La Carolina

La Ruta cruza en sus inicios el umbral de Andalucía, un hito de recuerdo imborrable para los viajeros deseosos de llegar. Así evoca T. Gautier su paso por Despeñaperros: «No cabría imaginar nada más pintoresco ni más grandioso que esta puerta de Andalucía… Delante de nosotros se desplegaba como un inmenso panorama el reino de Andalucía. Esta vista tiene la grandeza y el aspecto del mar. Unas cordilleras sobre las que la lejanía pasaba su nivel se desarrollaban con ondulaciones de una suavidad infinita, como si fueran largas olas azuladas… Todo estaba inundado por un día resplandeciente y espléndido, como debía ser el que iluminaba el paraíso terrenal…».

Después de la travesía de Despeñaperros y el preludio de las Navas, el viaje recala en la primera gran población de la Ruta, La Carolina. Descrita por el mismo Gautier como «especie de villa modelo, de falansterio agrícola… pueblo construido de una vez, al soplo de una voluntad…», fue establecida en 1767 como capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena fundadas por Carlos III. Para paliar la desolación de vastas extensiones a lo largo del Camino Real de Andalucía, se planeó un ambicioso programa de colonización, realizado bajo la celosa batuta del intendente Pablo de Olavide.

Iglesia de la Inmaculada y Palacio de Olavide.La Carolina, donde Olavide fijó su residencia, se trazó en el sitio de la Peñuela, antiguo convento de carmelitas fundado por San Juan de la Cruz en 1573. En tres años se completaba la construcción de la ciudad. Con su trama regular, modélica del urbanismo ilustrado, edificios públicos, fábricas y manufacturas, se convirtió en el arquetipo constructivo y económico de las Nuevas Poblaciones. Quedaba a la cabeza del principal grupo de colonias andaluzas, distribuidas por La comarca septentrional de Jaén: Santa Elena, Navas de Tolosa, Carboneros, Guarromán y un reguero de aldeas donde se instalaron colonos venidos de media Europa, por lo que no es extraño toparse por aquí con rasgos y fisonomías de aire más bien norteño. El auge de la minería y la metalurgia durante el siglo XIX inyectó nuevo vigor a la capital serrana, que quintuplicó su población, hasta su declive a mediados del XX. En la actualidad, favorecida por su renta de situación y la iniciativa de sus habitantes, La Carolina se ha renovado como uno de los focos industriales más activos de la provincia.

 

Visitas

Palacio del Intendente

Escudo de la Corona, Palacio del Intendente.El edificio levantado para sede del poder civil, donde viviera Olavide, protagoniza la arquitectura de La Carolina. Su fachada de piedra rojiza con colosales columnas dóricas presidida por un gran escudo de la Corona culmina la principal perspectiva urbana, que fuga de la Plaza Mayor hacia la plaza, más elevada, ante el Palacio. Su arrogante monumentalidad, propia del clasicismo barroco de inspiración italiana, contrasta con la austeridad conventual de la iglesia que se yergue a su lado, inequívoco síntoma de la jerarquía imperante en el nuevo orden de las colonias. 

Iglesia de la Inmaculada Concepción

Detalle de la puerta de la Iglesia de la Inmaculada Concepción.Es, en realidad, resultado de la reforma y ampliación del templo del monasterio carmelita de la Peñuela, en el que estuvo San Juan de la Cruz antes de ir a morir en Úbeda. La fachada es alta y estrecha, con sencilla portada, hornacina con relieve de la Purísima, frontón recto y una torre campanario de cuatro cuerpos al lado. El interior, que respira un ambiente entre barroco y neoclásico, revela la complejidad de la superposición de obras del XVI, XVII y XVIII, con una primera nave de cañón, un espacio poligonal abovedado y varias capillas laterales.

La Cárcel

Edificio de la Antigua Cárcel.En esquina con la Plaza Mayor, forma un compacto edificio neoclásico de sillares, almohadillados en la portada, ventanas y esquinas. La entrada se abre bajoun gran arco abocinado, con una lápida que recoge la fecha de su fundación, en 1779.

 

Paseos y alrededores

Torres dela Aduana.La Carolina es el modelo más representativo del urbanismo ilustrado de las Nuevas Poblaciones, cuyo diseño se atribuye a ingenieros y arquitectos como Camilo Iraba, Simon Desnan o Juan Bautista Nebroni. El núcleo de origen compone una trama regular, de calles tiradas a cordel delimitando perspectivas y ejes en los que se abren plazas. El eje mayor se abre en las Torres de la Aduana, dos torrecillas de piedra con chapitel puntiagudo que señalaban la entrada de la ciudad. Dan paso a una plaza elíptica, evocadora del barroco francés, para continuar en calles rectilíneas y plazas que realzan la presencia del Ayuntamiento, de corte ecléctico decimonónico, el Palacio, la iglesia, la Cárcel,  entre manzanas de antiguas viviendas de colonos y restos de instalaciones industriales, como la geométrica torre de la Fundición.

Paseo del Molino del Viento.Abajo crece la arboleda del Paseo del  Molino de Viento, con la cabecera adornada por dos monolitos de finales del siglo XVIII con relieves de retratos reales y escenas de la vida diaria de los colonos. Han de mencionarse asimismo las casas de nota modernista y regionalista surgidas con la prosperidad de las minas, y el monumento escultórico dedicado a la batalla de las Navas de Tolosa. Además de las Navas, los castillos cercanos y, por supuesto, el parque natural de Despeñaperros, La Carolina ofrece el aliciente de las aldeas de la Isabela y la Fernandina, situadas al sureste del término, que siguen la ordenada disposición habitual en estas colonias. Junto a la Fernandina, el embalse de este nombre forma un atractivo enclave paisajístico entre dehesas y manchas de monte mediterráneo.

 

Parque Natural de Despeñaperros

Las más de 6.000 ha. de este parque protegen el abrupto territorio que jalona el paso de la Mancha a la provincia de Jaén, al norte de La Carolina y Santa Elena. Toma su nombre del espectacular desfiladero que perfora los montes de más de 1.000 m. de altitud que Sierra Morena interpone entre la meseta castellana y el valle del Guadalquivir.

Sorprendentes resultan las formaciones geológicas de pizarras, con roquedales cortados a pico y peñones de modelado fantástico que surgen entre laderas tapizadas de bosque mediterráneo. Encinas, coscojas y alcornoques, quejigos y robles melojos en las umbrías, un tupido matorral de madroños, mirtos, brezos y jaras componen su vegetación, donde todavía se refugian el lobo y el lince ibérico, el zorro, el meloncillo y el gato montés, mientras la abundante presencia de ciervos y jabalíes dota a lazona de particular riqueza cinegética. Entre las numerosas aves que se dejan ver, se distinguen rapaces como el buitre leonado y varias especies de águila, desde la culebrera o la calzada a la real e imperial, así como perdices y aves pequeñas. El Salto del Fraile, con su vertiginoso precipicio, las Correderas o los Órganos, así llamados por las rocas cilíndricas que parecen gigantescos tubos, y el Collado de los Jardines, que fue un importante santuario ibérico, son algunos de los parajes más atractivos del Parque Natural de Despeñaperros.

Distancias: 62 km a Jaén, 152 a Granada
Povincia:
Jaén
Altitud:
606 metros
Población:
15.576 habitantes

Puntos de Información:

  • Ayuntamiento: Plaza del Ayuntamiento, 1, Tel. 953 660 034


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