Ruta de Washington Irving

De Sevilla a Granada.
Gran itinerario Cultural del Consejo de Europa

Esta ruta recorre los pasos que en 1829 siguió el escritor romántico y diplomático norteamericano Washington Irving, fascinado por la riqueza y el exotismo de la civilización hispano-musulmana. Una arteria de comunicaciones establecida muchos siglos antes, que, en la Baja Edad Media, sirvió de vía comercial entre el sur peninsular cristiano y el reino nazarí de Granada. Ruta que, como otras, tuvo un marcado carácter fronterizo. De tregua en tregua, salían para Granada desde las campiñas sevillanas productos agrícolas y ganado, que se trocaban por especias, colorantes, paños y sedas. En sus etapas, el itinerario atraviesa tierras cargadas de una extraordinaria riqueza paisajística y monumental, parajes, pueblos y ciudades repletas de evocaciones históricas, legendarias y literarias. El trayecto une las capitales de las dos Andalucías tradicionales, la Baja y la Alta; dos llanuras, la Campiña y la Vega, separadas por un sugerente viaje accidentado. El camino oscila entre Sevilla y Granada, las dos estaciones obligadas del tour romántico que desde los albores del siglo xix proyectó la imagen de Andalucía en Europa, atrayendo una multitud de artistas, escritores, curiosos y todo tipo de viajeros. En las páginas que siguen se invita al paseante a revivir experiencias y a gozar de un clima, de una naturaleza y de unas ciudades excepcionales, en las que, además de su patrimonio artístico, palpita la acogedora hospitalidad y el abierto carácter de las gentes.

La ruta de Washington Irving se ciñe básicamente al trayecto, de unos 250 km., de la autovía A-92 entre Sevilla y Granada por Antequera. Realiza, además, algunas incursiones a los lados de este eje central: al principio, por el norte, se acerca a Carmona, Marchena y Écija; más adelante se desvía en dirección a Montefrío e Íllora, también al norte; por último, visita Alhama de Granada, unos kilómetros al sur de la A-92.

 

Historia

El extenso territorio surcado por la ruta de Washington Irving constituye una de las zonas de más antiguo y denso poblamiento de la Península Ibérica, calificable de auténtico crisol de civilizaciones. Desde el inicio del viaje hasta su culminación abundan vestigios de las culturas del neolítico y los metales, del mítico reino de Tartesos, de los pueblos ibéricos y de la notable presencia de Roma, que legó los espectaculares yacimientos de Itálica, Carmona y tantos otros.

Murallas de la Macarena en Sevilla. La llegada de los musulmanes en el 711 inauguró un nuevo ciclo que conllevó la inserción de nuevos pobladores y la expansión y consolidación de la cultura decididamente urbana de al-Andalus. Mientras en Sevilla, Archidona, Loja, Alhama y alrededores de Granada se establecieron grupos de árabes, en otros enclaves como Carmona y otras áreas granadinas se instalaron contingentes bereberes que se fundieron con los hispanos islamizados –muladíes–, cristianos –mozárabes– y judíos. Hasta el siglo X, cuando el protagonismo político y cultural de al-Andalus gravitaba en torno a Córdoba, Sevilla, Carmona, Écija, Elvira, aparecen como activos focos más o menos sometidos según las circunstancias a los emires omeyas, mientras la pléyade de castillos y pueblos fortificados que colonizaban campiñas y sierras se muestran episódicamente, unos, como Archidona, asociados a sucesos memorables como la proclamación de Abd al-Rahman I, y muchos de ellos –desde Marchena a Antequera, Loja, Montefrío o Alhama– con motivo de las revueltas acaudilladas por el muladí Umar Ibn Hafsun, que alcanzó a controlar a fines del siglo ix el amplio espacio central por el que transcurre la ruta.

