Lisboa

Vista de Lisboa desde CastilloLa ruta comienza en este extremo del continente, donde la luz blanca y las casas parecen descender suavemente hacia el Atlántico, una ciudad que una vez fue también parte de al-Andalus. Según la leyenda, Lisboa fue fundada por Ulises; en la desembocadura del Tajo establecieron sus puertos comerciales tanto los antiguos griegos como los fenicios y cartagineses, y durante la dominación romana (que comienza hacia el 205 a.C) este núcleo urbano se llamó Olissipo. Más tarde derivó en Olissipona, de donde resultó la forma árabe Lixbûnâ.

Castillo de San JorgeEn el año 719 los árabes norteafricanos toman la ciudad y comienzan así los 400 años de dominación musulmana, siendo Lisboa la población más occidental de al-Andalus. Los cristianos conquistan la ciudad en 1147, encabezados por Alfonso Henriques y su ejército de cruzados.

Como preludio al recorrido monumental se puede contemplar el acueducto de las Aguas Libres, que fue construido durante el reinado de don João V, a comienzos del siglo XVIII. Pero las grandes obras públicas que dan renombre a la ciudad son consecuencia del terrible terremoto de 1755, tras el cual el marqués de Pombal reconstruye casi todo el centro histórico, conocido desde entonces como Baixa Pombalina. Así, se diseñaron la plaza de Rossio y la de Terreiro do Paço.

El paseo se despliega a ambos lados de la vía Aurea, que une la plaza del Comercio con el Rossio. A un lado, el barrio Alto y el Chiado. Por el otro, la Alfama, el castillo, la Baixa y el Rossio: infinidad de iglesias y monumentos nos esperan en nuestro paseo. Las avenidas más importantes de la capital, la avenida de la Libertad y la del Almirante Reis, parten del Rossio, y son zonas dedicadas a establecimientos comerciales.

Para ir de la Baixa al barrio de Chiado es aconsejable subir en el elevador de Santa Justa. Esta torre de 45  metros fue ideada por Raoul Mesnier du Ponsard, un discípulo de Eiffel, y consta de dos ascensores que comunican la Rua de Santa Justa con el convento do Carmo, que tras el incendio fue convertido en Museo Arqueológico.

En el barrio de Chiado se encuentran las iglesias de Nuestra Señora de Loreto, Nuestra Señora de la Encarnación y Nuestra Señora de los Mártires.

Castillo de San JorgeLa huella andalusí, en el trazado urbano, es innegable al caminar por las callejuelas en zigzag que suben hacia el castillo de San Jorge, antigua alcazaba del Gobernador, en los misteriosos rincones, las fachadas imprevistas que aguardan a cada paso y en el barrio de la Alfama.

La mezquita mayor fue sustituida por la catedral, la , ante cuya fachada pasa el tranvía. Detrás de la Sé está el mirador de Santa Lucía, donde se puede contemplar el monasterio de San Vicente de Fuera y el panteón Nacional.

Justo en el lado contrario siguiendo el estuario del Tajo, por la avenida 24 de julio, y torciendo a la derecha por la avenida Infante Santo se llega a la basílica da Estrela, que muestra una imponente fachada blanca, con frontón neoclásico. Anexo a la basílica está el Jardím da Estrela. Este jardín, con quiosco para la música, es un lugar propicio para sentarse a tomar un vino verde en sus apacibles veladores y disfrutar una serena puesta de sol.

Torre de BelémVolviendo a la avenida 24 de Julio aparece la avenida de la India y, por ella se llega al barrio de Belém, que está bastante lejos del centro de Lisboa, por lo que es aconsejable coger un tranvía. En Belém se encuentran dos de los más bellos monumentos de Lisboa: la torre de Belém y el monasterio de los Jerónimos, ambos de estilo manuelino de principios del siglo XVI y declarados Patrimonio Mundial por la Unesco; y el impresionante monumento a los Descubrimientos.

Patio interior del Monasterio de los Jerónimos

 Junto a los Jerónimos abundan las tabernas y pastelerías (visita obligada, la fábrica dos Pastéis de Belém) siempre llenas de visitantes, que hacen de este rincón uno de los más animados y sugerentes de los alrededores de la ciudad.

 Para darse un chapuzón, se encuentra muy cerca la costa da Caparica que, con su extensa playa, es uno de los rincones favoritos de los lisboetas para disfrutar del mar, al otro lado de la desembocadura del río Tajo. Después de este comienzo, la ruta enfila su ramal exterior y se encamina hacia Setúbal, a 48 kilómetros al sur. Entre los estuarios que forman los ríos Tajo y Sado, se levantan los castillos y fortalezas de Palmela, Setúbal y Sesimbra, cercando con sus torres el Parque Natural da Arrábida, un verdadero paraíso natural y un lugar privilegiado para los amantes del ala delta.

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