Ruta de los Nazaríes

De Navas de Tolosa a Jaén y Granada.
Gran itinerario Cultural del Consejo de Europa

Sin el reino de Granada, epílogo resplandeciente de la rica historia del Islam en la Península Ibérica, el panorama de la civilización hispanomusulmana quedaría  irremediablemente deformado, incompleto, ininteligible. Esta Ruta se dedica precisamente a los protagonistas de tan importante capítulo, a la dinastía nazarí que acuñó y encabezó el último estado de al-Andalus, cuya trayectoria deparó, además de incontables sucesos de orden político o bélico, realizaciones artísticas y culturales tan grandiosas como la mismísima Alhambra.

Pero el itinerario arranca antes, mucho antes de tocar las excelsas cumbres monumentales de este sultanato postrero que ha sido tomado por ejemplo y recordatorio de la levedad humana, tan sujeto como estuvo a una precaria, aunque fulgurante, existencia. La Ruta se inicia en los puertos de Sierra Morena que comunican Andalucía y Castilla, por donde irrumpió el avance cristiano que, a la postre, resultaría determinante para el nacimiento del reino nazarí. La etapa inicial se sitúa así en las Navas de Tolosa, junto a Despeñaperros, paso crucial de ayer y de hoy entre la meseta manchega y el valle del Guadalquivir, donde se libró la partida decisiva que acarrearía la apertura de Andalucía a las gentes del Norte al derrumbarse el poder almohade que por entonces sostenía la unidad de al-Andalus.
De la situación creada surgiría en Arjona un caudillo, fundador del linaje nazarí, que, tras habilidosas y prolongadas maniobras, logró consolidar un estado propio y establecerse en Granada. El camino de la Ruta sigue las huellas de este proceso que marcó para siempre el paisaje y los pueblos del Santo Reino de Jaén y de las tierras limítrofes de la provincia de Granada, descubriendo a su paso un auténtico paraíso humano y natural. Visita primero las villas fortificadas y ciudades de los escalones de Sierra Morena. Se remansa después en las poblaciones de la campiña occidental de Jaén. Luego toma el rumbo de las lomas orientales del Alto Guadalquivir, por Baeza y Úbeda, para contornear Sierra Mágina y entrar en la capital jiennense. Desde Jaén cubre su último trecho, al hilo de las estratégicas vías de penetración que corren de norte a sur a través de las cadenas serranas y la comarca granadina de los Montes, conectando la cabecera del valle del Guadalquivir y la Vega de Granada donde, al fin, el itinerario se rinde ante su destino.

 

 

 

 

Historia

La abundancia de yacimientos y vestigios de todo tipo que se suceden a lo largo de la Ruta de los Nazaríes suministran la prueba tangible de su densidad histórico-cultural. Puede afirmarse que este itinerario visita una de las zonas de Andalucía donde la historia se acumula en estratos completos y profundos. Las razones de esta circunstancia son múltiples, pero entre ellas resaltan sus favorables condiciones naturales, su idoneidad para los asentamientos humanos y su decisivo carácter de encrucijada a caballo entre regiones de gran riqueza.

Castillo de Píñar.La zona arroja una excepcional secuencia de testimonios del poblamiento más temprano, con hitos de la Prehistoria peninsular como la cueva de la Carigüela de Píñar, donde se documenta la presencia del hombre de Neanderthal. Desde el siglo IX a. C. inician su ascenso los íberos, pueblo que evoluciona alrededor de la metalurgia creando una red de asentamientos fortificados –oppida– al compás de los cambios culturales, económicos y políticos que conllevan el influjo fenicio y la formación del mundo tartésico. En esta re-gión del Alto Guadalquivir habita una diversidad de pueblos del tronco ibérico que plantan el germen de gran número de poblaciones: Ipolca, Porcuna, Tucci, Martos, Aurgi, Jaén, Betula, cerca de Úbeda, Iliturgis, hacia Mengíbar, y la gran Cástulo, junto a Linares. En las fuentes antiguas una aureola heroica envuelve a esta ciudad involucrada en los conflictos entre cartagineses y romanos. Tras algunos reveses, las legiones de Roma deshacen a sus rivales púnicos en Baecula en el 208 a. C., cerca de Bailén, señalando su expulsión de Hispania y el inicio de la  romanización.

Castillo de la Guardía de Jaén.Desde el siglo III a. C., los núcleos urbanos se desarrollan bajo las pautas del orbe latino, renovando sus nombres –Obulco, Colonia Tuccitana, Colonia Aurgitana, Colonia Salaria…–, en tanto que los campos se colonizan mediante villae. Por estas tierras cuya divisoria se sitúa entre Jaén y Cástulo, cruza la vital arteria de la Via Augusta, que conecta Cádiz con Tarragona y Roma. La decadencia urbana de la Antigüedad tardía y el período visigodo sume en el olvido a numerosos focos, como Cástulo, mientras otros cobran vigor, según refleja su rango de sede episcopal, como Beatia, Baeza, o Mentesa, La Guardia.

