Antequera

Paso a paso, el viajero se desplaza hasta la encrucijada de Andalucía, Antequera, al norte de Málaga, a las puertas del reino de Granada. Las excelencias de su paisaje, su enjundiosa carga histórica, la autenticidad que retiene hoy como ayer, no pasaron desapercibidas a esos turistas pioneros que fueron los románticos. El mismo Irving la consideró todo un descubrimiento: «Un poco más adelante –escribió allá por 1829– apareció ante nuestra vista Antequera, la antigua plaza de reputación guerrera, asentada en el regazo de la gran sierra que recorre toda Andalucía. Una noble vega se extendía a sus pies, como un óleo de apacible fertilidad enmarcado por elevaciones rocosas. Tras cruzar un río de aguas tranquilas nos acercamos a la ciudad entre setos y vergeles... Todo en esta venerable ciudad tiene un sello decididamente español…».

Panorámica de Antequera desde la villa medieval.Razón no le faltaba, pues hasta su nombre rezuma un pasado ancestral. Anticaria, «antigua», la llamaron los romanos, sabedores de las civilizaciones que les precedieron dejando un espectacular legado de dólmenes de la edad del Bronce. Más fama, con todo, alcanzó su vecina Singilia Barba, denominada luego «Antequera la Vieja». Eclipsadas ambas durante la primacía de Archidona como capital de la cora de Rayya, la musulmana Antaqira resurge en el siglo xi en medio de las disputas entre los reyes sevillanos y los ziríes granadinos, que acabaron por ganarla. Bajo los almorávides y almohades, su personalidad se afirma, de modo que en el siglo XIII, al integrarse en los dominios del reino nazarí de Granada, aparece ya configurada su estructura urbana, con la alcazaba y la medina amurallada. Ibn al-Jatib glosó en el siglo XIV su riqueza agrícola y ganadera, al tiempo que jugaba un destacado papel en la historia del último reino de al-Andalus.

Su toma en 1410 por el infante don Fernando, apodado desde entonces «el de Antequera», marca uno de los sucesos más sonados de la reconquista. Cuenta la leyenda que, hallándose el infante indeciso sobre qué objetivo atacar, se le presentó una joven resplandeciente rodeada de leones que le espetó «Mañana, salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera», sentencia que ha quedado como un lema de audaces. Con un poderoso ejército bien pertrechado de artillería y máquinas de sitio, inició el cerco en abril, completándolo tras derrotar una expedición de socorro salida de Archidona. Efectuado el asalto de la ciudad el 16 de septiembre, a los ocho días se rindieron sus habitantes a cambio de la vida y la libertad, emigrando a la capital nazarita para formar el barrio de la Antequeruela. Hasta la caída de Granada sirvió Antequera de base de operaciones de correrías y campañas que le confirieron un lugar de privilegio en los romances fronterizos. A la conclusión del conflicto, experimentó una etapa de esplendor, brillando como centro cultural y artístico a partir del siglo XVI, prosperidad que acrecentó en el XVIII el desarrollo de una potente manufactura textil. El tendido del ferrocarril en la segunda mitad del XIX vino a afianzar su carácter de capital agrícola y comarcal, extendida sobre un amplio radio a los pies de la villa medieval. El broche de su trayectoria reciente lo puso la firma del «pacto de Antequera» el 4 de diciembre de 1978, germen de la constitución de la comunidad autónoma de Andalucía.

 

Visitas

Alcazaba, murallas

Foto antigua, Plaza de San Sebastián, con la Alcazaba en segundo plano. Los restos de la antigua villa medieval ocupan la parte superior del cerro que domina la ciudad. En su zona más elevada se alza la Alcazaba, formidable muestra de arquitectura militar musulmana en cuyo basamento afloran materiales romanos de acarreo. En ángulo saliente avanza la torre del Homenaje, símbolo de la ciudad, conocida popularmente como del Reloj de Papabellotas por el templete añadido en el siglo XVI con la campana que servía para regular los riegos de la vega. A un lado se distingue otro baluarte cuadrangular, la torre Blanca. Enlazados con el castillo se contemplan los fragmentos de muros, torres y puertas que han sobrevivido de la muralla de la medina, de origen almohade, completada en época nazarí y reforzada por los cristianos. Al sur se distingue la entrada en recodo de la puerta de Málaga y al norte, el postigo de la Estrella.

Arco de los Gigantes, Real Colegiata de Santa María

Postigo de la Estrella. Ante la Plaza Alta se abre el monumental arco de los Gigantes, erigido en 1585 a modo de museo al aire libre con inscripciones y esculturas que enfatizan las raíces clásicas de Antequera. Por donde estuviera la mezquita aljama se labró entre 1515 y 1550 la colegiata de Santa María, hoy sin culto, considerada uno de los mejores logros del renacimiento andaluz. Tiene planta basilical de tres naves separadas por columnas jónicas y arcos de medio punto, bajo armaduras mudéjares de madera y bóveda de crucería en la capilla mayor. Imponente resulta la fachada, según el modelo de las catedrales italianas, a base de sobrias composiciones de elementos arquitectónicos.

