Loja

Vista panorámica de Loja.El embrujo romántico del reino de Granada aflora en Loja, la estratégica ciudad enclavada entre dos sierras, en el punto donde el Genil rompe el cerco de montañas que ciñen la Vega. Su perfil, con la alcazaba nazarí escoltada por campanarios cristianos sobre un mogote rocoso, sigue produciendo un golpe de efecto en la retina de los viajeros. Dejemos que sea un emocionado Washington Irving el que nos introduzca en la primera etapa granadina de su peregrinaje a través del corazón de Andalucía: «Nuestra ruta vespertina nos llevó por un vertical y escarpado desfiladero montañoso llamado Puerto del Rey; se trata de uno de los grandes pasos que dan acceso a los territorios granadinos, por el que el rey Fernando condujo a sus tropas. Al anochecer, el camino ofreció a nuestra vista, tras rodear una colina, la famosa ciudad fronteriza de Loja, que rechazó a Fernando desde sus murallas. Su nombre árabe significa guardián, y eso es lo que fue para la Vega de Granada, uno de sus centinelas avanzados. Fue en su día la fortaleza del fiero veterano Alí Atar, suegro de Boabdil… Por su situación dominante a las puertas de este paso montañoso, Loja ha sido denominada, con notorio acierto, la llave de Granada».

Al margen de las nebulosas explicaciones de las antiguas crónicas, que atribuyen su fundación a Túbal, nieto de Noé, adjudicándole los míticos nombres de Alfeia, Tricolia o La Civis, la arqueología demuestra el poblamiento de su solar desde el siglo xi antes de la era cristiana. Sin embargo, a pesar de los hallazgos de la Edad del Bronce y del entorno cultural fenicio, íbero y romano, la ciudad sólo alcanzó su verdadera dimensión urbana tras la llegada del Islam. Bajo la denominación de Madina Lawsa, aparece como un enclave de marcado valor estratégico, en medio de una tierra poblada por clanes árabes venidos en las primeras décadas de la conquista musulmana.

Yacimiento megalitico de Sierra Martilla.Fundamental resultaría su apoyo en la proclamación del omeya Abd al-Rahman I, creador del emirato independiente de al-Andalus. En el siglo IX, Lawsa sirve de reducto militar del poder cordobés frente al rebelde Ibn Hafsun. Más tarde, durante el gobierno almohade, es citada con motivo de su toma y destrucción en 1225 por Fernando III con el auxilio del gobernador musulmán de Jaén, al-Bayasi. El cenit de la urbe andalusí llegaría en los años subsiguientes, al instaurarse el reino nazarí y convertirse en antesala de Granada y en baluarte defensivo de la Vega. Se rehicieron su fortaleza y sus murallas, mientras se multiplicó su población. El polígrafo Ibn al-Jatib aporta una viva descripción de su ciudad natal en este período: «tiene rostro risueño, un aspecto fascinador, un río de copiosa corriente y muchos arroyuelos, frondosas arboledas… jardines y verdaderas delicias. Allí se encontraba cuanto podía apetecer de molinos de rueda y de mujeres hermosas, que curaban los males del corazón… Tenía calles angostas y pendientes y, para transitarlas, había que pasar por gargantas estrechas…». La caída de Antequera, Archidona y otras plazas fronterizas aumentó su importancia estratégica en el siglo XV. Finalmente, en 1482 y 1485, fue atacada en vano, por Fernando el Católico, que hubo de retirarse con cuantiosas pérdidas. En mayo de 1486, tras un penoso asedio y duros asaltos que quedaron entre las gestas bélicas más notables de la guerra, acabó por capitular. La entregó el mismísimo Boabdil, mientras sus cinco mil almas, al decir de los cronistas, marchaban camino de Granada. Siguió la repoblación y la renovación de sus edificios por sus nuevos señores cristianos, prolongando hasta el presente su papel como encrucijada de caminos, lugar de mercado y comercio y capital de una rica comarca.

 

Visitas

Alcazaba y murallas

La fortaleza, la alcazaba, ocupa la parte superior de la colina rocosa que domina el casco urbano. Aunque sus primeras noticias se remontan al siglo IX –hay referencias de su reforzamiento por los gobernantes omeyas en el 893 para hacer frente a los rebeldes de Omar ibn Hafsun–, debió consolidarse a partir del siglo XI y adquirir su fisonomía definitiva en plena época nazarí, en los siglos XIV y XV, cuando Loja pasó a situarse en primera línea de frontera.

Muralla del barrio de la Alcazaba.El recinto, formado por una muralla con trece torres cúbicas, cuatro semicirculares y una octogonal, la llamada torre Ochavada, comprende, además de un pequeño barrio, una amplia explanada, el patio de armas, con un gran aljibe subterráneo de tres naves con arcos apuntados, y la torre del Homenaje, de sillería. En la entrada principal se observan una inscripción en árabe con caracteres cúficos, donde se lee «Allah es único, no engendró ni fue engendrado, no tiene compañero», así como una llave sobre la puerta, frecuente en los monumentos nazaríes. Junto a esta torre aparece el Caserón de los Alcaides, un austero edificio obra ya del siglo XVII. De la alcazaba partía la cerca de murallas que encerraban la medina, la ciudad andalusí, con los barrios del Arrabal y del Jaufín, de la que sólo se conservan algunos fragmentos y torreones entre casas. La ciudadela fortificada era también el centro de una compleja red de torres y atalayas repartidas por el término, de las que subsisten varias, como las torres Martilla, de Agicampe, de Campo Abor y de Riofrío, entre otras.

