Carmona

 

Al filo del farallón de los Alcores, la ola amesetada de piedra rubia que domina la campiña, justo en el punto más alto, se eleva Carmona, rotunda, señorial, formando un extraordinario conjunto amurallado cuajado de monumentos. Su estratégica situación respecto a las principales vías de comunicación del valle del Guadalquivir, enmedio de una de las comarcas agrícolas más fértiles de Andalucía, explica su antigüedad milenaria y su inveterada importancia histórica.

El Alcázar de la Puerta de Sevilla y la ciudad amurallada.En su solar se suceden los testimonios de poblamiento desde el neolítico hasta fraguarse uno de los primeros asentamientos urbanos de la Península, al borde del primer milenio anterior a nuestra era. Tras el desalojo definitivo de los cartagineses por Roma a raíz de la batalla de Ilipa, que tuvo lugar en sus cercanías, en el período romano, Carmo alcanzó rango de gran urbe dotada de murallas, puertas, edificios y espacios públicos. De su legado aún se contemplan la monumental puerta de Córdoba, luego reformada, y el puente romano por el que cruzaba la calzada pavimentada de la Vía Augusta. La llegada de los musulmanes en el año 713 significó un notable impulso en el desarrollo de la ciudad, cuyas vicisitudes transcurrieron en estrecha relación con las de su vecina Sevilla. Sin embargo, a diferencia de ésta, donde prevalecían los árabes, Qarmuna constituyó un enclave poblado sobre todo por beréberes. Durante el califato, aparece como capital de una extensa cora o provincia, que, entre otras localidades, abarcaba Lora del Río, Marchena y Paradas.

Al desmoronarse el poder cordobés, encabezaría un estado independiente regido por la dinastía bereber de los birzalíes, que, a la postre, acabaría integrado en el reino abbadita de Sevilla. Sin perder su carácter levantisco, Qarmuna aumentó su categoría bajo el dominio de los almorávides y almohades, que la reforzaron considerablemente, contándose entre las ciudades más destacadas de al-Andalus, según confirman los cronistas. Expuesta a las acechanzas de los ejércitos castellanos desde principios del siglo XIII, se entregó al rey Fernando III el 21 de septiembre de 1247. Su caída fue el preludio de la conquista de Sevilla.

Todavía haría justicia la población a su legendario lema –«Como el lucero de la aurora, así (brilla) en Vandalia Carmona»– hasta el final del medievo, pues sirvió de refugio y de residencia favorita al rey Pedro I, que engrandeció su castillo, actuando como plaza fuerte de crucial relevancia en las guerras contra el reino granadino y en las luchas nobiliarias que ensangrentaron el siglo XV hasta el ascenso al trono de los Reyes Católicos.

En la Edad Moderna, Carmona llevó la existencia propia de las grandes capitales de comarca de la Baja Andalucía, como centro administrativo, agrícola, artesano y mercantil, llenándose de casas-palacio y edificios religiosos. Por fortuna, las transformaciones urbanas de los siglos XIX y XX respetarían en buena medida el valioso patrimonio monumental acumulado a lo largo de un rico pasado, de modo que hoy puede preciarse de poseer uno de los conjuntos más hermosos y mejor conservados de la región, cuyo estatuto de autonomía se redactaría, precisamente, en esta bella ciudad.

 

Visitas

Alcázar de la Puerta de Sevilla

Puente romano al pie de Carmona.El acceso occidental de la ciudad amurallada está protegido por este imponente baluarte de sillería que fue, además, recinto palatino durante la Edad Media. Posiblemente se trate de una de las fortificaciones más antiguas de Andalucía, pues se asienta sobre un bastión del siglo VIII a. C., reformado por los cartagineses y ampliado hasta adquirir su trazado básico actual entre los siglos III y I a. C. por los romanos, que erigieron un templo sobre el núcleo militar.

Los musulmanes completaron su poderosa estructura entre los siglos IX y XII, modificada más tarde por los cristianos. La puerta consta de dos pasos, el primero de factura islámica, con arco de herradura, y otro segundo de obra romana. A su lado, se alza la fortaleza, con la esbelta torre del Homenaje en el frente, una plataforma, el patio de los Aljibes, con la cisterna sobre la que estuvo el templo romano, la torre del Oro y el Salón de los Presos, residencia de los alcaídes y presidio de nobles del período cristiano medieval.

Alcázar de Arriba, puerta de Córdoba

El perímetro amurallado que encerraba la villa de Carmona, construido y recrecido sucesivamente desde el primer milenio a. C. hasta su conclusión en la Edad Media por musulmanes y cristianos, tenía otro de sus puntos fuertes en el sector más elevado, al borde del Alcor. Esta potente fortaleza, que protegía la puerta de Marchena, es obra musulmana en su mayor parte con sustanciales modificaciones del siglo XIV debidas a Pedro I, quien lo utilizó como residencia y castillo para guardar tesoros, amantes y enemigos. Al norte del alcázar de Arriba se halla la puerta de Córdoba, flanqueada por dos torreones. De origen romano, debe su aspecto neoclásico a la intervención realizada por José Echamorro en 1800.