La llegada de los musulmanes en el 711 y la formación de al-Andalus desata un proceso determinante en la configuración del territorio. En los primeros siglos del emirato de Córdoba, el sector jiennense se integra en la cora de Yayyan, con capital en La Guardia y luego en Jaén, mientras el sector granadino pertenece a la cora de Ilbira. Estas áreas se caracterizan por la yuxtaposición de grupos árabes a la población de muladíes, indígenas islamizados, y mozárabes cristianos. Abd al-Rahman II lleva a cabo un vasto programa de actuaciones, fortificando puntos estratégicos y realizando mejoras urbanas y fundaciones como la de Ubbadat al-Arab. En la segunda mitad del siglo IX, las tensiones desembocan en una situación de agitación generalizada, hasta el punto que caudillos como el muladí Ibn Hafsun llegan a imponerse en una vasta extensión de la región jiennense.

Castillo de Baños de la Encina.La descomposición del Califato en el XI empuja la zona a una condición fronteriza. Bajo los reinos de taifas, el Alto Guadalquivir se convierte en eje de las disputas de los ziríes de Granada, los abbadíes de Sevilla y los reyes de Almería. Tras la caída de Toledo en 1085 el avance cristiano se torna amenazador. Todos ceden ante la irrupción de los almorávides, que reunifican al-Andalus. Jaén se puebla de fortalezas que apoyan la retaguardia de la frontera con Castilla. Pero ya las incursiones castellanas son moneda corriente y los distritos de Jaén y Granada son presa frecuente de expediciones como las de Alfonso VII. En la segunda mitad del XII, los almohades restituyen la unidad y la ventaja sobre los cristianos.

En 1212 se produce el vuelco trascendental: el ejército almohade es derrotado por los cruzados en las Navas de Tolosa, y Castilla despeja el camino para invadir Andalucía. Es sólo cuestión de tiempo. La entrada en escena de Fernando III imprimirá un ritmo acelerado a la conquista. En 1225, el príncipe al-Bayyasi le cede Martos y le facilita el sitio de Baeza. Las tomas, por pacto o ataque, son ininterrumpidas. En este contexto, Ibn al-Ahmar se proclama emir en Arjona en 1232 y tras años de maniobras, logra organizar un estado. Pronto le respaldan Porcuna, Jaén y otras plazas, y en 1238 es recibido en Granada, donde fija la capital del sultanato nazarí. Pierde su localidad natal y en 1246, Jaén, a cambio de una garantía de supervivencia por parte del rey Fernando, del que se declara vasallo. Ahora Jaén ostenta el título de Santo Reino y guarda de la frontera de Castilla que se traza con el reino nazarí a lo largo de la franja montañosa del sur de la provincia jiennense, línea que permanece dos siglos y medio con pocas variaciones.

Hasta fines del XIII los sultanes nazaríes juegan un hábil lenguaje de sumisión y de guerra que consolida su posición. Conoce su mejor época a mediados del XIV, cuando Muhammad V traba una firme alianza con Pedro I. Los nazaríes obtienen incluso sonados éxitos de armas. El siglo XV perfila otro horizonte. El avance de la conquista se hace incontenible, y la decadencia de la dinastía nazarí, irreversible. Tan sólo las guerras civiles castellanas ralentizan el destino final, en momentos en que Jaén se transforma más bien en escenario de las luchas nobiliarias entre partidarios del rey, con el legendario condestable Lucas de Iranzo a la cabeza, y los rebeldes. Los Reyes Católicos marcan el cambio de rumbo, y la toma de Cambil en 1485, el derrumbe final, que no se detiene hasta la caída de la capital nazarí.

En el arranque de la Edad Moderna, el Santo Reino y el norte de Granada experimentan un auge sin parangón, base de la eclosión monumental de sus ciudades. Tan brillantes décadas palidecen después, a raíz de las crisis del siglo XVII y del estancamiento posterior. Con algunos sucesos destacables como la batalla de Bailén, la historia transcurre sin alteraciones de calado hasta la modernización que da ya sus frutos a lo largo del siglo XX.

Tierra de castillos

Castillo de Huelma.Pocas rutas como ésta muestran a lo largo de su recorrido un número tan elevado de castillos, fortalezas, torres, casas fuertes y atalayas, tanto en los núcleos urbanos como dispersas por sierras y campos. En Jaén se han llegado a contabilizar hasta 400 referencias de este tipo de construcciones. Y no es de extrañar, si se piensa que los territorios del Santo Reino de Jaén y de la orla septentrional de la provincia de Granada fueron desde la Antigüedad frontera y encrucijada natural entre el norte y el sur, el este y el oeste de la Península. En su mayoría estas obras defensivas, que hoy aparecen aisladas o confundidas con los caseríos de poblaciones y cortijos, datan de época medieval, sobre todo de los siglos XII al XV, cuando la divisoria entre los reinos cristianos y musulmanes oscilaba a lo largo de estas tierras. La abundancia de fortalezas rurales es, además, síntoma de la ascendencia de los señoríos en esta zona fronteriza siempre expuesta al peligro, al ceder la corona vastas posesiones a los nobles y órdenes militares para que sostuvieran su defensa.

