Silves

Muralla de la MedinaEl camino sigue más o menos paralelo al mar; en los 40 kilómetros que hay desde Lagos a Silves se encuentra, por ejemplo, Portimão, de gran afluencia turística. A través del río Arade llegaron los griegos y cartagineses a Silves, en busca de cobre y hierro, y de su posición estratégica. En época musulmana, Silves forma parte del imperio almohade; capital no solo administrativa sino también cultural, llega a ser conocida como la “Bagdad de Occidente”: grandes intelectuales y artistas desarrollan aquí su trabajo. El ejemplo más notable es, precisamente, al-Mutamid, al que su padre envió a Silves cuando tenía doce años para que lo educara un poeta, Abu Bakr Ben Ammar, recordado por la historia gracias a unos versos de Mutamid.

Una estatua de Sancho I recibe a quien se acerca al castillo de Silves, en lo alto de una colina; detrás de sus murallas se abre un bello jardín, y después la alcazaba, donde se encuentran la Cisterna de los Perros y la Cisterna de la Mora, las murallas del Arrabal y de la Medina, la Coraza y varios fosos. La fortificación contaba en total con once inmensas torres. En la Rua da Sé se encuentra la catedral (), que fue construida a fines del siglo XIII. Es de estilo gótico y su entrada, la puerta del Sol, da al sur y data del siglo XVIII. En su capilla mayor está el sepulcro de João II y la imagen de Nossa Senhora da Conceiçao. En la misma Rua da Sé se halla la iglesia da Misericórdia, del XVI, con una notable portada lateral de estilo manuelino; la principal es renacentista con columnas toscanas. En la iglesia de Nossa Senhora dos Mártires destaca el pórtico rococó, levantado tras el terremoto de 1755.

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