Écija

El ondulante vaivén del mar de lomas cultivadas marca el ritmo del camino entre Carmona y Écija. Sigue el trazado de las históricas rutas de la campiña, la romana Vía Augusta que comunicaba las capitales béticas, el Camino Real que transitaron las diligencias. Atraviesa un paisaje despejado, geométrico, casi abstracto, cuya inmensidad, junto a la legendaria presencia de famosos bandoleros, sobrecogió a más de un viajero romántico.

Vista general de Écija.Súbitamente aparece Écija –«el pueblo que no se ve hasta que se está encima»–, con su caserío blanco erizado de torres en un valle a orillas del Genil. Con sólo verla, el viajero respira la proverbial longevidad de tantas ciudades andaluzas. Los restos arqueológicos más antiguos de la llamada Astigi Vetus se remontan a la Edad del Bronce y la cultura tartésica. La población conocería luego un brillante período de esplendor en época romana, convertida en Colonia Augusta Firma Astigi, a la cabeza de un vasto distrito que llegaba más allá de la actual ciudad de Granada. Se formó entonces un primer casco urbano amurallado, con la típica planta en damero de los asentamientos latinos, lugar donde germinó después uno de los focos iniciales del cristianismo hispano, alcanzando a ostentar la categoría de sede episcopal durante el reino visigodo. En el año 711 fue una de las primeras ciudades sometidas a los musulmanes, mediante pacto con el señor local. Istiya se convirtió en capital de una cora o provincia, conservando una comunidad de mozárabes –cristianos afincados en al-Andalus– que a fines del siglo IX tomaría partido por el rebelde Umar Ibn Hafsun, circunstancia que motivó su violenta conquista por Abd al-Rahman III en el 913 y su declive momentáneo. El dominio de los almorávides y, sobre todo, de los almohades revitalizó a continuación la medina de Istiya, que emerge, dotada de nuevas murallas, mezquitas y zocos, como una de las principales urbes andalusíes de los siglos XII y XIII. Se entregó al rey Fernando III en 1240, en el curso de su imparable avance hacia Sevilla por el valle del Guadalquivir.

Écija en una imagen del siglo XVII.Hasta el ocaso de la Edad Media, Écija compaginó su papel como centro agrícola y artesano con la activa participación en la guerra de Granada. A partir del siglo XVI se benefició de la prosperidad general de la Baja Andalucía, plasmada en el monumental escenario de iglesias, conventos y palacios que, entre otros personajes ilustres, vieron nacer al literato Luis Vélez de Guevara. Convertida en la «ciudad de las torres», era según su emblema heráldico la «ciudad del sol», un título que se ajusta a la perfección a la limpieza de sus cielos.

 

Visitas

Recinto amurallado

Conformando una extensión urbana inferior a la existente en época romana, los musulmanes construyeron un dispositivo que incluía la residencia del gobernador y el recinto fortificado, obra sobre todo de los almohades, del siglo XII, del que subsisten fragmentos entre las casas. De la treintena de torres de las que hay restos, sobresale la albarrana de la plazuela Quintana, de planta octogonal.

Parroquia Mayor de Santa Cruz

Esta iglesia resume en su obra inacabada las principales etapas de la historia local. Es probable que aquí estuviese la primitiva catedral cristiana donde los musulmanes instalaron luego la mezquita aljama, que ha dejado su recuerdo en el patio porticado y dos epígrafes en árabe del siglo x incrustados en la torre. El medievo cristiano se manifiesta en la elaborada portada mudéjar con yeserías del patio, y el renacimiento en el campanario, relacionado con la Giralda sevillana. Tras la ruina del templo por el terremoto de 1755, se reconstruyó entre 1776 y 1836, levantándose un santuario neoclásico que quedó inconcluso. En su interior, destacan el camarín de la patrona, Nuestra Señora del Valle, el sarcófago paleocristiano de finales del siglo v con relieves del Buen Pastor, el altar, la magnífica custodia de plata, orfebrería, retablos, pintura y escultura.

Iglesia de Santa María

Santa María.Ante su fachada se levanta el Triunfo a la Virgen del Valle, una hermosa columna barroca esculpida en 1766. Llama la atención la torre de la iglesia, iniciada en 1717, la más cercana al modelo de la Giralda, con profusa decoración de azulejos y ladrillo moldurado. El edificio actual se erigió en la segunda mitad del XVIII según proyecto de Pedro de Silva. Se configuró un conjunto de apariencia neoclásica, que alberga en su interior un patrimonio artístico extraordinario, del que cabe señalar la sillería de coro tallada por Juan de Mesa en 1628, el rico tesoro de orfebrería y la colección arqueológica –esculturas, relieves, lápidas – expuesta en el claustro anexo a la iglesia.