Frontera de cristianos y nazaríes

Desde la caída de Jaén en 1246 hasta la toma de Granada en 1492 imperan por estas tierras las condiciones de la vida fronteriza. Treguas y guerras se alternan en unas circunstancias siempre variables. Se generan unos modos de relación particulares, propios de la frontera. Junto a las campañas de envergadura, menudean correrías e incursiones por ambos bandos, dependiendo de juegos de alianzas mientras el trato económico y comercial se mantiene, canalizándose a través de «puertos» de intercambio concertados y «entredichos», tierras de nadie, de modo irregular.

Cruce de rutas

Casa de las Cadenas. Úbeda.En el territorio de la Ruta de los Nazaríes podrían trazarse infinidad de rutas además de la que protagoniza el camino. Sin menoscabo de otras posibles, por sí sola se articula una de las rutas del mundo ibérico más sólidas de la Península, enlazando asentamientos como los de Porcuna con la ciudad de Cástulo, en Linares, y con el muestrario que de esta cultura exhibe el Museo de Jaén. Esta Ruta se prolongaría con otra complementaria de la Bética romana y visigoda. No hace falta esgrimir muchos argumentos acerca de una ruta del Renacimiento en la provincia de Jaén, ramificándose a partir de Úbeda, Baeza y la capital.Igualmente clara es la Ruta del olivo y del aceite. También, en fin, cabe seguir las huellas de una ruta de las batallas, con ejemplos señeros de la Antigüedad, de la Edad Media y de la Contemporánea, hitos bélicos como son los enfrentamientos de Baecula (208 a. C.) entre romanos y cartagineses, el de las Navas (1212) entre musulmanes y cristianos, y el de Bailén (1808) entre franceses y españoles.

 

 

 

 

Paisajes

Olivar.La Ruta de los Nazaríes tiene sus principios en el escalón de la Meseta castellana que es Sierra Morena. Desde sus suaves alturas domina el tramo medio y alto del valle del Guadalquivir, corazón de la provincia de Jaén que constituye el nudo central del recorrido. Divaga luego por la depresión del Gran Río de Andalucía, y trepa por sus campiñas, lomas y rebordes a lo largo de tierras cultivadas y amplios reductos de naturaleza apenas alterada. A continuación el viaje acomete la travesía de la abrupta cadena de relieves jóvenes del Sistema Bético, un laberinto de sierras, valles y altiplanos a caballo entre las provincias de Jaén y Granada tras el que se resguarda la feraz abertura de la Vega granadina regada por el Genil.

Embalse del Tranco.Las Navas de Tolosa es el punto de partida, junto al histórico puerto y parque natural de Despeñaperros, vigorosa muestra de las vetustas formaciones geológicas de Sierra Morena y del típico monte mediterráneo autóctono de la Península. El bosque de encinas, coscojas y matorral cerrado, donde abundan las plantas aromáticas, acompasa el camino hasta La Carolina, sobre el eje de la autovía A4 que articula las primeras etapas de la Ruta. En un descenso paulatino hacia el valle del Guadalquivir, que ya se vislumbra en todo su esplendor, se suceden Baños de la Encina y Bailén. Paso a paso, las manchas de monte bravío, aún considerables, ceden ante los olivares crecientes, que al fin se imponen trazando una perspectiva infinita en la lejanía del horizonte. Mengíbar señala una parada junto a las aguas del Guadalquivir, cuyo cauce guía el trayecto hasta Andújar, ciudad de término ambivalente y vasto, que comprende áreas de campiña baja y también un enorme trecho de Sierra Morena, refugio de vegetación originaria –encinas, alcornoques, quejigos, lentiscos, enebros…– y de una rica fauna entre la que se cuenta el lobo, el lince, el jabalí, ciervos, meloncillos, nutrias y vistosas rapaces como el águila imperial, el buitre negro y el alimoche.

Desde Andújar, la Ruta toma un ramal hacia el suroeste de la provincia de Jaén, zona en gradiente que sube hasta los murallones serranos del borde meridional del valle bético donde se hallan los olivares más extensos del mundo. Arjona supone una estación estratégica en este rumbo que conduce después a Porcuna y, al hilo de la carretera A-306 Córdoba-Jaén, a Torredonjimeno, Martos, que se encarama ya en las estribaciones de la Sierra de la Grana, y Torredelcampo, antesala de la capital jiennense.

