Évora

MurallaA 36 kilómetros la ruta conduce a Évora, que aparece sobre una suave colina, a mitad de camino entre Lisboa y la frontera. Los romanos levantaron la cerca velha, que mantuvieron y fortificaron visigodos y musulmanes. Geraldo Sem Pavor conquistó la villa a los musulmanes en 1165 y, poco a poco, llegó a ser la residencia habitual de los reyes de Portugal. Los cristianos levantaron en el siglo XIV la cerca nova, con 4.000 metros de perímetro, de la que aún perdura la zona noroccidental. Entre los siglos XV y XVI fueron construyéndose los monumentos más notables, al abrigo de la corte financiada por el oro de los descubrimientos, y el mecenazgo de la casa de Avís; surge así la universidad de los jesuitas, que funda en 1559 el cardenal Enrique.

En el siglo XVII se erigió todavía una tercera línea de muralla, la cerca novíssima, con muros poligonales de gran espesor y adarves para la artillería. Se vaya a donde se vaya, en torno a la plaza del Giraldo, se ven monumentos que convierten a Évora en una verdadera ciudad-museo, entre casas blancas, calles angostas e iglesias de imponente fachada.

Porta dos MourosDe época romana perdura la Porta da Moura, de la cerca velha, los restos del templo y el Aqueduto da Agua da Prata. La Catedral de Santa María, románicogótica, data de los siglos XII y XIII, y su museo alberga una extensa colección de obras de arte sacro; frente al templo romano, y convertido en Pousada, se encuentra el convento dos Lóios, del siglo XV, lujosamente decorado; la puerta de la sala capitular es un claro ejemplo del estilo mudéjar portugués, con dobles arcos de herradura.

En la carretera de la estación del tren, extramuros de la ciudad, se encuentra también la ermita de São Bras, obra temprana de Diogo de Boitaca, precursor del estilo manuelino.

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