Torredelcampo

Cerro Miguelico.Este nuevo destino a las puertas de Jaén apenas dista unos kilómetros de su vecina Torredonjimeno por la autovía A-316. Torredelcampo ocupa un escogido emplazamiento en mitad de ladera, con las sierras de la Grana y Jabalcuz a la espalda y la campiña a sus pies. Al igual que los términos colindantes, el de esta villa se pobló tempranamente con una multitud de recintos fortificados de la cultura ibérica, como los de Cerro Miguelico o las Atalayuelas, esquema de poblamiento que se perpetuaría en las aldeas y villas romanas cuyos restos afloran por doquier. El núcleo urbano actual, por su parte, se relaciona con el vecino Cerro Miguelico. Al despoblarse éste a partir de los siglos I y II, la población se dispersó por las huertas al hilo de los arroyos, más abajo.

 

Vista general de Torredelcampo.En época andalusí, varios caseríos se aglutinarían a la vera del camino de Jaén a Córdoba en la qaria o alquería de Mary Turrus, adscrita a Jaén o Martos. El enclave, como muchos otros de la comarca, se fortifica en los siglos XII y XIII. Cuando Torredelcampo y los castillos aledaños pasan al bando nazarí, se ven en pleno campo de batalla. Con Martos en poder de la orden de Calatrava, la conquista no se hizo esperar, siendo ganada por Fernando III en los prolegómenos de la rendición de Jaén. Desde este momento, la incipiente villa participa de los convulsos tiempos que van hasta el fin de la Edad Media. Se menciona su nombre en 1275, cuando un ejército nazarí que asolaba la campiña es derrotado en sus cercanías. En 1457, Enrique IV concentra en Torredelcampo la logística de una expedición contra Granada. Por su fortaleza, identificada por la tradición con el desaparecido castillo de la Floresta, pasan el condestable don Miguel Lucas de Iranzo y el maestre de Calatrava, caudillos de las facciones enfrentadas de partidarios y enemigos del rey en la guerra civil de mediados del XV. El ambiente bélico y la señorialización del campo fomentó el  encastillamiento de poblados y cortijos en esos años. Entonces se afianzó el rosario de torres, casas fuertes y castillos que motean sus términos, configurando un conjunto de fortificaciones medievales del mayor interés.

Desde su atalaya la vista se pasea por los pacíficos olivares que han sustentado el crecimiento del municipio hasta el presente. Como villa caminera, Torredelcampo aceleró su desarrollo al terminar la conquista, beneficiada por la paz subsiguiente. Hoy, las actividades que determina su proximidad a la capital rivalizan con la agricultura como factor básico de su expansión.

 

Visitas

Iglesia de San Bartolomé

Iglesia de San Bartolomé.La construcción del monumento más señero de Torredelcampo comenzó a fines de la Edad Media en un solar adyacente al castillo. Se labró primero un templo de trazas góticas que en la segunda mitad del siglo XVI fue suplantado casi en su totalidad por el admirable edificio manierista que hoy prevalece. En su obra se dieron la mano dos prolíficos arquitectos del clasicismo en el reino de Jaén, Francisco del Castillo «el Viejo» y su hijo homónimo, apodado «el Mozo», aunque más bien fuera éste, con sus gustos italianizantes, quien dejara en San Bartolomé una impronta más profunda. El cuerpo de la iglesia se distribuye en tres naves de ancho desigual en planta de salón, la central con bóvedas esféricas decoradas con motivos geométricos que apean sobre grandes pilares cruciformes de orden toscano. La capilla mayor, saliente en la cabecera, corresponde a la primitiva fábrica gótica, con planta poligonal y bóvedas de crucería.

 

Paseos y alrededores

Ermita de Santa Ana.El edificio del Ayuntamiento y la iglesia de San Bartolomé señalizan el germen urbano de Torredelcampo, apoyado en el antiguo camino de Jaén. No hay que alejarse mucho para disfrutar los atractivos de su entorno. En el piedemonte de la sierra, al principio, se encuentra la ermita de Santa Ana, el santuario de la patrona, con sus dependencias encaladas alrededor de un patio abierto al paisaje.
El Llano de Santa Ana, un lugar de esparcimiento con fantásticas panorámicas de la campiña, completa este paraje. Sendero arriba se suceden los enclaves donde se impone la naturaleza. Primero, el bosque de la Bañizuela, una mancha de monte mediterráneo con quejigos, encinas, acebuches y diversos arbustos. Desde las Torrecillas se accede a los pliegues de la falda de la sierra, con hermosos lugares como la Cascada, un salto de agua con bosque de galería, o el puerto del Aire,que conduce a las cimas.

Torre de Muña.En el promontorio aparece también la impresionante muralla ciclópea del yacimiento de Cerro Miguelico, vestigio de un oppidum ibérico, un asentamiento fortificado establecido en el siglo VI a. C. y luego poblado por romanos, visigodos y musulmanes hasta, al menos, el siglo X, cuando servía de refugio a campesinos y representantes del estado.

 

 

 

Torres y castillos rurales

La campiña de Torredelcampo ofrece un excepcional circuito de fortines medievales, la mayoría con antecedentes ibéricos y romanos. Corresponden a los inseguros siglos del XIII al XV, cuando el poblamiento disperso toma por aquí la forma de torres y castillejos rurales.

Castillo del Berrueco.Según el experto J. Eslava «El castillo rural era, fundamentalmente, una unidad de explotación agrícola y ganadera de extensión suficiente para ser casi  autosuficiente»; la torre era «a la vez un símbolo y una defensa…». Muchos de estos sitios fuertes «vinieron a ser, andando el tiempo, simples caserías y cortijos» con restos de obras defensivas. Junto a la carretera A-316 en dirección a Jaén está la Aldehuela, con un cortijo adosado que muestra la continuidad de musulmanes a cristianos en los castillos rurales. Conserva una torre del siglo XIII acompañada por muros de tapial, una alberca y otros restos de cronología musulmana. El itinerario por la carretera JV-2033, que sale enfrente de Torredelcampo, y luego por las JA-2336, J-2334 y J-2333, traza un arco entre Villardompardo y Fuerte del Rey que toca sucesivamente el Castil, una cortijada con fragmentos de murallas, la Muña, un kilómetro al norte, cuyo nombre deriva del árabe almunia –casa de campo–, con una torre de sillarejo sobre un peñasco entre cortijos, y el castillo del Berrueco, el más prominente del término, plantado en la encrucijada de caminos entre Martos, Arjona y Jaén. Los hallazgos ibéricos, romanos y visigodos del inmediato cerro de San Antón demuestran la persistente ocupación del lugar. Al norte del Berrueco despunta la atalaya de las Torrecillas, y hacia el sur, el torreón cilíndrico de Torre Olvidada, último testigo de un castillo cristiano labrado a mediados del siglo XIII con grandes bloques de piedra.

Distancias: 14 km a Jaén, 104 a Granada
Provincia:
Jaén
Altitud:
686 metros
Población: 14.076 habitantes

Puntos de Información:

  • Centro Cultural de la Villa: Quinto Centenario, 6, Tel. 953 568 649

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