PaisajeEl otro ramal de la Ruta por la provincia de Jaén nos devuelve a las faldas de Sierra Morena, a Linares y su paisaje minero. El itinerario se aproxima de nuevo al Guadalquivir y remonta las colinas de Baeza y la loma de Úbeda: a sus pies, los olivares, campos de labor y parajes naturales como la Laguna Grande y el Alto  Guadalquivir, enclaves de vegetación a base de juncos, carrizales, alamedas y bosquetes de ribera frecuentados por aves acuáticas tales como el ánade real, el porrón o la cerceta común. Aguas arriba quedan las fuentes del Guadalquivir, en medio del extraordinario Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, el mayor de la Península y auténtico santuario de agreste y espectacular orografía, de endemismos botánicos y de una fauna cuantiosa y variada que respalda sin asomo de duda el marchamo de «paraíso interior» que se aplica a la provincia de Jaén.

El viaje prolonga su diversidad paisajística, escoltado siempre, eso sí, por los olivares, en dirección al sur por el pasillo que abren los ríos Guadiana Menor y Jandulilla. Frente a la pantalla montañosa de Cazorla se alza Jódar, en un espolón de Sierra Mágina, el descomunal macizo calcáreo que marca el techo del territorio jiennense con su pico de 2.165 m. de altitud. Asombra su perfil de islote escabroso de lapiaces, torcales y otras formaciones kársticas fruto de la acción del agua sobre la roca caliza, con un tapiz de vegetación adaptado al agudo desnivel de sus laderas y especies animales que van del jabalí y la cabra montés al halcón peregrino y el águila real. Jimena y Mancha Real se acomodan a la sombra de las vertientes septentrionales de Sierra Mágina, que acaban por aquietarse ante el valle del río Guadalbullón, al pie de Jaén y la sierra de Jabalcuz.

Venta del Nacimiento.Deifontes.La Guardia de Jaén, junto a la autovía A44 que enlaza directamente Jaén y Granada, inaugura el tercio final de la Ruta, que lleva por la cara meridional de Sierra Mágina hasta las alturas de Cambil y Huelma. A partir de aquí, el itinerario cambia de provincia y se interna en la comarca de los Montes Orientales de Granada por Guadahortuna, en las márgenes de su río que fluye hacia levante. La meseta elevada continúa desde Guadahortuna hacia Píñar e Iznalloz, donde aparece surcada ya por el valle del río Cubillas y la línea montuosa de Sierra Arana, con sus características simas y cuevas, escalón que rebasa los 2.000 m. y preludia los relieves del macizo de Sierra Nevada. En sus jornadas finales, el camino se ajusta al curso fluvial del Cubillas, y se desliza para encontrar la Vega, con sus choperas y regadíos, y alcanzar las últimas estaciones de la Ruta, Albolote, Maracena y Granada. A su espalda, como telón de fondo, se yergue la mole imponente, Sierra Nevada, la cima de la Península, coronada por los 3.482 m. del Mulhacén.

El clima

La climatología de las tierras atravesadas por la Ruta de los Nazaríes responde, en términos generales, a las características de los climas mediterráneos, con temperaturas templadas–medias anuales entre 14° y 18° C., veranos calurosos– y precipitaciones moderadas –de 400 a 600 litros anuales– que se concentran en el otoño y el invierno, a veces en forma de nieve. El carácter interior y la elevada altitud media, sin embargo, introducen cierta continentalidad, con una acusada oscilación térmica diaria y estacional y heladas en los meses fríos. En los macizos montañosos las precipitaciones alcanzan los 1.000 litros, mientras que las medias anuales de temperatura descienden por debajo de los 10º C.

Cultivos

El olivar es claramente el cultivo predominante a lo largo de la Ruta. Prolifera en las vertientes de Sierra Morena, en las campiñas de Jaén, en la Loma, piedemonte y laderas de las serranías del este y sur de la provincia jiennense, así como en considerables extensiones de los Montes Orientales de Granada. Las tierras de labor cerealista siguen en importancia, con una notable presencia en la campiña baja de Jaén, área de la Loma y también en los Montes Orientales. Los cultivos de regadío, incluyendo productos hortofrutícolas y comerciales, ocupan las terrazas fluviales del Guadalquivir y sus afluentes y el entorno de Granada.

Espacios protegidos

PaisajeEsta Ruta toca una gran cantidad de espacios protegidos, sobre todo de ámbito serrano, desde parajes a parques naturales y nacionales, contándose varios de ellos entre los más extensos y atractivos de la Península. En sus primeras etapas, por Sierra Morena, visita los Parques Naturales de Despeñaperros y Sierra de Andújar, para acercarse después a los enclaves de la Laguna Grande de Baeza, paraje del Alto Guadalquivir y al Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, el de mayor superficie de la Península. Camino adelante se detiene en el Parque Natural de Sierra Mágina, para terminar en Granada, en el regazo del Parque Nacional de Sierra Nevada.

