Baeza

Esta es una Ruta que ofrece un consistente menú de platos fuertes, y desde luego Baeza es uno de ellos, sin duda de los más sabrosos. Ante su visión soberbia y la arrogante gallardía de su arquitectura pétrea, la imaginación se echa a volar. El viajero se introduce en un mundo de ensueño, a lo largo de un paseo deslumbrante donde el tiempo parece haberse detenido.

Como es de ley en estas tierras, la semilla de Baeza brotó bien antes de nuestra era, según atestiguan los indicios de una necrópolis de la Edad del Bronce y de un poblado ibérico del siglo IV a. C. Más consistencia tienen los vestigios de la ciudad romana que siguió, llamada Biatia, cuya ascendencia aumentaba al final del Imperio al declinar su vecina Cástulo. Tanto es así que durante el período visigodo la ceca y la sede episcopal de Cástulo se trasladan a Beatia, que a la llegada de los musulmanes destaca como principal núcleo urbano del Alto Guadalquivir.

Puerta de Jaén.En las décadas del emirato omeya la población, bajo el nombre arabizado de Bayyasa, se caracteriza por su mayoría indígena, con una importante comunidad mozárabe regida por sus propios obispos, como Saro, que tercia en las polémicas entre los cristianos y los musulmanes gobernantes. No es de extrañar por ello que, con motivo de las sublevaciones que agitan esta zona en la segunda mitad del siglo IX, Bayyasa engrose el bando de los rebeldes muladíes de Ibn Hafsun, en oposición a la vecina Úbeda. En el siglo XI Baeza conoce un período de turbulencias al caer en el centro de las disputas de los reinos de taifas de Almería, Granada y Sevilla, etapa que concluye en 1091 con su incorporación al imperio almorávide. En el siglo siguiente Baeza fue convirtiéndose paulatinamente en una ciudad de frontera amenazada por las crecientes incursiones cristianas en la cabecera de Andalucía. Incluso permaneció diez años en manos de Alfonso VII antes de someterse a los almohades.

Plaza y fuente de Santa María.La arrolladora victoria de los cruzados en las Navas de Tolosa sentenció su destino en el siglo XIII. En 1224 el gobernador de Jaén Abd Allah ibn Muhammad, llamado al-Bayyasi, «el baezano», se subleva contra los gobernadores del imperio marroquí y establece un precario estado en la Andalucía central. Para mantenerse, pacta con Fernando III dando como prenda la alcazaba de Baeza. Al morir al-Bayyasi, la población intenta en vano desalojar a la guarnición castellana. La llegada de Fernando III con refuerzos decide la partida: en diciembre de 1226 los musulmanes se resignan a abandonar la ciudad y los cristianos consuman la primera conquista de una gran ciudad andaluza. Baeza, la «villa torreada» de los romances, detenta la capitalidad cristiana de Andalucía y se convierte en «nido  real de gavilanes» desde el que se dirige la conquista de al-Andalus. Su ascenso, en el que no faltan luchas entre los bandos nobiliarios que enfrentan a Benavides y Carvajales, no cesa hasta el siglo XVI, en el que alcanza su esplendor y adquiere una personalidad monumental extraordinaria que ha resistido sin flaquear el paso de los años.

 

Visitas 

Murallas, torres y puertas

La ciudad medieval disponía de un perímetro amurallado de unos 2,5 km. que delimitaba un recinto de 24 ha. La obra defensiva se remonta al siglo IX, trazado inicial que más tarde sería considerablemente ampliado. Notable fue la intervención de los almohades en los siglos XII y XIII, cuando la línea de murallas se dobló para proteger los arrabales surgidos al norte de la medina primitiva. Bajo el dominio cristiano las defensas se robustecieron, dado el vital papel estratégico de Baeza como base de operaciones de la frontera de Jaén.

Arco de Villalar.En la zona más prominente de la ciudad, al sur, se situaba la alcazaba, separada de la medina o villa amurallada por un foso –la cava– y fuertes muros. La alcazaba sería demolida en 1477 por orden de la reina Isabel para acallar las contiendas que hacían de Baeza un foco ingobernable. Los lienzos de muralla se observan a lo largo del Paseo de las Murallas o del Obispo, donde se abre la puerta de Bedmar o de Granada, y por el Paseo de Antonio Machado que domina la campiña y el curso del Guadalquivir. Se alza a continuación la musulmana puerta de Jaén, reformada con la adición del arco de Villalar, monumento conmemorativo de la victoria de Carlos V sobre la rebelión de los Comuneros. Cerca del Paseo de la Constitución se localiza la puerta del Barbudo, por la que entró en 1447 el caballero poeta Jorge Manrique, y, en el extremo de dicho Paseo, la Torre de los Aliatares, un recio bastión cuyo nombre quizás derive de al-attar, perfumista o droguero, gremio que debía tener su mercadillo en las cercanías. Quiebra luego el trazado por la calle Obispo Narváez hasta la puerta de Úbeda, datada en el siglo XII y protegida por un gran torreón. A su lado se encontraba el pequeño alcázar del Torrico.

