Alcalá de Guadaira

 

Al dejar «la hermosa ciudad de Sevilla», según se despide el propio Irving, la ruta hacia Granada avanza por los Alcores, la suave elevación de roca y albero que ciñe el Guadalquivir por levante. La primera etapa del camino es Alcalá de Guadaíra, llamada por nuestro romántico guía «la benefactora de Sevilla», pues durante siglos la abasteció de agua y de pan, mereciendo el sobrenombre de Alcalá de los Panaderos.

Hoy es uno de los núcleos más poblados e industriosos del área metropolitana de la capital; Alcalá conjuga su pujante actualidad con un pasado literalmente milenario. Abundantes vestigios en el término constatan una prehistoria densa, su afianzamiento con el nombre de Hienipa en el i milenio a. C. y su consolidación en época romana. Creció en época andalusí, apareciendo como uno de los apoyos de los yemeníes Banu Hayyay, señores de Sevilla a fines del siglo IX. Los almohades la convertirían en el XII en bastión defensivo, aljibe y tahona de la capital andalusí, desarrollándose entonces en el emplazamiento actual con la denominación de al-Qalat ued-xira, la fortaleza del río del abasto, síntesis gráfica de sus rasgos fundamentales: un castillo imponente sobre una curva del río Guadaíra moviendo multitud de molinos harineros. Bajo la poderosa alcazaba se expandió el caserío amurallado, germen del casco antiguo de Alcalá.

La toma cristiana de la villa en 1246, por su parte, reúne todos los ingredientes propios del relato caballeresco tan del gusto de los románticos: en septiembre de dicho año Fernando III emprendió una incursión para tantear el asedio a Sevilla; tras devastar el campo de Carmona, se movió hacia Alcalá, que en ese momento abría sus puertas a su aliado –temporal– Alahmar, fundador de la dinastía nazarí, quien acudía para reforzar a castellano con una tropa de 500 caballeros. Alhamar, subsiguientemente, entregó la villa a don Fernando, que se quedaría un tiempo en ella abasteciendo su castillo y enviando expediciones para preparar el sitio de Sevilla, al que serviría de base.

Adquirió después protagonismo en las guerras fronterizas –en su papel de guarnición estratégica de la banda morisca lindera con la musulmana serranía de Ronda – y en las luchas nobiliarias que tiñeron de sangre la Baja Andalucía a fines del siglo XV. Con la paz Alcalá se orientó a menesteres más tranquilos, prosperando, sobre todo en el siglo XVIII, gracias a la fabricación de pan y al cultivo de sus extensos olivares.

Visitas

Castillo

La grandiosa fortaleza de Alcalá, en lo alto de la colina abrazada por el río, impresiona la imaginación del viajero, trasladada a otros tiempos. Su vasto dispositivo defensivo, uno de los más considerables de la arquitectura militar andalusí, es, en su configuración básica, obra de los almohades, mandada construir por el califa Abu Yaqub Yusuf hacia 1172. En el espolón del cerro se distingue la alcazaba, núcleo militar y palatino en el que se alojaron diversos reyes y que fue prisión de estado donde la sufrieron maestres, obispos y duques. El castillo, en el que abundan los detalles decorativos, es de planta irregular, con  once torres, entre ellas una descomunal albarrana –saliente– de 20 metros de altura. Frente al alcázar quedan el ámbito, despoblado, de la villa vieja y un castillo menor o alcazaba. De estos recintos parten los paños de murallas –con puertas como el arco de San Miguel– de los arrabales surgidos ladera abajo. 

Santuario de Nuestra Señora del Águila.

Santuario de Nuestra Señora del Aguila.En el espacio despejado de la villa primitiva se levanta el templo que fue primera parroquia, Santa María del Castillo, erigida sobre una mezquita. Es un edificio mudéjar del XIV, de tres naves sobre pilares y campanario exento que aprovecha un torreón.

Paseos y alrededores

El sector más añejo de Alcalá se agrupa en las faldas del cerro del castillo, hacia el río, con un barrio de casas cueva y la antigua iglesia mudéjar de San Miguel. A levante, sobresale la iglesia parroquial de Santiago, construcción de fines del XV muy reformada al estilo barroco en el XVIII. En sus cercanías se hallan otros elementos significativos del patrimonio de Alcalá, como el edificio del Pósito, de 1763, que presenta una colorista fachada de aspecto entre y mudéjar, el Ayuntamiento y el convento de Santa Clara, fundación de clausura de 1597. Más adelante, se halla la iglesia de San Sebastián, otro templo mudéjar del XIV. Junto al atractivo monumental, y vital, del centro urbano de Alcalá están los hermosos parajes de los alrededores, ideales para el paseo y la excursión. Su pintoresquismo y encanto ya cautivó a toda una escuela de pintores paisajistas desde mediados del XIX, seducidos por los matices de la luz y por el sugestivo escenario de aguas, vegetación, obras y ruinas. En primer lugar, hay que mencionar el río, cruzado por un puente de piedra de siete ojos y de origen romano; a lo largo de las orillas se tiende un frondoso parque, con la ermita de San Roque en un promontorio que sirve de mirador de la ciudad; a continuación sigue el parque de Oromana con sus fantásticos pinares envolviendo un hotel de característica arquitectura regionalista. En el cauce del Guadaíra se suceden los molinos hidráulicos que fabricaban la harina del famoso pan de la localidad, tradición que se remonta al período andalusí, cuando consta que ya eran numerosos. De los más de cuarenta que llegó a haber, se señalan, en el curso del Guadaíra, los de Pelay Correa, Benarosa-San Juan, Algarrobo y la Aceña, y otros muchos en sus afluentes. Río arriba, junto a la carretera de Morón, aparece el estilizado perfil de arquitectura gótica del castillo de Marchenilla, labrado en los siglos XIV y XV.

 

GandulEn el escalón de los Alcores ante la llanura, junto a la autovía hacia Granada, se halla Gandul, enclave de especial magnetismo que no conviene dejar de visitar. De esta antigua aldea despoblada donde Irving hizo un alto en su viaje se mantienen la iglesia rural de San Juan Evangelista, el magnífico palacio barroco de los marqueses del lugar y un masivo torreón almohade que domina una ancha panorámica de la campiña. En las colinas, a su espalda, yacen una necrópolis del período calcolítico –con innumerables sepulcros megalíticos bajo túmulos, como la cueva del Vaquero– y los vestigios de una ciudad romana, quizás la predecesora de Alcalá.

 

Distancias:  15,5 km a Sevilla, 225,5 km a Granada
Provincia: Sevilla
Altitud: 90 metros
Población:56.313 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo : Juez Pérez Díaz, s/n, Tel. 955 621 924 - 955 621 964 (Museo)

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