Altitud de la Ruta

Dado el carácter interior, y a menudo montañoso, la Ruta mantiene una apreciable altitud media desde su arranque hasta su destino final, con notables oscilaciones según los tramos. Las etapas iniciales descienden desde las cotas de unos 600 m. de las localidades de Sierra Morena hasta los puntos de menor altitud, 200-300 m., junto al curso del Guadalquivir. De ahí asciende de nuevo a lo largo de la campiña meridional de Jaén, pasando de los 400 a los casi 750 m. de Martos. El ramal oriental, desde Linares, Baeza y Úbeda hasta Jaén, se mueve entre los 400 y 750 m. La travesía de Sierra Mágina y los Montes Orientales de Granada impone una fuerte subida, por encima de los 1.000 m., en Huelma, para discurrir sobre los 800 m. hasta Iznalloz. Desde aquí se escalona hasta los 685 m. de altitud de Granada.

 

 

 

Parque Natural de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

Al alcance de la mano desde Úbeda se sitúa el espacio protegido más extenso de Andalucía y de España: el parque natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, un fascinante espectáculo de la naturaleza que abarca 214.000 ha. y que ha merecido ser catalogado por la Unesco como Reserva de la Biosfera.

Nudo montañoso

Parque Natural de Cazorla Segura y las Villas.Desde las lomas y valles fluviales de Úbeda, las carreteras N-322, A-315 y A-319 en dirección a Cazorla conducen a los imponentes relieves que configuran la superficie del parque. Se trata de un complejo montañoso de sierras que actúa de bisagra entre Sierra Morena, al norte, y la Cordillera Bética, al sur, cerrando por levante la depresión del Guadalquivir.
En líneas generales, el conjunto se articula mediante macizos que discurren en sentido noreste-suroeste, cuya disposición alargada se ve rota con frecuencia por pasillos transversales. La sierra principal es lade Cazorla, con sus estribaciones, mientras la de Segura ocupa el área septentrional y la de las Cuatro Villas delimita el parque al noroeste. La naturaleza calcárea del terreno origina una abrupta orografía de valles, calares, tajos y altiplanos que alcanza sus cimas en los picos de las Empanadas, de 2.105 m. de altitud, y Cabañas, de 2.027 m.

Vegetación y fauna

El parque se cubre con una abundante y variada vegetación de tipo mediterráneo integrada por un censo de unas 1.300 especies. Los majestuosos e inmensos bosques de pino laricio se alternan con las manchas de encinas, quejigos, arces, madroños, enebros, sabinas y matorral diverso.
En cuanto a fauna, este espacio protegido posee una riqueza desbordante, con una nutrida presencia de mamíferos –cabra montés, muflón, ciervo, jabalí, tejón, comadreja, zorro, nutria…–, reptiles –como la insólita lagartija de Valverde– y,sobre todo, aves rapaces –águila real y calzada, halcón peregrino, alcotán, buitre leonado, búho…–.

A través del parque

Las rutas que se pueden trazar en su enorme superficie son innumerables,como la que lleva desde Cazorla al nacimiento del Guadalquivir, a los parajes del arroyo  Linarejos y el Borosa, para proseguir junto al embalse del Tranco de Beas hasta el nacimiento del río Segura. El Centro de Interpretación de la Torre del Vinagre ofrece una completa visión del parque y todo tipo de información sobre itinerarios y actividades.

De Cazorla a Segura de la Sierra

La vasta superficie del parque está tachonada por un rosario de villas y pueblos de incomparable belleza que ya de por sí justificarían una incursión. A las puertas de la sierra, al sur, se encuentra la histórica villa de Quesada,y, en la misma entrada del macizo montañoso, Cazorla, dominada por la airosa silueta del castillo de la Yedra, donde se aloja el Museo del Alto Guadalquivir.
A corta de distancia de la capital serrana sobresale la soberbia estampa de La Iruela. El sector septentrional del parque está encabezado por Segura de la Sierra, la  musulmana Saqura, un nido de águilas milenario cuya hermosura hechiza al más escéptico. Hornos de Segura, Orcera, Siles, la recóndita villa de Santiago de la Espada, entre otras muchas, jalonan el encantador periplo hasta los confines del Parque Natural.

Fuente de ríos

El agua es protagonista del parque, y el principal agente de su modelado. Con una pluviosidad media anual que oscila entre los 500 litros por metro cuadrado y los 2.000 en las zonas más elevadas, en el laberinto de vertientes de las sierras del parque se encuentran las fuentes de dos ríos de importancia: el Guadalquivir y el Segura.

Joyas botánicas

Los endemismos botánicos,plantas de presencia exclusiva en una determinada zona,constituyen una de las singularidades del parque.Entre otros, destaca la delicada violeta de Cazorla, notable por la belleza de sus flores de color purpúreo rosado, que nace en las fisuras de rocas de las umbrías. El interés botánico del parque se apoya también en la presencia de especies de muy escasa distribución, como la Cronus Carpetanus, con flores de color blancorosadas, o la Pinguicula, rara planta carnívora que prospera junto a cascadas y torrentes.

