Jaén

Una vez inspeccionadas las sugerentes interioridades de la provincia, el camino se remansa en Jaén, pues no en vano se dice que su nombre de raíz árabe, Geen o Yayyan, significa «estación de caravanas». Histórica y moderna, son sus dos caras; monumental, acogedor y popular, su carácter.

Vista parcial de la ciudad de Jaén con la catedral.Puesta en lugar tan escogido, surtida de caudalosos manantiales en las faldas del cerro de Santa Catalina, fue colonizada por íberos y romanos. Antes de nuestra era fraguó ya el poblado de Aurgi, que en el siglo I accedió a la categoría de municipio de derecho latino –Municipium Aurgitanus– dotado de un amplio recinto urbano. Su ascensión, con todo, se produjo más tarde. A mediados del siglo IX, Abd al-Rahman II traslada la capitalidad de la provincia del Alto Guadalquivir desde la antigua Mentesa, La Guardia, a la ciudad conocida ahora con el título de Yayyan, traslado que se acompaña de un considerable programa de construcciones oficiales, entre las que destacan la mezquita aljama y la alcazaba.

En el siglo XI, Jaén entra en la órbita del reino de los ziríes de Granada, para erigirse en breve principado autónomo y caer luego en manos del rey de Sevilla antes de su ocupación por los almorávides. Impulsan éstos la gran expansión de la ciudad, mediante la reconstrucción y ampliación de sus murallas y castillos. Tras el convulso hiato que precede a la llegada de los almohades, retoma su posición de relieve. La dinastía marroquí acrecienta sus baluartes y edifica a finales del siglo XII una nueva mezquita mayor, gobernándose con príncipes de la familia califal almohade, como al-Bayyasi, que emprende desde Jaén su aventura como emir independiente al desmoronarse el imperio norteafricano. Tras la proclamación del nazarí al-Ahmar en Arjona, éste recibe su espaldarazo político al recibir la sumisión de Jaén.

Imagen de Fernando III.A la postre, sin embargo, la perdería, a trueque de garantizar su supervivencia en Granada: en 1246 al-Ahmar pacta la entrega de Jaén con Fernando III a cambio de reconocer el estado nazarí y fijar una frontera que habría de mantenerse durante dos siglos y medio. Desde ese momento, Jaén asume el papel de ciudad-base fronteriza. Desde ella se lanzan expediciones, y recibe continuos ataques de los granadinos, como el de 1368, que devastó la población. En el siglo XV sirve de bastión del condestable Lucas de Iranzo, caudillo del partido del rey en las contiendas civiles. En el XVI, con la paz, conoce su máximo esplendor.

Visitas

Castillo de Santa Catalina

Torre sur desde el interior del Castillo.Con este nombre se conoce el conjunto de edificaciones que domina la población desde la cumbre del cerro de Santa Catalina, casi trescientos metros por encima de la cota del casco urbano. En principio se distinguían tres fortificaciones diferenciadas: el Castillo Viejo, Abrehuy y el Castillo Nuevo. El Castillo Viejo configuraba una fortaleza de muros con torres cuadradas de tapial, labrada por los almorávides en el siglo XII y robustecida por los almohades. Se asentaba sobre construcciones de la época del emirato –siglo IX– plantadas probablemente sobre fortificaciones romanas e íberas. Poco ha quedado del Castillo Viejo al instalarse en su solar el Parador de Turismo. Del contiguo reducto de Abrehuy sólo han sobrevivido escasos vestigios en las últimas peñas del cerro. Sí subsiste el soberbio Castillo Nuevo, alzado en el siglo XIII –posiblemente durante el reinado de Alfonso X– reaprovechando defensas musulmanas. Hecho de mampostería y sillarejo, el castillo cristiano delimita un recinto trapezoidal adaptado a los cortados del terreno. En el flanco occidental sobresale la torre del homenaje, de casi 40 m. de altura y con tres estancias en su interior, y en el ángulo inmediato, la torre de las Damas, que protegía la entrada principal. Al hilo de las murallas avanza luego la torre albarrana de la Capilla de Santa Catalina, por ser la que alberga un oratorio dedicado a la santa patrona de Jaén. A continuación se eleva otra torre albarrana y en el vértice del conjunto, la torre de la Vela o la Guardia, la Atalaya, un potente bastión de planta pentagonal. Unas decenas de metros por delante destaca la Cruz del Castillo, símbolo de la victoria de Fernando III, desde donde se abarca una espectacular panorámica.