Patio de las Doncellas del Alcázar de Sevilla.La fragmentación del Califato en una multitud de reinos de taifa en el siglo XI desplazó el centro de gravedad del poder en al-Andalus al eje de la ruta que nos ocupa. Sevilla, corte de los abbaditas, del rey al-Mutadid y su hijo, el poeta al-Mutamid, y Granada, capital de los ziríes, se erigieron en los polos principales, incorporando a sus reinos otros estados menores, como el de los birzalíes de Carmona. En los siglos siguientes, los imperios norteafricanos respaldaron el predominio de Sevilla y Granada. Los almorávides, impulsores de un amplio programa de fortificación de ciudades y castillos, tuvieron en Granada uno de sus puntos de apoyo fundamentales. Los almohades, a su vez, continuaron su obra, al tiempo que hacían de Sevilla la capital de su imperio en al-Andalus, engrandeciéndola hasta convertirla en una de las mayores ciudades de Occidente. En el siglo XIII, sin embargo, el eje Sevilla-Granada cambió de carácter. Después de la batalla de las Navas de Tolosa el avance cristiano resultó imparable, y tras la caida de Córdoba y la campiña del Guadalquivir medio, le tocó el turno a Sevilla. En noviembre de 1248 Fernando III recibió las llaves de la ciudad de su último gobernante musulmán. La rendición arrastró una vasta zona de influencia, hasta Estepa y los límites del recién creado reino nazarí con capital en Granada. En la nueva situación y hasta el ocaso del estado granadino en 1492, este camino histórico mantuvo su vitalidad, en época como «ruta de la saca», línea comercial entre cristianos y nazaríes y como vía estratégica en época de conflicto. Mientras las campiñas béticas la surtían de trigo, productos agrícolas y ganado, Granada expedía especias, artículos de lujo, telas, paños, seda sobre todo… A los usos cotidianos de esta tierra fronteriza se superpusieron, por su parte, los incontables hechos de armas que terminaron con la conquista de Granada, incursiones, correrías, batallas, el asedio y toma de Antequera, el cerco de Archidona, el asalto de Alhama y la rendición de Loja, las capitulaciones de Santa Fe, inagotable fuente de inspiración de romances y leyendas y, más tarde, de artistas y escritores románticos.

Washington Irving. Escritor y diplomático americano que da nombre a la Ruta.Precisamente, junto al pasado andalusí, esta ruta pone en escena una segunda historia, la del «descubrimiento» romántico, y turístico, de Andalucía. A tono con la nueva sensibilidad del romanticismo, y después de la proyección de la Península en el contexto europeo que acarreó la Guerra de Independencia, España, y Andalucía en particular, empezaron a recibir una creciente atención como destino viajero. A las rápidas visitas de Chateaubriand y Lord Byron, que recrearon el escenario andaluz en sus obras, siguieron los viajes y estancias del propio Washington Irving, de Richard Ford, Borrow, Delacroix, David Roberts, Mérimée, Gautier, Dumas y lo más granado de toda una generación romántica que difundió de manera definitiva los encantos del sur hispano. Bajo este impulso pionero, Andalucía se consolidó ya desde mediados del siglo XIX como una meta obligada del viajero, un objetivo privilegiado por su escenario natural, por sus costumbres, por su patrimonio artístico, por la evocadora huella de al-Andalus. Una geografía dramática, un arte excepcionalmente refinado, el exotismo, naturalidad y carácter del ambiente y la población, un panorama de leyendas, toreros y bandoleros, de majas, contrabandistas y fandangos al alcance de la mano, en la misma Europa, pero con un pie en el umbral de otras civilizaciones y otros continentes. En esta visión, Sevilla, con la Giralda y el Alcázar, y Granada, la Alhambra, brillaban con luz propia. Así, las etapas de la ruta rememoran el camino seguido por estos precursores, que hoy sigue deleitando a miles de personas.

Como una coda final, también literaria, la ruta muestra su importancia en la poesía española contemporánea. En sus ciudades y paisajes se forjó una sobresaliente generación poética, la del 27, por las calles y tierras de Sevilla, Fuente Vaqueros, Granada, unidas al recuerdo de sus actividades y a la personalidad de figuras como Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y Federico García Lorca.