Iglesia prioral de Santa María

Sobre el oratorio de la mezquita aljama de Qarmuna se inició a comienzos del siglo XV la erección de la iglesia mayor a imitación de la catedral sevillana. Se preservó, sin embargo, la base del alminar y el patio de abluciones musulmán, el shan, o patio de los naranjos, cuya disposición primitiva aún se observa, con galerías de arcos apuntados y gruesas columnas, en una de las cuales está grabado un calendario visigodo del siglo VI, testimonio de la superposición de cultos en este ámbito. El interior gótico de la iglesia cobija una cuantiosa serie de piezas artísticas, como el retablo mayor de Juan Bautista Vázquez el Viejo, del XVI, y las excelentes pinturas de Pedro de Campaña y Francisco de Zurbarán de la capilla de San José.

Museo de la Ciudad

Casa del marqués de las Torres, Museo de la Ciudad.Al lado de Santa María, en la casa palacio del marqués de las Torres, un edificio del siglo XVI profundamente remodelado en el XVIII, se encuentra el museo dedicado a Carmona que, además de ofrecer una exhaustiva revisión de su pasado y sus tradiciones, brinda la ocasión de conocer una de las mejores casas solariegas de la localidad. En las salas que se articulan en torno a sus patios residenciales y de servicio se exponen materiales, maquetas y restituciones acerca de la evolución de la población desde el paleolítico hasta la actualidad.

Iglesia de San Pedro

Entre las innumerables referencias de visitas de que disfruta Carmona, sobresale especialmente la iglesia de San Pedro, emplazada extramuros, enfrente de la puerta de Sevilla. Iniciada en el siglo XV, su fisonomía responde no obstante a las obras ejecutadas en el siglo XVIII, que le dieron un airoso tono barroco. Capta la atención, en primer lugar, su campanario, copia reducida de la Giralda sevillana. Resalta asimismo su fina decoración de ladrillo recortado y azulejería, y la espléndida capilla sacramental, modelo de arquitectura dieciochesca.

 Paseos y alrededores

Calle del casco antiguo.Carmona es una ciudad abierta a innumerables paseos, tal es su riqueza monumental y su acogedora atmósfera, que retiene toda la pureza de un clásico pueblo andaluz. Baluartes, templos, conventos, mansiones, calles, adarves y rincones que componen un laberinto mágico, un entresijo de fachadas níveas de cal, con portadas de piedra y ladrillo, balcones y ventanas enrejadas que guardan celosamente zagüanes y patios íntimos. Aunque cada uno encontrará sin dificultad su propio itinerario en este conjunto preciosista, la andadura puede iniciarse por el alcázar de la puerta de Sevilla, para continuar hasta la plaza mayor de San Fernando, jalonada por la Casa Mudéjar, el Cabildo Viejo y las casas con miradores que presenciaron los festejos de antaño.   

Al sur, quedan San Bartolomé y el barrio de San Felipe, reducto añejo arracimado en torno a su parroquia mudéjar señalada por su torre-fachada. Al norte se alcanza el barrio de San Blas, popular y enrevesado, con fragmentos de muralla entre las casas y una iglesia plantada en el solar de la sinagoga de la judería medieval. En las inmediaciones de la plaza de San Fernando se multiplican las notas de interés: la porticada plaza de Abastos, el Ayuntamiento, con sus mosaicos romanos, la iglesia del Salvador, palacios como los de los Aguilar y los Rueda, la iglesia de Santa María, el Museo de la Ciudad, el hospital de la Caridad, el convento de Santa Clara..., una nómina interminable que se prolonga hasta el barrio de Santiago, centrada por una parroquia cuyo campanario fue alminar de mezquita. Al final se yerguen el alcázar de Arriba y la puerta de Córdoba, oteando la amplitud de la vega, y, a sus pies, las ermitas de la patrona Nuestra Señora de Gracia y de San Mateo. El casco extramuros invita también a un recorrido, por San Pedro, la frondosa Alameda y el Paseo, siempre animado, hasta la necrópolis romana, de visita inexcusable.

La Necrópolis Romana

Al oeste del casco urbano se ubica uno de los principales monumentos romanos de la Península, una excepcional necrópolis con más de dos centenares de enterramientos datados entre el año 50 a.C. y el 360. Descubierta casualmente en 1869, ocupa una vasta extensión junto a los restos de un anfiteatro y un tramo de la Vía Augusta.

Necrópolis romanaLas excavaciones han desvelado un conjunto prodigioso, estructurado por tres caminos que conectan desde sencillas y simples sepulturas de cámara subterránea con nichos, hasta complejos mausoleos. En este fascinante mundo de ultratumba, destaca la llamada tumba de Servilia, que, sobre una superficie de unos 1300 m2 , desarrolla pórticos de columnas y diversas estancias decoradas con pilastras, molduras y pinturas murales. La tumba del Elefante, por su parte, concita un magnetismo especial derivado de su riqueza simbólica. Se trata de un pequeño santuario de la religión frigia donde se celebrarían las fiestas del nacimiento del sol y del comienzo de la primavera, así como otros ritos iniciáticos. En ella aún se observa la escultura de un paquidermo, el símbolo de la luz. Las salas del museo de la necrópolis, con una multitud de piezas halladas en el yacimiento, completan la gratificante visita.

Distancias: 30 km a Sevilla, 208,5 km a Granada.
Provincia: Sevilla
Altitud: 248 metros
Población: 25.266 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo: Alcázar de la Puerta de Sevilla, s/n, Tel. 954 190 955

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