La Rábida

Saliendo por el otro extremo de la ciudad, a unos 10 kilómetros al sureste, se encuentra el célebre monasterio de la Rábida. Dentro del término municipal de Palos de la Frontera, en este promontorio natural se han sucedido diversos pueblos y culturas, desde los fenicios que adoraban aquí a Baal, hasta los romanos que adoraron a Proserpina. Cuando los musulmanes conquistan la región, se establece una especie de monasterio árabe, en que los ascetas no solo se dedicaban a la oración y la penitencia, sino también a la defensa del lugar fronterizo; los musulmanes conocían este lugar como rábida o rápita, y de aquí procede, con casi toda seguridad, su nombre. En el siglo XIII pertenece a la Orden del Temple, y en el XV ya es convento franciscano, aunque continúa siendo una fortaleza y un refugio contra los ataques piratas, igual que tantas torres defensivas en la costa andalusí. Cristóbal Colón llegó al monasterio en 1484, donde conoció a fray Juan Pérez, confesor de la reina católica, y fray Antonio Marchena; tras muchas discusiones recibe la ayuda suficiente de la reina para su expedición, y aquí prepara los detalles del viaje con Martín Alonso Pinzón.

En el siglo XIX, con las desamortizaciones de bienes eclesiásticos, el monasterio es prácticamente abandonado, hasta que los duques de Montpensier, primero, y la  Diputación Provincial después, se hacen cargo de su restauración. La Corona, al final, lo devuelve a los franciscanos, y en él se conmemora el IV Centenario del Descubrimiento de América. En la iglesia, del siglo XV, hay una escultura del Crucificado, en el ábside de la capilla mayor, de rasgos arcaicos y un inconfundible aire medieval. En una de las capillas se venera a Santa María de la Rábida, más conocida como Nuestra Señora de los Milagros. La zona de la fachada principal contiene la portería, u hospedería, por cuyo vestíbulo se accede a una sala con pinturas murales que representan el Descubrimiento de América, obra de Daniel Vázquez Díaz. El claustro de la hospedería es del siglo XV, aunque las estancias superiores son de fines del XVIII. El claustro de la clausura también data de la primera mitad del siglo XV, y por él se tiene acceso al antiguo refectorio y la sala de conferencias, o capitular, donde Colón se reunía con los frailes a discutir los pormenores de su aventura.

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