Plaza de España, el Salón

Plaza de España. Imagen anterior a los últimos hallazgos arqueológicos.Constituye el centro neurálgico de la vida local; está centrado por una fuente, presidido por el Ayuntamiento –edificio historicista en cuya sala capitular se muestran admirables mosaicos romanos –, y flanqueado por la acera de San Francisco, donde se alzan dicha iglesia y convento y varias viviendas con tiendas que son una bella muestra de arquitectura popular de aire castellano. También saltan a la vista los «miradores», altos edificios con soportales y galerías abalconadas para asistir a los espectáculos públicos que se celebraban en la plaza.

Santa Bárbara, San Juan, San Gil

En las cercanías del Salón, hacia el Genil, se suceden iglesias, palacios, conventos, como el templo neoclásico de Santa Bárbara, con una sillería de coro rococó de 1762 que muestra la maestría de los tallistas locales. San Juan sobresale por su airosa torre, la que mejor representa el barroquismo ornamental, rematada en 1768 según proyecto de Pedro de Silva. La más estilizada y elegante es la torre de San Gil, terminada en 1782, junto a un templo edificado entre los siglos XV y XVIII que preserva las esculturas del Cristo de la Salud, la Virgen y San Juan, de mediados del siglo XVI, y pinturas de Alejo Fernández, entre otras piezas de interés.

Palacio de Peñaflor

Balconada del Palacio de Peñaflor.La suntuosa serie de casas palacio ecijanas comprende ejemplares tempranos como el palacio de Valdehermoso, con una clásica portada renacentista del XVI. Sin embargo, la mayoría se adscriben al barroco del XVIII, como el palacio de los marqueses de Peñaflor, fechado en 1726, el más vistoso y emblemático de la ciudad, con una dilatada fachada que sigue la curva de la calle, con balcón de forja corrido y paramentos con pinturas murales de encendido cromatismo. En la esquina al pie de un mirador, sobresale la escultórica portada que da paso al apeadero, caballerizas y al patio porticado.

Palacio de Benamejí, Museo de Historia Local

Caballerizas del Palacio de Benamejí.En este espléndido palacio del primer tercio del siglo XVIII, con dos torres mirador y una magnífica portada en piedra, se encuentra el museo local, que en cuatro salas muestra hallazgos arqueológicos –mosaicos, cerámica y otras piezas – y paneles explicativos acerca del pasado de la ciudad y una quinta sala dedicada al caballo. Espectacular resulta el edificio en sí, con apeadero, caballerizas, patio con galerías y una fastuosa escalera.

 

Santiago, las Teresas y otros conventos

Digna de reseña es la iglesia gótico-mudéjar de Santiago, iniciada a fines del XV y reformada en el XVIII. Guarda dos obras magistrales, el retablo mayor pintado por Alejo Fernández en el XVI, y el del Cristo de la Expiración, con la imagen del Crucificado de Pedro Roldán, de 1685, y óleos del XVI de Pedro de Campaña. Varios conventos se distinguen en los aledaños de Santa María, como el de las Teresas –instalado en una casa palacio de los siglos XIV-XV cuyos azulejos, yeserías y armaduras recuerdan los del alcázar sevillano –, el de las Marroquíes –así llamado por el apellido de su fundador, con una preciosa espadaña – y el de Santa Florentina, conjunto de edificios de los siglos XVII y XVIII cuya capilla exhibe un retablo con imaginería de Pedro Roldán.

Paseos y alrededores

Las visitas indicadas arriba sirven de referencia para disfrutar de un recorrido por el casco histórico de Écija, un conjunto de una densidad monumental poco corriente donde el paseante se ve gratificado por la acogedora animación y hospitalidad de la gente.

Plaza de España.A partir de la plaza de España, se puede trazar un primer itinerario por las sinuosas calles que rodean la iglesia de Santa Cruz, para continuar hacia Santa María, el palacio de Benamejí y Santiago, y seguir por San Juan, San Gil y los palacios de Peñaflor y Alcántara hasta la orilla del Genil, con el puente, el monumento a San Pablo y el parque ribereño. Con enclaves tan sugerentes como el castillo de la Monclova, la campiña circundante invita al paseo y las actividades –es el medio ideal para el caballo –, entre los campos moteados por la blancura de los cortijos y los viejos molinos.

 

Distancias: 93,6 a Sevilla, 200 km a Granada
Provincia: Sevilla
Altitud: 110 metros
Población: 40.000 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo: Plaza de España, 1,  Tel. 955 902 933   

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