya Abd al-Rahman III. Su severa mole, de planta trapezoidal con murallas y torres salientes de sillería, corona el pequeño promontorio sobre el puerto. Del bloque del castillo se destaca la gran torre albarrana octogonal, obra de almohades y cristianos, llamada de Guzmán el Bueno.

Murallas y puertas

Plaza de Santa María.La villa medieval llegó a contar con tres recintos amurallados, áreas que configuran el casco histórico actual. El primer sector corresponde a la primitiva ciudad musulmana, la medina, que abarcaba la plaza de Santa María y calles adyacentes, y de la que subsiste la puerta de la Almedina. En los siglos XI y XII los almorávides prolongaron el espacio urbano con el arrabal amurallado de la Aljaranda, que se desarrolla hacia la calle de dicho nombre. La tercera ampliación fue realizada por almohades y meriníes en los siglos XII y XIII sobre una superficie al norte del castillo. De su cerca defensiva se mantiene la puerta de Jerez, erigida por los almohades y reformada por los cristianos.

Iglesia de San Mateo

Interior de la iglesia de San MateoAsentada quizás sobre un oratorio almohade, San Mateo –título dedicado al santo en cuyo día se conquistó Tarifa– tomó el relevo de Santa María, la primera iglesia consagrada sobre la mezquita mayor. El templo, edificado en la primera mitad del siglo XVI, responde a los cánones del gótico tardío, con añadidos del XVIII. El interior se divide en tres naves, mientras que en la fachada resalta una artística portada de estilo híbrido entre barroco y neoclásico.

Paseos y alrededores 

El paseo por Tarifa puede encaminarse en primer lugar al casco antiguo. La Puerta de Jerez introduce en el entramado urbano de vías estrechas y fachadas encaladas. El chispeante ambiente popular sale al paso en el mercado y la Calzada, la arteria de la ciudad, con el templo de San Mateo, el Casino y vistosas casonas. Más adelante se continúa por los rincones de la Aljaranda, cuyo límite costero, en la plazuela del Viento, se abre a la vista del Estrecho. A su lado se agrupa el núcleo primitivo de la urbe musulmana, la Almedina, con la plaza de Santa María, sede del ayuntamiento y del Museo Municipal, que linda ya con el Castillo. A la sombra de la fortaleza se extienden la Alameda, los muelles y los paseos al borde de las olas, con la isla de las Palomas al fondo.

Playa de Tarifa.Tarifa disfruta de un entorno adecuado para múltiples actividades. El santuario de Nuestra Señora de la Luz dibuja un tranquilo paraje. Su costa, desde la playa de los Lances a Punta Paloma, Bolonia o Zahara de los Atunes, se cuenta entre lo mejor del litoral gaditano. Especial interés tienen las excursiones para conocer la rica fauna del Estrecho, como los delfines y las orcas. Por su parte, las colinas a lo largo de la carretera en dirección a Algeciras sirven de mirador para observar el tránsito de aves migratorias por estos cielos entre dos continentes.

Las Ruinas de Bolonia

Ruinas de Bolonia.La ensenada de Bolonia, a una veintena de kilómetros de Tarifa por la N-340 y la CA-9004, traza uno de los paisajes más sugerentes del mediodía gaditano: una duna inmensa que se desliza de los pinares a la playa, una aldea de casitas blancas y las ruinas de Baelo Claudia, que suscitan todo el potencial evocador de las obras de la Antigüedad clásica. Y no es para menos: los vestigios del foro, templos y otras construcciones y, sobre todo, el graderío de su teatro, con el trasfondo del océano, dibujan un escenario único. Baelo, nacida como asentamiento libiofenicio, conoció su auge en el siglo I bajo el reinado del emperador Claudio como centro productor de salazones –el codiciado garum gaditano– y punto de tránsito con la Tingitania norteafricana. La inseguridad, la piratería y otros factores fueron apagando su brillo hasta extinguirse hacia el siglo VI.

Distancias: 21 km a Algeciras, 306 km a Granada
Altitud:
7 metros
Provincia:
Cádiz
Población:
16.743 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina de Turismo: Paseo de la Alameda, s/n Tel.: 956 680 993

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