Iglesia de San Sebastián

Señalada por su inconfundible torre, presenta fachada a la plaza que es el punto de encuentro tradicional de la población. Diego de Vergara dirigió a partir de 1540 la construcción de esta parroquia elevada en 1692 a la dignidad de Colegiata, remodelándose a fines del XVII y en el siglo XVIII. De trazado renacentista con resabios góticos y adiciones barrocas, consta de tres naves, con portada plateresca y una importantísima torre barroca fundamental en el paisaje antequerano, erigida entre 1699 y 1706 por el alarife Andrés Burgueño. Emparentada con las torres barroco-mudéjares de otras regiones, tiene fuste octogonal de ladrillo profusamente decorado.

Museo Municipal, palacio de Nájera

En una esquina del Coso Viejo, antiguo recinto de los festejos públicos, sobresale el airoso mirador del palacio de Nájera, mansión dieciochesca con un suntuoso patio de columnas que acoge el Museo Municipal. Sus ricos fondos abarcan desde la arqueología, romana sobre todo, al arte sacro y la pintura, significándose especialmente el Efebo de Antequera, magnífico bronce romano del siglo I procedente de una villa, y la imagen a tamaño natural de San Francisco de Asís, obra del magistral escultor granadino Pedro de Mena.

Paseos y alrededores

El portichuelo.La mejor idea de conjunto se obtiene desde el castillo y la villa medieval. El propio Irving evoca que «aquí, sentándome en los restos de una torre desmoronada gocé de una grandiosa y variada panorámica, bella por sí misma y llena de asociaciones románticas e historiadas…». En las inmediaciones de la plaza Alta y las murallas se tienden, al hilo de las curvas de nivel, barrios de sencilla arquitectura popular, como el de San Juan, plagados de detalles artísticos, como el Portichuelo, original capilla votiva de aire mudéjar.

Las cuestas empedradas, adornadas de palacios y casas solariegas, caen hasta el centro neurálgico de la plaza de San Sebastián. Por aquí el visitante se encuentra con esa ciudad de «iglesias blancas y gongorinas» que fascinara al poeta Gerardo Diego. Y es que, desde luego, su número y su interés artístico es tal que su relato sería interminable: desde la iglesia de San Agustín al actual Ayuntamiento, antiguo convento barroco, en dirección al Paseo y la centenaria plaza de toros, al real convento franciscano de San Zoilo, el de la Encarnación y otros templos próximos a San Sebastián. Hacia la puerta de Granada, destacan además la original parroquia de Santiago, precedida de un porche recortado en ladrillo, y los conventos de Santa Eufemia y de Belén.

Conjunto megalítico, de los dólmenes de Menga, el más antiguo, Viera y el Romeral, con túmulos hace más de cuatro mil años.

 

A esta enjundiosa nómina monumental ha de añadirse, al lado de la carretera que sale hacia Málaga y Granada, el excepcional conjunto megalítico, considerado el más notable de España, de los dólmenes de Menga, el más antiguo, Viera y el Romeral, levantados con descomunales bloques de piedra y recubiertos con túmulos hace más de cuatro mil años, cuevas en las que vibra el magnetismo de la prehistoria.

La Sierra del Torcal

El Torcal de Antequera constituye uno de loFormas caprichosas de la sierra del Torcal.s más sugestivos e insólitos parajes de Andalucía, a una legua escasa al sur de Antequera. La erosión de las aguas, de los vientos y los días ha labrado caprichosas formas en la roca, inverosímiles equilibrios de piedra, figuras o turbantes de caliza flotando en la luz irreal del atardecer. Con una extensión de 1.171 has. Forma parte de las cadenas de montañas que atraviesan la provincia de Málaga. Se pueden distinguir varias áreas: las laderas que rodean la meseta del Torcal y la Sierra Pelada aparecen esquilmadas por el secular pastoreo; luego están el Torcal Bajo, donde más se nota la mano del hombre, las Vilaneras, la parte más elevada, con importante presencia vegetal y algunos endemismos, y el Torcal Alto, finalmente, el sector más prodigioso y “surrealista”, con flora y fauna muy especiales de quejigos, majuelos, buitres, halcones, águilas y otras especies. Una red de itinerarios señalizados guía al visitante por los laberintos cársticos, con puntos como el mirador de las Ventanillas, cuya vista alcanza al Mediterráneo. Pueden obtenerse todo tipo de indicaciones en el Centro de Interpretación de este inolvidable paraje natural. 

 

Distancias: 152 km a Sevilla, 100 km a Granada
Provincia: Málaga
Altitud: 577 metros
Población: 40.239 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo: Encarnación, 7, Tel. 952 702 505

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