Paisajes

La ruta de Washington Irving se desliza a lo largo de dos valles fluviales, los del Guadalquivir y su principal afluente, el Genil. Bajo la atenta vigilancia de una corona de montañas formada por las estribaciones del macizo Subbético, su trazado sigue los llanos y pasos que abren los ríos entre Sevilla y Granada. Recorre un paisaje humanizado en su mayor parte, un tapiz de campos de cultivo en el que no faltan, con todo, fascinantes enclaves naturales, como las lagunas endorreicas –alimentadas por aguas subterráneas– de las planicies, las manchas de monte mediterráneo que persisten en cerros y serranías, y las formaciones geológicas de los roquedales calizos.

Casería del Conde.Sevilla despide el último tramo de los 650 km. del «gran río» de Andalucía, el Guadalquivir. La capital se ubica en el fondo del valle, partida por el cauce. En sus cercanías, al oeste, sobresale el Aljarafe, cubierto de olivos, viñas y frutales. Al este, se extienden los olivares centenarios de las terrazas fluviales y de los Alcores, suave meseta que asciende poco a poco, hasta cortarse bruscamente. Alcalá de Guadaira y Carmona inician las etapas del viaje, al filo de los Alcores. Desde su altura se domina la inmensa vega y la campiña cerealista surcada por el Guadaira y el Corbones. Tierra de lomas y colinas suaves, una de las más fértiles de la Península, salpicada de grandes pueblos blancos distantes entre sí. En un promontorio del valle del Corbones destaca Marchena, en una hondonada cruzada por el Genil, se arrellana Écija. A partir de aquí, el trayecto no se apartará del valle de este otro gran río, distanciándose o pegándose a su cauce para remontarlo hasta sus mismas fuentes, en la Sierra Nevada de Granada.

Por Osuna y Estepa la ondulada marea de la campiña baja se encrespa al romper en las primeras sierras, aviso del constante aumento de altitud y relieve a lo largo camino. Los secanos de labor van dejando paso a una creciente legión de olivares que coloniza pendientes y laderas, al tiempo que se observa una serie inicial de zonas húmedas, entre Écija y Osuna, refugio de aves acuáticas. En adelante, el recorrido contornea las sierras estepeñas, la del Becerrero, con el singular paraje del Tajo Montero, y otras con las fauces de cuevas horadadas por el agua en las paredes calizas, hasta llegar a la Roda de andalucía, en el límite de las provincias de Sevilla y Málaga.

El monte bajo de especies mediterráneas, como el acebuche –la variedad silvestre del olivo–, coscoja, jaras, jaguarzo, palmito e innumerables plantas aromáticas, tiñe de verde oscuro los lugares más abruptos, cerros y montes, trepando hasta los pedregales. A caballo entre estos reductos de la vegetación original y los cultivos se desenvuelve una característica fauna salvaje, adaptada a los diversos ambientes: liebres, conejos, erizos, zorros, jinetas, meloncillos, reptiles como culebras y víboras, así como perdices, zorzales, mochuelos, buhos, pájaros como el mirlo, petirrojo y mosquiteros y, en tajos y acantilados, rapaces como halcones, cernícalos y buitres leonados.

Laguna de Fuente de Piedra.La primera población malagueña de la ruta, Fuente de Piedra, se localiza al lado de la Laguna Salada, una reserva natural del máximo interés. Sirve de modelo de las numerosas zonas húmedas endorreicas que se hallan a lo largo del camino. En su perímetro y aguas someras con alto grado de salinidad medra una vegetación halófila, propia de suelos salinos, junto a vegetación palustre, monte mediterráneo y cultivos. Su aspecto más significativo es su condición de refugio de una variada avifauna, con una importante colonia de flamencos a la cabeza. Adelante por la A-92, se suceden Mollina, con la laguna de La Ratosa, y Humilladero, que atienden campos donde se mezclan tierras de labor, viñas y olivares. Al fondo de su fértil planicie se alza Antequera, respaldada por las sierras calcáreas de Chimeneas y de las Cabras, estribaciones de los sistemas Béticos, cordilleras de geología calcárea.