 

 

 

 

Gastronomía

Habas con alcachofas.El viaje por la Ruta de los Nazaríes es una fascinante invitación al placer de los sentidos en el que la gastronomía constituye una tentación irresistible. Productos naturales de primera calidad y tradiciones culinarias de añeja solera hacen del camino una peregrinación verdaderamente memorable. Los acogedores bares, tabernas, mesones, ventas y restaurantes que jalonan el trayecto despliegan toda la sabiduría, variedad y originalidad de las especialidades locales, que pueden degustarse mediante la pequeña porción de una tapa o a mesa y mantel.

Arroz con conejo.
Las materias primas se corresponden con los fundamentos de la dieta mediterránea: cereales, legumbres, verduras, hortalizas y frutas, aceite de oliva –un pilar esencial de la alimentación por estos pagos– y vinos, con el apoyo crucial de carnes –cerdo, cordero, aves, caza– y el complemento de salazones y pescado. Los bocados más sencillos, y no por ello menos reconfortantes, se remiten a la mera combinación de ingredientes al natural, como los «cucharros », «hoyos de aceite», «cantos» y otras denominaciones del sabroso pan fresco de estas tierras aderezado con aromático aceite crudo, rancho popular que se acompaña de aceitunas, tomate, habas, tocino, arenques, bacalao e incluso melón o uvas. Una constante son también las pipirranas, picadillos de tomate, pimiento, huevo, aceitunas y diversos añadidos, y las ensaladas, de lechuga con granada y otras variantes, junto con los gazpachos, ajoblanco y salmorejo –en la mitad occidental de Jaén–. Como se ve, recetas de matiz campesino, humildes y tonificantes como las ubicuas migas, preparadas de mil formas y siempre presentes en los meses fríos, con guarnición de torreznos, embutidos, arenques o frutas.

Suculenta y prolija resulta la relación de los platos de hortalizas y de guisos, menú revelador de una consistente «cocina de interior»: revueltos de setas o espárragos, pistos, «almoronías» y cazuelas de habas y de berenjenas, alcachofas con panecillos, potaje de habicholones, ollas y potajes de garbanzos, guiso de trigo, arroz caldoso, los tan divulgados andrajos, papas a lo pobre o con caldo, «talarines» de harina con almejas y bacalao, salazón que disfruta de considerable predicamento en las despensas de la zona, cocinándose también «encebollado», en albóndigas, «al estilo de Baeza», con pimiento morrón y piñones, y de otras muchas maneras.

Platos de caza.A la hora de las carnes, el cerdo es protagonista con su magro, que sirve de sustancia a guisos, flamenquines y otros platos, y con sus derivados de matanza, costumbre muy arraigada que se encuentra por doquier, desde Jaén a Granada, y que produce estupendas chacinas y embutidos, chorizos, morcillas, rellenos… El cordero y el choto –preparados al horno, en caldereta con hierbas aromáticas– se dan sobre todo en las mesas de las comarcas serranas jiennenses y por las áreas granadinas. La carne de caza mayor y menor supone en esta Ruta un elemento fundamental que dota de personalidad propia a los fogones de Sierra Morena y enriquece el recetario de un sinfín de otros términos. La perdiz es una de las especialidades más solicitadas –en escabeche, encebollada, con judías–, junto con otras piezas como las codornices, zorzales, liebres y conejos, en tanto que la «carne de monte» –así se les llama a las presas de jabalí o venado– se prepara en adobos, estofados y asados inolvidables, aromatizados con tomillo, romero y otras hierbas serranas.

Como colofón, cabe reseñar los vinos que todavía se elaboran en algunos puntos, antaño generalizados en numerosas localidades de Jaén. Así, por ejemplo, Bailén conserva, y aumenta, sus bodegas de espléndidos caldos, desde blancos a tintos de reserva, mientras Torredelcampo disfruta de un vino «del país», blanco generoso levemente amontillado.

El mejor aceite

Esta Ruta es un camino privilegiado para conocer y degustar en su lugar de origen, una de las más saludables aportaciones de la dieta mediterránea: el aceite de oliva. Ningún otro sitio como Jaén, la primera zona productora del mundo, para acercarse a este zumo natural de la aceituna que realza y da sabor tanto a los bocados más simples como a las recetas más sofisticadas. Los excelentes aceites vírgenes extra se encuentran a lo largo de la práctica totalidad de la Ruta, desde su punto de partida en Sierra Morena hasta los términos del norte de Granada, coincidiendo siempre en su extraordinaria calidad. En la actualidad hay tres Denominaciones de Origen en la zona, bajo la etiqueta de Sierra de Segura, Sierra de Cazorla y Sierra Mágina.