Recinto amurallado

Recinto amurallado.Una línea de murallas defendía la ciudad histórica, enlazando con los castillos del cerro. El perímetro seguiría durante mucho tiempo el trazado de época romana, siendo reparado de modo sustancial por los musulmanes, sobre todo por los almorávides y almohades en el siglo XII. Todavía se observan tramos de muralla con torres de la cerca que baja hasta el barrio de la Magdalena, por encima del cual se localizaba un recinto fortificado o alcazaba, a media ladera junto al portón de la Llana. El circuito proseguía a lo largo de las calles Millán de Priego, Doctor Eduardo Arroyo y Álamos hasta la Catedral, donde giraba hasta la antigua puerta de Granada, para ascender de nuevo hacia el castillo de Santa Catalina. En época cristiana el trazado se prolongó para defender el arrabal de San Ildefonso, donde aún se mantiene la puerta del Ángel, de ornato barroco, junto al monasterio de las Bernardas.

Iglesia de la Magdalena

Iglesia de la Magdalena.Frontera al raudal o fuente de la Magdalena, marca el solar más antiguo de la ciudad, donde residía el epicentro del municipio romano de Aurgi y de la ciudad musulmana. El templo hereda la ubicación y el esquema de la primitiva mezquita aljama de Jaén, el edificio de cinco naves levantado a mediados del siglo IX bajo el emirato de Abd al-Rahman II. De la obra musulmana aún se reconocen la base del gran alminar, convertido en campanario y el patio, antiguo sahn o patio de abluciones. La planta irregular del oratorio, tendente al cuadrado, evoca las proporciones de la mezquita. Con testero plano, el espacio interior se divide en cuatro naves con tramos cubiertos por bóvedas de crucería simples, de terceletes y estrelladas, apeando sobre pilares cuadrados y cruciformes. La portada principal, gótico flamígera, se presenta enmarcada por agujas con pináculos y crestería. La fisonomía del templo, de líneas góticas, data de finales del siglo XV y principios del XVI.

Baños andalusíes, palacio de Villardompardo

Patio porticado del Palacio de Villadonpardo.Muy cerca de la Magdalena aparece el palacio del conde de Villardompardo, mandado edificar en 1592 por don Fernando de Torres y Portugal, que fue virrey del Perú. La casa se distribuye alrededor de un patio porticado con arcos de medio punto sobre columnas. Sus salas acogen los fondos del Museo de Artes y Costumbres Populares y del Museo Internacional de Arte Naïf. En los sótanos del palacio se encuentra un monumento excepcional: uno de los baños mayores, con una superficie de más de 400 m2, y mejor conservados de España. La leyenda les da el nombre de «baños de Alí», por el nombre de su constructor, reyezuelo de Jaén del siglo XI. Descubiertos en 1913, su construcción data de los siglos XI o XII, relacionándose su presencia con la mezquita mayor y los palacios musulmanes de las inmediaciones. Se accede primero al vestíbulo –al-bayt al-maslaj–, y a continuación a la sala fría –al-bayt al-marid–, iluminada por lucernarios cenitales. Siguen las salas templada y caliente –al-bayt al-sajun–, bajo bóveda semiesférica de ladrillo sobre pechinas y arcos de herradura apoyados en columnas. A sus lados se abren alcobas, sumidas en la tenue luz que irradian las lucernas estrelladas.

Iglesia de San Juan y baño del Naranjo

Detalle de la iglesia de San Juan y baño del Naranjo.San Juan fue una de las primeras parroquias construida en los siglos XIII al XV sobre parte de un conjunto de edificios musulmanes que comprendían una casa, una mezquita y unos baños. La iglesia, muy desfigurada por las reformas, constaba de tres naves con un torreón, llamado torre del Concejo, lugar de reunión del cabildo municipal en el siglo XV. El antiguo alminar quedó separado del templo al abrirse nuevas vías, situándose en la esquina de la calle Martínez Molina con la de los Caños. En la misma manzana, bajo el edificio de las antiguas Carnicerías, se alojan restos de salas de los baños árabes del Naranjo.