El Torcal.En la vertiente sur sobresalen los fascinantes relieves, auténtico capricho natural, del Torcal. Ante su propia vega, se vislumbra luego Archidona,  también con lagunas. El relieve se acentúa a partir de aquí. De hecho, Loja se ubica en un paso de montaña horadado por el Genil entre el monte Hacho y la sierra de Loja, que rebasa ya los 1.600 m. La ruta prosigue después a través de la Vega de Granada, por Huétor-Tájar. Realiza ahora además dos breves periplos hacia el norte y el sur, adentrándose en parajes más quebrados. Se acerca, así, a Montefrío e Íllora, al pie de la sierra de Parapanda, de 1.604 m. Por el sur, visita Moraleda de Zafayona y Alhama de Granada, sobre una meseta cercada por las sierras de Alhama, Tejeda, que asciende a los 2.065 m., y Almijara, que forman el núcleo del más reciente de los parques naturales de Andalucía. El último tramo del viaje hace estación en Fuentevaqueros, Chauchina y Santa Fe, antes de la meta final, Granada. En este punto, contrastan los feraces regadíos de la Vega con el imponente paisaje monumental de Sierra Nevada, techo de la península, con los picos Veleta y Mulhacén, de 3.481 m., hoy protegida mediante su declaración como parque nacional.

El clima

La ruta atraviesa un área de clima mediterráneo seco, de temperaturas suaves, con medias que oscilan entre los 10° C del invierno y los 25° C del verano, y precipitaciones moderadas, con lluvias, de 400 a 600 mm., en otoño e invierno y un prolongado estío. Este esquema se matiza a lo largo del camino: la zona sevillana es más cálida y templada por su menor cota y la influencia atlántica, mientras el norte de Málaga y Granada responden a una mayor continentalidad y temperaturas inferiores, dada su altitud.

Cultivos

En las campiñas bajas, llanos de Antequera, mesetas de Alhama y entorno de la Vega se extienden las tierras calmas. En terrazas, campiñas altas, colinas y laderas prolifera el olivar, que en algunos pagos, como en Mollina, Humilladero, Alhama, aún convive con el viñedo. En los campos de regadío al este de la ruta predominan cultivos hortofrutícolas y comerciales.

Espacios protegidos

En el transcurso de la ruta se cuentan desde parques nacionales, como el de Sierra Nevada, y naturales como el de las sierras de Alhama, en Granada, Tejeda y Almijara, a reservas y parajes naturales, como las lagunas cercanas a Osuna y las de Fuente de Piedra, la primera en extensión de Andalucía y la segunda de España, la Ratosa y Archidona, al norte de Málaga.

Altitud de la Ruta

Paraje del camino entre Loja y Alhama de Granada.El trayecto asciende paulatinamente desde la cota de Sevilla, a poco más de una decena de metros sobre el nivel del mar, hasta los casi 700 m. de altitud de la capital granadina. En su primer tramo, sube poco a poco hasta rebasar los 300 m. de altitud por Osuna, para superar los 500 y 600 m. hacia Estepa y Antequera. Desde las alturas de Archidona, frisando los 700 m., se remansa en torno a los 500 m. por las tierras de Loja y la Vega, el tramo final de la ruta. En las desviaciones de su eje central resaltan como centinelas Montefrío, Alhama de Granada, encaramadas por encima de los 800 m. de altura.

 Gastronomía

La sabrosa oferta gastronómica que acompaña el transcurso de la ruta se fundamenta en la riqueza agrícola de las tierras que visita, donde predominan la clásica tríada mediterránea de cereales, olivo y vid, junto con el ganado menor y los cultivos de regadío y huerta tan desarrollados en época andalusí. No faltarán a lo largo del camino ventas, restaurantes, mesones, bares, mercados, donde poder apreciar la variedad, frescura y naturalidad de los ingredientes que sustentan una deliciosa gastronomía.

