Estepa

A partir del oasis de Aguadulce, al este de Osuna, la campiña se encrespa y cede ante las colinas cubiertas de olivos y los relieves calizos de Estepa. Según declara el mismo Irving, en este punto «…nos adentramos en la sierra», cruzamos el umbral de la baja Andalucía con el montuoso reino granadino.

Vista de Estepa.Su estratégica y ventajosa posición en altura cerca de importantes vías de comunicación explican la antigüedad del asentamiento, notable en época tartésica, turdetana y púnica, cuando Astapa, al ser atacada por Lucio Marcio en el 206 a. C., protagonizó el célebre suceso del suicidio colectivo de sus habitantes para impedir su captura. Reconstruida y romanizada con el nombre de Ostipo, fue después la musulmana Istabba, citada como hisn, castillo con villa amurallada a la cabeza de un distrito, que tuvo una activa participación en los sucesos de al-Andalus.

A fines del siglo IX se tiene constancia de la toma de Istabba en el curso de las revueltas del muladí Umar Ibn Hafsun; durante los reinos de taifas, sus dueños ziríes granadinos se la canjearon a los abbadíes sevillanos por Alcalá la Real. Dotada de alcazaba, mezquita y medina, dió personajes ilustres, signo de prosperidad, como el poeta al Zawwali, fallecido en Marrakech en 1220.

Desde su conquista por Fernando III en 1241 y su entrega en 1267 a la orden de Santiago para garantizar su defensa, Estepa fue una plaza fronteriza clave en las guerras con el reino nazarí. Al principio muy expuesta, en primera línea, y relativamente resguardada desde la caída de Antequera en 1410 –pues todavía habría de sufrir las incursiones del alcaide de Loja Abu-l-Asan Ali, príncipe heredero del reino de Granada –, la ciudad fue rompiendo el recinto de murallas y formando arrabales ladera abajo –la Coracha, calle Ancha…–, flujo imparable que llevaría al total despoblamiento del cerro y a la consolidación de la población en su emplazamiento actual.

Durante siglos viviría la pausada existencia de una cabecera agrícola y señorial, pues en 1559 fue vendida por la corona a la familia genovesa de los Centurión, poco después titulados marqueses de Estepa. Las tensiones del siglo XIX acentuarían un fenómeno que si no particular –afectaba a amplias zonas de Andalucía –, sí tuvo un gran desarrollo en su entorno: el bandolerismo. A las partidas guerrilleras de época napoleónica sucedieron las cuadrillas de signo menos político y más social. De los numerosos bandoleros que hicieron de Estepa su centro de operaciones, trascendió especialmente la fama de Juan Caballero, José María el Tempranillo, el Vivillo y el Pernales, quizá el último bandolero al que la literatura romántica, ya en el siglo XX, ha tratado como tal.

Visitas

Recinto amurallado, torre del homenaje

Torreón del recinto amurallado y vista de Estepa. Los restos de la fortaleza y de la villa medieval amurallada erizan la meseta superior del cerro de San Cristóbal. El conjunto defensivo fue levantado básicamente por los musulmanes, que hicieron de él uno de los más importantes de Andalucía. Tras la conquista fue muy reforzado por los caballeros de Santiago, que recubrieron los muros de piedra, añadieron torres y labraron, a fines del siglo XIV por orden del maestre don Lorenzo Suárez de Figueroa, un poderoso alcázar, con la torre del homenaje de 26 m. de altura, que todavía se yergue entre las ruinas de palacios, acuartelamientos y otras estancias.

Santa María

Vista de Santa María.Cerca del torreón, en medio de lápidas y vestigios de la villa vieja, se alza la iglesia mayor y matriz consagrada sobre una mezquita y dedicada a la Asunción por Fernando III al haber ganado Estepa, según la leyenda, el 15 de agosto, día de la Virgen. El aspecto de fortaleza de este templo encaja bien con sus constructores, los monjes-guerreros de la orden de Santiago. El sector de la entrada corresponde a la obra más primitiva, del siglo XIV, un área por donde se han rastreado indicios de la mezquita anterior; sigue a éste otro cuerpo gótico de mayor amplitud, de tres naves con bóvedas estrelladas, ejecutado a comienzos del XVI.

Conventos de Santa Clara y San Francisco

Dos monasterios de la orden del santo de Asís, tan favorecida por la estirpe genovesa de los marqueses de Estepa, descollan en la cumbre del cerro. A levante, el convento de Santa Clara, fundado en 1598 y edificado en las décadas siguientes, cuyo rotundo y severo exterior reserva la sorpresa del interior de la iglesia, un exuberante relicario barroco forrado de yeserías, pinturas murales y retablos dorados. A poniente está San Francisco, con la iglesia barroca, del primer cuarto del XVII, de Nuestra Señora de Gracia, que guarda una admirable talla de San Francisco de Asís.   

Torre de la Victoria

Símbolo de Estepa, este grácil campanario barroco, resto aislado del extinto convento de frailes mínimos de su nombre, consta de cinco cuerpos de ladrillo finamente labrados, con remate de chapitel y veleta. Se acabó en 1766.

Museo de Historia Local

Pareja de guerreros en un relieve descubierto en Estepa.A un paso de la torre de la Victoria, en un inmueble con portada clásica que fue escuela y cárcel, se encuentra el museo de historia local, dedicado al P. Martín Recio, franciscano del cerro que alentó la formación de su colección. Sus fondos muestran hallazgos de los alrededores, que van desde útiles líticos del paleolítico a objetos y piezas de época ibérica, romana, visigoda y musulmana.