Capilla de San Andrés

Capilla de San Andrés.Antigua parroquia, próxima a la de San Juan, alberga la Santa Capilla y Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, fundada en 1515. En un lateral del templo se abre la «santa capilla», un espacio cuadrado con bóveda de estrella y tambor octogonal sobre trompas minuciosamente decorado. Jalona su entrada una magnífica reja plateresca de Bartolomé de Jaén, de hacia 1520. Destaca también una puerta de dos hojas gótico-mudéjares labradas con lacería.

Real Monasterio de Santa Clara

Es la más antigua fundación conventual de Jaén, del siglo XIII. Destruido en el ataque nazarí de 1368, las construcciones que hoy se contemplan se edificaron a partir del siglo XV. El portón da paso al compás que comunica con la iglesia, de una nave con armadura mudéjar, en la que se venera el Cristo del Bambú, imagen del XVI de ascendencia americana. Notable resulta también el claustro de estilo renacentista.

Iglesia de San Bartolomé

Iglesia de San Bartolomé.Tras una fachada barroca del siglo XVII, este templo de modestas proporciones preserva su estructura gótico-mudéjar de tres naves separadas por pilares cilíndricos y armadura de par y nudillo pintada. Posee una pila bautismal de cerámica vidriada verde gótico-mudéjar de fines del XV.

Arco de San Lorenzo

En la confluencia de las calles Almendros Aguilar y Madre de Dios se halla esta construcción, a modo de torreón con un pasadizo de arco apuntado sobre el que apoya la cabecera de la desaparecida iglesia de San Lorenzo. En la parte inferior se ubica la capilla de Jesús, un ámbito semicircular del XV cerrado por media naranja de ladrillo, con exquisitos alicatados geométricos de tradición nazarí y paramentos con yeserías mudéjares, ornamentación que se repite en la planta superior.

Catedral

Cúpula de la Catedral.El majestuoso volumen de la Iglesia Mayor señala el principal hito monumental de Jaén. Tras la conquista se consagró de inmediato la mezquita mayor levantada por los almohades. Hasta mediados del XIV no se acometieron las obras de un nuevo templo, que hubo de edificarse a partir de fines del XV, comenzando un largo proceso constructivo hasta el siglo XVIII. La obra gótica inicial afectó a la cabecera, replanteándose en 1553 el conjunto bajo la dirección de Andrés de Vandelvira, quien concibió una de las piezas más señeras del Renacimiento español. Prosiguieron su labor Alonso Barba y Juan de Aranda, responsables del crucero y la cabecera, rematando el diseño de la imponente fachada Eufrasio López de Rojas en 1668. En el siglo XVIII José Gallego completaba las bóvedas y el coro. La fachada, flanqueada por torres, compone un retablo en piedra con columnas de orden gigante, balaustrada y un brillante despliegue escultórico centrado por la efigie de Fernando III. El cuerpo del edificio articula un rectángulo con cabecera rectilínea, tres naves de amplias luces con bóvedas vaídas, capillas hornacinas y crucero bajo una fastuosa cúpula. A un costado se disponen la Sala Capitular y la Sacristía, los ejemplos más depurados del clasicismo de Vandelvira. A finales del XVIII se yuxtapuso a la cabecera la iglesia del Sagrario, debida a Ventura Rodríguez. Del patrimonio artístico catedralicio ha de reseñarse el Santo Rostro que preside la capilla mayor, reliquia del lienzo con el que Verónica enjugó la faz de Cristo. Son dignos de mención los sitiales del coro, tallas renacentistas en madera de nogal, la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la popular pintura de la Virgen de las Tijeras, y el tenebrario forjado por Bartolomé de Jaén.