Guiso de habas con alcachofas. El más común y sencillo artículo de la alimentación andaluza, el pan, ha dado fama a muchas poblaciones del camino. De muy antigua consideración gozan los panes –bollos, teleras, medias y un sinfín de variadedes– de Alcalá de Guadaira y otras localidades de la campiña, así como los molletes de Antequera –piezas sin apenas levadura y poca cochura– y el pan de los contornos de Granada, suavizado por la finura de las aguas. El noble fruto del olivo es otro de los protagonistas indiscutibles de principio a fin del trayecto. Los extensos olivares de los municipios sevillanos, de Antequera, de Montefrío, proporcionan excelente aceituna de mesa –con las reputadas variedades manzanilla, gordales y otras características del Aljarafe– y aceites vírgenes de oliva de la mejor calidad; particularmente señalados son los del Aljarafe y los Alcores, Osuna, Estepa, Antequera y su comarca, paraíso de la variedad hojiblanca, y Montefrío, con sus variantes locales serranas. Tampoco escasean por estos pagos los vinos, desde los obtenidos por el sistema de crianza del Aljarafe –finos, olorosos, soleras…–, a los de Mollina, Humilladero y viñas del norte malagueño, amparados por la denominación de origen de Vinos de Málaga, para concluir con los «vinos del terreno» de elaboración artesana de Alhama de Granada.

Mantecados.La cocina, con tan buena escolta de pan, aceite y vino, ofrece un jugoso recetario tradicional, sin excluir la presencia de la cocina de nuevo estilo más contemporánea en el reguero de grandes núcleos urbanos que componen la ruta. La cocina que podría denominarse «de campiña» abunda en potajes y pucheros, guisos de legumbres, verduras y carne, junto con gazpachos, porras y salmorejos, las cremas o sopas frías a base de pan, aceite, agua, tomate y pimiento que constituyen el plato emblemático de los meses cálidos.

En el tramo oriental de la ruta, los regadíos y huertas producen inmejorables verduras y frutas –espárragos de Antequera y Huétor Tájar, habas, alcachofas, habichuelas y todo tipo de hortalizas de los pueblos de la Vega granadina–. En villas de sierra, los estofados y guisos se refuerzan con los embutidos y chacinas que permite el clima más fresco. En cuanto a carnes, además del cerdo y vacuno, el cordero y choto, condimentados a veces según fórmulas deudoras de los usos culinarios andalusíes, proliferan en las áreas cada vez más montuosas según el viaje se acerca a Granada. La caza –perdiz, liebre, etc.–, mientras tanto, amplía el menú con platos de recio sabor sazonados con hierbas aromáticas.

Torno de convento para venta de dulces.El corolario del festín gastronómico que deparan las ciudades y pueblos de la ruta lo pone la repostería. No hay lugar que carezca de especialidades locales en el importante capítulo de la dulcería. Conocidos de sobra son los mantecados, polvorones, roscos, alfajores y otros dulces navideños de Estepa, Antequera y otras localidades, así como las tortas de Écija, roscos y «huesos de santo» de Loja, piononos de Santa Fe, y toda una interminable relación de exquisiteces. Entre ellas, destacan de manera especial los dulces artesanos de los conventos de clausura que jalonan las etapas del camino, recogiendo la refinada sabiduría de añejas recetas.

Ventas, mesones, bares

Interior de una de las ventas del camino.Una de las mejores formas de degustar las excelencias gastronómicas de esta ruta es mediante el «tapeo», probando pequeñas porciones de embutidos, guisos y un sinfín de imaginativas propuestas, en los bares, tabernas, mesones y otros establecimientos de las ciudades y pueblos a lo largo del camino. Pero además, como en toda buena ruta viajera que se precie de serlo, este itinerario aparece jalonado de «ventas», paradores, al borde del camino donde también se cata el atractivo surtido gastronómico local.