 

Iglesia de San Sebastián

Iglesia de San Sebastián.Ya en el área central del casco urbano, se sitúa este espacioso templo parroquial de tres naves y capillas anejas, iniciado en el siglo XVI y terminado en el XVIII. Ostenta una portada de aire clasicista a los pies y otra, barroca, de piedra tallada en la característica caliza local, en uno de los laterales. Especial atención merece la valiosa serie de imaginería que contiene, sobre todo del siglo XVIII, a lo largo de sus retablos y capillas. 

 

Iglesia del Carmen

Portada de la Iglesia del Carmen.Ubicada al lado de la plaza del ayuntamiento, es una capilla de una sola nave, con camarín y sacristía adosados a la cabecera, precedida por una espectacular portada a base de mármoles tallados blancos y negros y movida composición, datada en 1768. El refinamiento de sus acabados la convierten en uno de los conjuntos decorativos más homogéneos y representativos del barroco andaluz del XVIII, tanto por su arquitectura como por su adorno mural, pinturas, retablos e imágenes.   

Iglesias de la Asunción y de los Remedios

Localizadas al oeste del casco urbano, son otras tantas muestras del rico barroco estepeño. La iglesia de la Asunción, edificada a mediados del XVII y redecorada en el XVIII, despliega en su interior todo un alarde de recursos ornamentales. A su lado se ve la casa palacio de los marqueses de Cerverales, de mediados del XVIII, la mansión señorial de mayor empaque de Estepa, con una bella portada en piedra de sirenas y vibrantes columnas salomónicas. Ante la placeta de su nombre se ubica la iglesia de los Remedios (Vera Cruz), antigua ermita medieval transformada en joya del barroco en el siglo XVIII al añadirse un fastuoso camarín y sacristía de deslumbrante y abigarrada decoración –a base de yeserías, pinturas, relieves, jaspes, etc.–. En sus inmediaciones, en la esquina de la calle Amargura, se observa un airoso balcón mirador de delicada forja barroca, recuerdo de otro bello palacete del XVIII.

Paseos y alrededores

El ascenso obligado al cerro de San Cristóbal es el principio más aconsejable de un paseo por Estepa. Con la discreta compañía de pinos, torres y conventos, se puede disfrutar desde aquí de una de las mejores panorámicas de la región. Ante el balcón de Andalucía, el mirador al pie de la iglesia de Santa María, se abre un horizonte infinito que, en días claros, alcanza a las provincias de Sevilla, Córdoba, Málaga y la sierra de Granada.Por el carril empedrado que desciende de la colina, y por las cuestas, escalinatas y calles de blanca arquitectura popular, se llega a San Sebastián y se callejea hasta el corazón del pueblo, la plaza del Carmen, el Salón.

Vista de Estepa en la que destaca la Torre de la Victoria, emblema de la ciudad.El itinerario puede proseguir por los puntos de interés de las inmediaciones, a lo largo de la arteria central de la calle Mesones, que se encamina hacia el oeste, hasta la iglesia de los Remedios y la ermita de San Marcos, la más humilde de la localidad; o también puede ir en dirección opuesta, por los encantadores rincones populares hacia la ermita de Santa Ana. Por debajo de la carretera crece otra ciudad nueva, con los establecimientos de mantecados. Además de las visitas y de practicar el ritual del tapeo por los bares, para el que Estepa está muy bien dotada, se puede salir de gira y echar un rato al aire libre, por el Tajo Montero, lugar mistérico de la antigüedad y sugerente paraje de la sierra calcárea que crece a espaldas del pueblo, al lado de la carretera de Gilena. También resulta atrayente la posibilidad de acercarse al monte Hacho y a Lora de Estepa, un agradable enclave con estupendas ventas.

Mantecados y Polvorones

En el ámbito nacional e internacional, Estepa es conocida en primer lugar por sus dulces navideños, los afamados mantecados, polvorones, roscos de vino, alfajores, delicias y diversas especialidades que salen de sus fábricas y obradores artesanos. Su fórmula incluye harina, manteca de cerdo, azúcar, canela, ajonjolí, anís y otras especias, entre sus ingredientes, y grandes dosis de destreza e ingenio en su elaboración.

Mantecados. Dulce típico navideño.La difusión de los mantecados de Estepa empezó a mediados del siglo pasado gracias a La Colchona, mujer de un cosario, transportista local, que empezó a distribuirlos por los pueblos del camino de Córdoba y en la capital califal. Pronto ganó gran número de adeptos, extendiéndose a Sevilla, Granada y otras áreas andaluzas. Desde entonces, la industria y la proyección del mantecado no han cesado de crecer. En el otoño, al iniciarse la campaña navideña, lavilla se sumerge en el fragante aroma de las especias y los hornos. Varios son los establecimientos que permiten al visitante observar el proceso de elaboración de estos dulces; uno de ellos cuenta incluso con un Museo del Mantecado, en el que se recrean los principales aspectos de esta tradicional repostería mediante objetos tradicionales  empleados en su fabricación y escenografías de sus principales labores. 

 

Distancias: 110 km a Sevilla, 131 km a Granada
Provincia: Sevilla
Altitud: 604 metros
Población: 11.593 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo. Ayuntamiento: Plaza del Carmen, 1 y 2, Tel. 955 912 717-955 912 510

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