Iglesia de San Ildefonso

Portada de la iglesia de San Ildefonso.Santuario de la patrona, la Virgen de la Capilla, manifiesta una síntesis de estilos que van del gótico y el manierismo al neoclásico. Su origen se remonta al milagroso «descenso de la Virgen» que ahuyentó una expedición nazarí en 1430. La estructura del templo responde a su inicial obra gótica, con planta rectangular de tres naves y bóvedas de crucería. En el interior se admiran retablos barrocos, como el de la Virgen de la Capilla, de Andrés Bautista Carrillo, y los diseñados en 1754 por Pedro Duque Cornejo, autor también del tabernáculo. Al exterior se muestran tres portadas de diversa inspiración: una gótico isabelina, de inicios del XVI, otra renacentista ejecutada en 1556 por Francisco del Castillo «el Mozo», y la neoclásica proyectada por Ventura Rodríguez en el XVIII. Adyacente a la iglesia está la Casa de la Virgen.

Museo de Jaén

Guerrero de Porcuna en el museo de Jaén.En pleno ensanche moderno, se aloja en un edificio de los años 20 cuya fachada ostenta la portada del antiguo pósito, labrada en 1548 por Francisco del Castillo «el Viejo», a la que sigue, en el patio, otra portada renacentista del XVI, de la extinta iglesia de San Miguel. La planta baja se dedica a las colecciones de arqueología, plato fuerte del Museo. El recorrido lleva de los hallazgos prehistóricos a los impresionantes testimonios del I milenio a. C.: aquí se exhibe la mejor colección de escultura ibérica que pueda contemplarse, con el sobresaliente conjunto del Cerrillo Blanco de Porcuna –guerreros, sacerdotes, toros y animales fantásticos– realizado hacia los siglos VI-V a. C. Notables son asimismo los fondos de época romana, con mosaicos y el magnífico sarcófago paileocristiano descubierto en Martos. El período visigodo está representado por elementos arquitectónicos y ajuares funerarios, y el andalusí por cerámica, una espléndida serie de candiles, varios de bronce, y el tesoro de la Charilla. La planta alta alberga la sección de Bellas Artes, con obras de Berruguete, Alonso Cano, Madrazo y pintores contemporáneos como Manuel Ángeles Ortiz.

 

Paseos y alrededores

Convento de Santa Úrsula.Desde el castillo de Santa Catalina, Jaén se tiende a los pies del visitante, dando una idea de su fisonomía.
El casco apretado de la ciudad medieval se entreteje formando un dédalo de calles sinuosas por el barrio de la Magdalena, con su fuente del Raudal y el legendario lagarto esculpido en el campillo ante la iglesia, rodeada por los callejones de la judería y a un paso del convento de Santa Úrsula y del hospital de San Juan de Dios.


Palacio de Villadonpardo. Desde la Magdalena se cruza ante el monasterio de Santo Domingo, hoy Archivo Histórico, establecido sobre los vestigios de los palacios de los gobernantes musulmanes, con un claustro del siglo XVII, para alcanzar los Baños Árabes y San Juan, al lado de rincones como la placeta con la fuente de los Caños de San Pedro y el convento de Santa Clara. Las iglesias, capillas y calles con solera se desgranan hasta el eje de la calle Maestra, para desembocar en la plaza de Santa María. Arriba trepa el barrio de la Merced, y abajo descienden las cuestas, entre palacios, hacia San Ildefonso y la puerta del Ángel. Al otro lado se sitúa el centro capitalino y la ciudad moderna.

La periferia de la capital comprende parajes de gran atractivo. El enclave del antiguo balneario de Jabalcuz, por la carretera C-3221 hacia los Villares, preserva su atmósfera tranquila y añeja a la vista de un dilatado paisaje. Más aventurada es la excursión al castillo roquero de Otíñar, un nido de águilas con un fuerte castillo del XIV que rememora los más agitados tiempos de la frontera con los nazaríes. Se eleva en una peña que vigilaba uno de los caminos de Granada, a 13 km. de Jaén por la JV-2222 en dirección al pantano de Quiebrajano.

Distancias: 90 km a Granada
Altitud:
573 metros
Población:
116.769 habitantes

Puntos de Información:

  • Oficina de Turismo de la Junta de Andalucía: Maestra, 13. Bajo, Tel. 953 313 281

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