Productos de la tierra

La fertilidad y la milenaria tradición agrícola del territorio visitado por la ruta se manifiesta en la calidad y variedad de sus producciones. Cereales, aceite, vino, hortalizas, frutas, productos de la tierra complementados por el pescado de las cercanas costas, que sirven de base al régimen alimenticio, de reconocidos efectos saludables, identificado con la dieta mediterránea.

 Fiestas

Semana Santa sevillana.Las manifestaciones festivas y las actividades artesanas de las etapas de la Ruta de Washington Irving muestran algunas de las más genuinas facetas de la Andalucía tradicional, que tanto fascinara, por su autenticidad y pintoresquismo, a los románticos.

El ciclo festivo de estas tierras sevillanas, malagueñas y granadinas, arranca de las tempranas celebraciones de enero y febrero, con los festejos de la Candelaria y el Carnaval. El tránsito a la primavera está marcado por la suntuosidad de los desfiles procesionales de la Semana Santa, que ofrece incontables variantes locales, a cual más vistosa, desde Sevilla a Écija, desde Antequera y Archidona a Granada.Seise. Personaje típico del Corpus Cristri en Granada. Las romerías campestres de San Marcos y San Isidro, las Cruces de Mayo, Corpus, las primeras ferias, las fiestas de San Juan, evocan el esplendor de la naturaleza entre abril y junio. Las ferias grandes, las ferias ganaderas, los festivales musicales, se suceden en apretada cadencia desde julio a fines de septiembre, hasta el umbral del otoño.

Calendario Básico

La temporada festiva de la ruta se apoya en los siguientes hitos cronológicos, cuya celebración suele ser particulamente notable: Carnaval, Semana Santa, Cruces de Mayo, Romerías, Corpus, fiestas de primavera y las ferias de verano.

Artesanía

Adornos equestres artesanales.El panorama de la artesanía constituye uno de los capítulos más consistentes de esta ruta. La modernidad de Sevilla no obsta para que disponga de un activo nucleo artesano. Famosa es la cerámica de los alfares del barrio de Triana, vidriada, pintada a mano, con una viva gama cromática. La guarnicionería y otros oficios del cuero, forja, vidrio, la artesanía relacionada con la Semana Santa y otras fiestas, la encuadernación y fabricación de instrumentos musicales tienen así mismo una nutrida representación. Carmona, Écija, Marchena, Osuna, ofrecen también numerosas manufacturas ligadas al medio tradicional de la campiña, con algunos de los más reputados talleres de ebanistería, fabricación y restauración de muebles de época y coches de caballos, guarnicionería y forja, junto con bordados, trenzado con fibras vegetales y otras labores.

Carretas para las romerias.Antequera prolonga este repertorio gremial, añadiendo como especialidades además la talla en piedra y madera, cerámica en su propio estilo, trabajos de metal en hierro y latón, y textiles. La albardonería, talabartería, la confección de objetos de esparto y otras fibras, aún se encuentra en diversos pueblos granadinos, como Alhama. El destino final de la ruta, Granada, al igual que Sevilla, es otro importante foco artesano, en cuya producción salta a la vista una y otra vez el influjo nazarí. Sobresalen la alfarería y cerámica de Fajalauza, con motivos y colores heredados de la cerámica islámica, las taraceas, refinados trabajos de incrustación a base de maderas y otros materiales, la orfebrería y joyería, la forja artística, las piezas de cobre y latón –objetos de adorno y uso cotidiano, faroles de compleja geometría y vidrios coloreados–, textiles –bordados, tapices–, repujados en cuero, así como la realización de instrumentos de cuerda –guitarras, laúdes, bandurrias–, con artífices que destacan entre los primeros del ramo.

Maestros artesanos

La variada y rica producción artesana que se encuentra a lo largo del camino es heredera de la potente actividad gremial desarrollada en las ciudades y pueblos de la ruta desde la Edad Media. La cerámica, alfarería, guarnicionería y trabajos en cuero, los bordados y textiles, la forja, sin olvidar la repostería, son sus ramos más destacados, en los que se hace patente la profunda huella de la tradición andalusí.