Catedral

Catedral de Baeza.El magno templo de la primera diócesis de Andalucía se consagró poco después de la conquista sobre la mezquita aljama, ubicada a su vez sobre templos anteriores. El voluminoso conjunto es fruto de sucesivas fases constructivas desde la Edad Media hasta el siglo XVI. De la fábrica inicial mudéjar y gótica restan la delicada puerta de la Luna, en la cara de poniente, del siglo XIII, con arco polilobulado bajo un rosetón gótico del XIV, la puerta del Perdón, al sur, de alzado gótico flamígero, del XV, y el claustro que se adosa al costado meridional del buque del templo, con capillas del gusto mudéjar decoradas con geometrías e inscripciones. Hacia 1530 se acometió la renovación de la iglesia, erigiéndose la cabecera. El derrumbe que aconteció en 1567 motivó la reconstrucción desde el segundo tramo a los pies, alzándose, bajo la dirección de Andrés de Vandelvira, un luminoso ámbito de tres naves con bóvedas vaídas sobre pilares. Juan Bautista de Villalpando, por su parte, completaría la gran portada de la plaza. Dignas de atención son las capillas adyacentes a las naves, la Dorada, de San Miguel, de líneas clasicistas, la del Sagrario, y los numerosos objetos artísticos que contiene, como la espléndida custodia barroca de plata cincelada por Núñez de Castro o la magistral reja del maestro Bartolomé de Jaén, así como los que se exponen en el Museo Catedralicio.

Plaza de Santa María

Patio del Seminario de San Felipe Neri.Constituye el principal espacio despejado de la ciudad amurallada, el corazón del viejo casco medieval. La Catedral, las Casas Consistoriales Altas, antigua casa de los Cabrera con bellos ajimeces góticos y los escudos reales de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, y la sobria fachada del Seminario de San Felipe Neri, fundado en 1660, delimitan sus laterales. El contrapunto a tan solemne grandiosidad lo pone la fuente de Santa María, «graciosa y pequeñita, que parece la maqueta de un arco de triunfo», realizada en 1564 por el baezano Ginés Martínez de Aranda, maestro fontanero y cantero.

Palacio de Jabalquinto

Palacio de Jabalquinto.Mandado construir por Juan Alfonso de Benavides en el tránsito del siglo XV al XVI, esta mansión señorial ostenta una de las fachadas más hermosas del gótico flamígero, decorada con puntas de diamantes, baquetones y escudos, con ventanas geminadas bajo arcos conopiales, dos torretas adosadas y galería superior. Un armonioso patio renacentista con columnas de mármol organiza su interior.

 

Iglesia de Santa Cruz

Iglesia románica de Santa Cruz.Enfrente del palacio de Jabalquinto se sitúa este pequeño templo del primer tercio del siglo XIII, testimonio de las primeras parroquias de Baeza fundadas tras la conquista y una de las muestras más antiguas del arte cristiano de Andalucía. Presenta dos portadas, una procedente de la arruinada iglesia de San Juan, ambas de trazas románicas, abocinadas con arcos de medio punto.

 

Antigua Universidad

Fachada antigua universidad.Noble edificio renacentista, terminado en 1593, con patio porticado y espaciosa capilla que fue sede de la Universidad. Promovida por el doctor Rodrigo López, se mantuvo en activo desde la promulgación de su bula fundacional en 1538 hasta 1824. El inmueble se dedicó luego a instituto de enseñanza, donde impartió clases el poeta Antonio Machado.

 

Plaza del Pópulo

Situada en un extremo de la plaza porticada del Mercado Viejo, actual Paseo de la Constitución, configura uno de los ámbitos más sensibles de la ciudad por la calidad de las piezas que reúne: a un lado, la puerta de Jaén y el arco de Villalar; en el costado sur, el refinado edificio renacentista de la Casa del Pópulo, que fuera sede de la Audiencia Civil, con un armonioso frente a base de portadas, ventanales y medallones escultóricos; el austero edificio clasicista de las antiguas Carnicerías, del siglo XVI, con un gran escudo de Carlos V, cierra el otro flanco. En el centro de la plaza queda la Fuente de los Leones, uno de los símbolos más populares de Baeza, compuesta con elementos procedentes de las ruinas de Cástulo, con una figura sobre pedestal que, según se dice, representa a la mítica Himilce, la esposa ibera de Aníbal.