Postres y dulces

Pan y dulces.Este es uno de los aspectos gastronómicos de la Ruta donde con más claridad se perciben, sin pecar de exageración, las pervivencias de la tradición andalusí, patentes en el uso de especias y frutos secos, en las masas empleadas en la repostería, en su fritura y horneado, en el dulzor de la miel en que se bañan. Las localidades visitadas ofrecen exquisitas gachas dulces, pestiños, flores, hojuelas, sultanas, crujientes tortas de aceite, empanadillas de hojaldre y empanadas de cabello de ángel, borrachuelos, hornazos, bizcochadas, pasteles de almendra, tortas de pasas, brazo de gitano, quesos y pan de higo, así como rosquillos de anís, roscos de vino, mantecados y otros dulces navideños.

 

 

 

Fiestas

Además de un paseo histórico, monumental y paisajístico de extraordinario atractivo, la Ruta de los Nazaríes traza un recorrido fascinante a través de las tradiciones, fiestas, oficios artesanos, gastronomía y un sinfín de aspectos de las hospitalarias tierras de Jaén y Granada.

Para San Antón y la Candelaria, en enero y febrero, las poblaciones se iluminan con las lumbres y hogueras, rito de amistad donde se comparten cantos y productos de matanza. La Semana Santa supone un espectáculo solemne y deslumbrante. Las cofradías sacan en procesión valiosas imágenes en el marco de espléndidos cascos históricos, ofreciendo algunas de las mejores estampas de la semana de Pasión andaluza.

Romería de la Virgen de la Cabeza. Andújar.El estallido primaveral se desata con la romería de la Virgen de la Cabeza de Andújar, la de mayor fama y afluencia de la Andalucía interior, que llega a congregar a finales de abril medio millón de personas. Jinetes, carretas y peregrinos componen uno de los festejos más coloristas de la región en medio de la soberbia naturaleza de Sierra Morena. Las fiestas de la Cruz de mayo, con variantes como los «tíos de la ricia» de Jimena, se extienden después por calles y plazas, junto con multitud de romerías como las de Úbeda, Torredelcampo o Huelma, por citar sólo algunas. Muchas ciudades y pueblos se engalanan también para la procesión del Corpus.

Procesión del Corpus Chisti.De primavera al otoño, las ferias, fiestas mayores y romerías se suceden con actividades, certámenes, corridas, en un ambiente que garantiza la diversión, desde la Fiesta de la Fundación de La Carolina, y el reguero de fiestas y romerías de agosto y septiembre –entre las que se señalan las de Iznalloz, con un singular episodio de Moros y Cristianos–, a las Ferias de San Miguel de Úbeda y de San Lucas de Jaén, ya en octubre. Para Todos los Santos se degustan migas y gachas de otoño, y aún se festeja en alguna villa el día de Santa Lucía en diciembre, mes que asimismo acoge la Fiesta de la Aceituna en Martos.

Calendario básico

En este viaje por la mayor parte de la provincia de Jaén y su continuación por la de Granada hasta la capital, las estaciones se acompasan con distintas manifestaciones que dan lugar a un dilatado calendario de festejos: Fiestas invernales de San Antón y la Candelaria, Semana Santa, Cruces y romerías de mayo, Corpus Christi, Ferias y fiestas mayores de verano y principios de otoño, Día de Todos los Santos, y Navidad.

Artesanía

La actividad artesana, por su parte, goza de un envidiable dinamismo, con varios ramos en los que se hace patente la pervivencia de la tradición andalusí. Es el caso de las labores realizadas con fibras vegetales, trabajo ancestral en el que los artesanos andalusíes alcanzaron particular maestría. Son muy apreciadas las alfombras de esparto de Úbeda, así como la espartería de Jódar y los muebles y objetos de mimbre de Huelma. En el apartado textil, junto a la tejeduría de alfombras y jarapas, en la provincia de Granada, se encuentran encajes de bolillos y artísticos bordados, salidos a veces de las pacientes manos de las monjas de clausura.

Alforjas de cuero.En las comarcas de Sierra Morena sobresale con especial relieve la confección de artículos de cuero, relacionados sobre todo con la caza y la monta a caballo: guarnicionería, vestimenta, calzado, objetos finamente acabados de La Carolina, Andújar, Úbeda, Jaén y diversos puntos. Aún se hallan incluso los tradicionales arreos y atalajes hechos por albardoneros y talabarteros, testigos de la antigua cultura rural. La manufactura de mobiliario, talla, ebanistería y otros oficios de la madera se reparten por talleres de Torredonjimeno, Baeza, Úbeda, Mancha Real, Jaén, Huelma o Granada, donde trabajan piezas de línea clásica española y rústicas. La labra de la piedra tampoco está ausente del territorio del viaje, ni mucho menos, como es de esperar a la vista de las espléndidas obras de cantería de todas las épocas que proliferan por doquier.

Cestos de esparto.La metalurgia se nutre igualmente de hondas raíces, que se remontan a la famosa escuela de rejeros jiennenses del siglo XVI. La forja artística, rejería, latonería y otros oficios del metal, incluso la fundición de campanas, mantienen su prestigio. Este rico panorama artesano se redondea con especialidades menos frecuentes pero también de interés como la fabricación de lámparas, instrumentos musicales, encuadernación, juguetería, cerería y otras producciones.