Recomendaciones para el viaje

La suavidad del clima permite disfrutar el viaje en cualquier época del año. Cada estación, sin embargo, tiene sus peculiaridades. La primavera, quizás la época más recomendable, se anuncia con una explosión de naturaleza. Permite conocer el territorio en todo su esplendor y los pueblos animados por las fiestas. En verano, continúan los festejos, y se puede gozar del apacible retiro estival. El otoño ofrece la singularidad de su colorido y su luz, junto con unas temperaturas templadas. En invierno, el recorrido, que se vuelve más íntimo y acogedor, ofrece la posibilidad de ejercitarse en la estación de esquí más meridional de Europa.

La totalidad del trayecto de la Ruta está señalizado sobre el terreno con un sistema de indicadores que sirven de guía para el desplazamiento por carretera y para las visitas de villas y ciudades. En postes de clara lectura se especifican direcciones, distancias, planos urbanos, lugares y circuitos de interés, Oficinas de Información y otros detalles de utilidad para facilitar la comodidad del viaje. Esta señalización especial, complemento de los indicadores convencionales de carretera, vertebra el área recorrida, resalta los diversos hitos del camino y conecta sus etapas.

Una red de Puntos de Información de la propia Ruta se distribuye a lo largo de las poblaciones que jalonan el camino. Su dirección, teléfono de contacto y otras referencias útiles se detallan en la Guía práctica que puedes descargar registrándote como “Amigo de la Ruta”. En estas oficinas puede obtenerse así mismo información y facilidades acerca de alojamientos, servicios o actividades.

Numerosos alojamientos de todo tipo se encuentran a disposición del viajero en las ciudades y pueblos de la Ruta. Córdoba y Granada concentran el mayor número de plazas, con instalaciones que abarcan todas las categorías. En las localidades esparcidas entre ambas capitales, son numerosos los hoteles, pensiones, albergues, alojamientos rurales y villas turísticas que proporcionan alojamiento tanto en un entorno urbano como en pleno campo. Muchos de estos establecimientos tienen un encanto especial, por su situación de excepcional belleza, por las características de los edificios en que se hallan ubicados o por la calidez excepcional de sus gestores o propietarios, auténticos anfitriones del viajero.

 En Tren

En tren

 

Para llegar a Córdoba, capital del Califato desde otros lugares de España o extranjero, probablemente el mejor medio sea el tren con la opción de la alta velocidad desde Madrid o Sevilla.


En Avion

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Si se llega en avión a España, los aeropuertos internacionales de Málaga o Granada serán el punto para tomar bus o coche alquilado a Córdoba. E igualmente con el retorno desde Granada.


En bus

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A lo largo de la Ruta, el autobús constituye el principal medio de transporte público, enlazando todas las localidades del trayecto con frecuente periodicidad diaria.


En automovil

En automovil

El automóvil es el medio de locomoción que ofrece mayor facilidad y flexibilidad para visitar el conjunto de la Ruta. El trazado de la misma se apoya sobre los ejes de sendas carreteras nacionales, renovadas y en magnífico estado. Una malla de carreteras de diversa categoría completa la red de  comunicaciones locales. En ellas abundan los tramos de notable interés paisajístico.

Toda la información a tu disposición

Rutas por andalucia Datos, contactos, y toda la información relativa a transportes puede obtenerse en los Puntos de Información y en las estaciones de ferrocarril y autobús reseñadas en las poblaciones del itinerario.

 

Establecimientos colaboradores en la Ruta de Washington Irving

Hotel Finca Eslava
Antequera
Ruta de Washington Irving
Hotel Escuela Convento Santo Domingo
Archidona
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Hotel Rural La Seguiriya
Alhama de Granada
Ruta de Washington Irving
Restaurante El Cabildo
Sevilla
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Hotel La Casona del Calderón
Osuna
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Hospedería del Monasterio
Osuna
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AC Sevilla Torneo
Sevilla
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Hotel Abades Mirador
Loja
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