Ayuntamiento, antigua Cárcel

Alero de la antigua Casa de Cárcel y Justicia, actualmente es el Ayuntamiento de Baeza.La plaza del Cardenal Benavides se adorna con la fastuosa fachada plateresca de la antigua Casa de Cárcel y Justicia, que sirve de Ayuntamiento desde 1867. Atribuida por algunos a Vandelvira y con la fecha de 1559 grabada en una portada, consta de dos pisos con los vanos enmarcados por un exuberante despliegue de grutescos y figuras talladas en la piedra.

 

 

 

Paseos y alrededores

Calle trasera de la Catedral.La densidad artística y monumental de Baeza es tal que aquí todos los itinerarios que puedan seguirse resultan plenamente satisfactorios. Ya decía el premio Nobel C. J. Cela que «a Baeza, como a Úbeda, lo más inteligente sería declararlas monumento nacional enteras y verdaderas y tal como están». Tome, pues, el paseante el rumbo que quiera, que no le faltan garantías. Cabe sugerir, no obstante, un recorrido básico.

La plaza del Pópulo es un excelente pórtico para introducirse en Baeza. La fuente de los Leones, la casa del Pópulo, las Carnicerías, la puerta de Jaén y el arco de Villalar dan una idea cabal del portentoso empaque de la ciudad. Desde aquí, la cuesta de San Gil penetra en los barrios de la vieja urbe amurallada y se acerca hasta la plaza de Santa María, a la sombra de la Catedral.

A un paso se encuentran rincones como la plaza del Arcediano y callejas en quiebro tachonadas de palacios y casas solariegas. La perspectiva se abre en el Paseo de las Murallas: en lontananza se divisa el valle del Guadalquivir, perfilado por las sierras de Cazorla y Mágina.

Ruinas de la Iglesia de San Francisco.De vuelta a las sinuosas vías empedradas, es forzoso dirigirse a la encrucijada donde se enfrentan el palacio de Jabalquinto, la iglesia de Santa Cruz y la antigua Universidad. Descendiendo por la Puerta del Barbudo se accede a la amplitud de la plaza del Mercado Viejo o de la Constitución con la grácil pieza renacentista de la Alhóndiga donde se comerciaba el grano y las antiguas Casas Consistoriales bajas. A su espalda, la fachada del Ayuntamiento señorea la plaza del Cardenal Benavides, área ya extramuros desde donde se alcanzan otros edificios notables: la iglesia del Salvador y varios conventos, al norte, los majestuosos restos de la iglesia de San Francisco, obra maestra de Vandelvira restaurada como auditorio, la iglesia de San Andrés, con la rica colección de tablas que guarda su sacristía, y, más al este, San Pablo y un sinfín de conventos y palacios. Los alrededores de Baeza tampoco son parcos en lugares de interés.

De ningún modo ha de pasarse por alto el Museo del Aceite instalado en la Hacienda de La Laguna, al lado de la Laguna Grande, en un desvío de la carretera que lleva a Jaén tras pasar el magnífico Puente del Obispo. En sus dependencias se detallan y reconstruyen los sistemas de la elaboración del aceite, según los métodos tradicionales o más modernos, al tiempo que se exhiben todo tipo de piezas y explicaciones sobre la relación entre el olivar y preciado líquido de sus frutos. 

 

La Laguna Grande

Unos kilómetros al oeste de Baeza, a un lado de la carretera A-316 se encuentra el humedal más extenso de la provincia, formado por una laguna mayor y otras menores alimentadas por las lluvias y aguas subterráneas. Situadas entre olivares, comprenden un paraje natural de 206 has. En sus orillas crecen carrizos, juncos, zarzas, álamos y fresnos, sirviendo de refugio a numerosas aves como el ánade real, el porrón o la cerceta común, que transitan entre sus aguas y las del cercano paraje del Alto Guadalquivir. Como peculiaridad faunística, ofrece la presencia del pájaro moscón, de distribución muy restringida en Andalucía, inconfundible por su antifaz negro y por los nidos que trenza con hilos de esparto.

 

Distancias: 48 km a Jaén, 138 a Granada
Provincia: Jaén
Altitud: 769 metros
Población: 16.056 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina de Turismo de la Junta de Andalucía : Plaza del Pópulo, s/n, Tel.: 953 779 982

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