Iglesia de la Encarnación

Erigida en el centro del casco antiguo sobre el solar de la mezquita aljama, al poco de la conquista cristiana, en su edificio se diferencian una primera fase constructiva, realizada hasta el siglo XVII, y una segunda ejecutada en la segunda mitad del XVIII, que le dió el aspecto neoclásico que hoy la caracteriza. Esta reforma en profundidad, según un programa relacionado con Ventura Rodríguez, la dotó de una cabecera monumental y de una torre de aire clasicista concluida en 1784 por Domingo Lois de Monteagudo.

Iglesia de San Gabriel

Iglesia Mayor de la Encarnacion S. XVI.Obra fundamental de la arquitectura religiosa granadina del sigo XVI, representa la introducción del renacimiento en estas tierras, vinculándose su trazado a los arquitectos Diego de Siloe y Juan de Maeda. Es un majestuoso edificio de cantería labrado en la segunda mitad del XVI. Consta de una sola nave, con dos portadas –la de los pies más sencilla y austera, la lateral adornada con un relieve escultórico de la Anunciación – y un campanario de cuatro cuerpos.

Iglesia de Santa Catalina

La tercera parroquia preside el barrio más elevado. Hoy reconstruida, sus orígenes arrancan de una capilla fundada por don Álvaro de Luna, primer alcaide de Loja. Rodrigo Hernández dirigió su construcción, un valioso testimonio de los edificios gótico-mudéjares que se alzaron después de la conquista.

 

 

 

Paseos y alrededores

Museo Histórico.El legado de al-Andalus, fraguado en Loja durante ocho siglos, se palpa tanto en los vestigios de la alcazaba como en el sinuoso trazado urbano y en la atmósfera del casco histórico, que se apiña alrededor de la fortaleza. Desde su plataforma elevada, que otea la ciudad y el valle, entre restos de murallas y torres, puede iniciarse el paseo por las callejas quebradas de su barrio, por el mirador de la calle Moraima, hasta la plaza de Arriba y sus inmediaciones, el centro tradicional donde se encuentran la antigua Casa de Cabildos, concluida en 1571, con fachada de arquerías, y la iglesia de la Encarnación. Las cuestas y calles que parten de aquí conducen al Ayuntamiento, instalado en el palacio del duque de Valencia, –el general Ramón María Narváez (1800-1868), el «espadón de Loja», político y militar lojeño que jugó un papel crucial en el reinado de Isabel II –; más abajo queda la plaza con el mercado, el edificio del Pósito de granos, del siglo XVI, y la capilla de la Caridad, que reaprovecha los cimientos de la desaparecida puerta musulmana de Basurto. Ladera arriba se acomoda el popular Barrio Alto alrededor de Santa Catalina y, hacia el este, el convento de clausura de Santa Clara, construido entre 1515 y 1527, con su iglesia de una sola nave bajo armadura y un precioso patio mudéjar. 

Mirador de Los infiernos.El recorrido urbano prosigue hacia el Genil, al norte del casco, por el antiguo barrio nazarí del Jaufín, «la umbría», jalonado por el monumental templo de San Gabriel, y hacia el oeste, por el sector de la Alfaguara, donde mana la fuente de los Veinticinco Caños, un remanso de tranquilidad donde merece la pena detenerse para degustar la excepcional calidad de las aguas de Loja, que le dan fama.La ciudad es el corazón del Poniente granadino, un territorio de extraordinarios valores medioambientales caracterizado por la variedad de paisajes. Al hilo del Genil surgen los espectaculares Infiernos Altos, con su «cola de caballo», y los Infiernos Bajos, que forman un sobrecogedor laberinto natural de gargantas y espesa vegetación que desató la imaginación de Irving durante su estancia en Loja: «(en la posada) tuvimos canciones de contrabandistas, relatos de ladrones, hazañas de las guerrillas y leyendas de moros. Las últimas fueron narradas por nuestra bella hospedera, que nos habló con mucha poesía de los Infiernos de Loja, unas oscuras cavernas donde los ríos y las cascadas subterráneas producen un misterioso murmullo. Dice el vulgo que hay falsificadores de monedas encerrados allí desde la época de los árabes, y que los reyes moriscos guardaban sus tesoros en el interior de las grutas…».

 Riofrío.Río abajo se halla el Jardín de Narváez, una casería unida a la memoria del prócer lojeño con un exquisito parque romántico que se cuenta entre los más notables de Andalucía. Al oeste del término se sitúa el encantador enclave de Riofrío, en cuyo frondoso valle surcado por un torrente de aguas cristalinas tiene su medio ideal la trucha; a tener en cuenta su coto de pesca, su piscifactoría y sus mesones, muy recomendables para disfrutar de un agradable momento de descanso. Son asimismo dignos de reseña los entornos de la presa, las manchas de bosque mediterráneo de los alrededores de la Dehesa de los Montes y Fuente Camacho, y los abruptos parajes de la sierra de Loja, como el Charco del Negro, el Paso de la Burra, Cañada Larga y el cerro de los Frailes, adecuados para la práctica del senderismo, cicloturismo, espeleología, vuelo libre, y otras actividades en plena naturaleza.

 

 

 

Distancias: 195 km a Sevilla, 54 km a Granada
Provincia: Granada
Altitud: 487 metros
Población: 20.143 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina Municipal de Turismo: Comedias, s/n, Tel. 958 323 949 - 958 321 520

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