Cerámicas de Bailén, Andújar y Úbeda

Cerámica.La notable presencia de la alfarería y la cerámica entre las manufacturas artesanas características de la Ruta de los Nazaríes se apoya en los focos de Bailén, Andújar y Úbeda, junto con Granada y otras localidades. Profundas raíces tienen las piezas de barros rojos de Bailén, de antiguo uso doméstico u ornamentales, terminadas en ocasiones con engobes blancos o melados. Inmenso es el repertorio de la cerámica de Andújar, con sus jarras, silbatos y decoración de azules sobre fondos blancos. Los vidriados verdes, los tonos pardos, marrones o blancos, los calados, dibujos incisos y filigranas distinguen a su vez la afamada cerámica de Úbeda.

 

 

 

 

Recomendaciones para el viaje

La suavidad del clima permite disfrutar el viaje en cualquier época del año. Cada estación, sin embargo, tiene sus peculiaridades. La primavera, quizás la época más recomendable, se anuncia con una explosión de naturaleza. Permite conocer el territorio en todo su esplendor y los pueblos animados por las fiestas. En verano, continúan los festejos, y se puede gozar del apacible retiro estival. El otoño ofrece la singularidad de su colorido y su luz, junto con unas temperaturas templadas. En invierno, el recorrido, que se vuelve más íntimo y acogedor, ofrece la posibilidad de ejercitarse en la estación de esquí más meridional de Europa.

La totalidad del trayecto de la Ruta está señalizado sobre el terreno con un sistema de indicadores que sirven de guía para el desplazamiento por carretera y para las visitas de villas y ciudades. En postes de clara lectura se especifican direcciones, distancias, planos urbanos, lugares y circuitos de interés, Oficinas de Información y otros detalles de utilidad para facilitar la comodidad del viaje. Esta señalización especial, complemento de los indicadores convencionales de carretera, vertebra el área recorrida, resalta los diversos hitos del camino y conecta sus etapas.

Una red de Puntos de Información de la propia Ruta se distribuye a lo largo de las poblaciones que jalonan el camino. 

Numerosos alojamientos de todo tipo se encuentran a disposición del viajero en las ciudades y pueblos de la Ruta. Córdoba y Granada concentran el mayor número de plazas, con instalaciones que abarcan todas las categorías. En las localidades esparcidas entre ambas capitales, son numerosos los hoteles, pensiones, albergues, alojamientos rurales y villas turísticas que proporcionan alojamiento tanto en un entorno urbano como en pleno campo. Muchos de estos establecimientos tienen un encanto especial, por su situación de excepcional belleza, por las características de los edificios en que se hallan ubicados o por la calidez excepcional de sus gestores o propietarios, auténticos anfitriones del viajero.

 

 

 

 

En Tren

En trenPara llegar a Jaén, desde otros lugares de España o extranjero, probablemente el mejor medio sea el tren con la opción de la alta velocidad desde Madrid o Sevilla.

En Avion

En aviónSi se llega en avión a España, el aeropuerto internacional Granada-Jaén será el punto para tomar bus o coche alquilado a Navas de Tolosa, e igualmente con el retorno desde Granada.

En bus

En busA lo largo de la Ruta, el autobús constituye el principal medio de transporte público, enlazando todas las localidades del trayecto con frecuente periodicidad diaria.

En automovil

En automovilEl automóvil es el medio de locomoción que ofrece mayor facilidad y flexibilidad para visitar el conjunto de la Ruta. El trazado de la misma se apoya sobre los ejes de sendas carreteras nacionales, renovadas y en magnífico estado. Una malla de carreteras de diversa categoría completa la red de  comunicaciones locales. En ellas abundan los tramos de notable interés paisajístico.

Toda la información a tu disposición

Rutas por andalucia Datos, contactos, y toda la información relativa a transportes puede obtenerse en los Puntos de Información y en las estaciones de ferrocarril y autobús reseñadas en las poblaciones del itinerario.

 

Establecimientos colaboradores en la Ruta de los Nazaríes

Hotel las Casas del Cónsul
Úbeda
Ruta de los Nazaríes
Área de Servicio Abades Bailén
Bailén
Ruta de los Nazaríes
Hotel Palacete Santa Ana
Baeza
Ruta de los Nazaríes
Restaurante la Almazara
Píñar
Ruta de los Nazaríes
Hotel Husa Rosaleda de Don Pedro
Úbeda
Ruta de los Nazaríes
Hotel TRH Baeza
Baeza
Ruta de los Nazaríes
Área de Servicio Abades Puerta de Andalucía
Santa Elena
Ruta de los Nazaríes
Hotel Puerta de la Luna
Baeza
Ruta de los Nazaríes
Viaja por: Ruta de los Nazaríes